“Hay una lucha interna por invisibilizarnos”

Placeres

"Somos parte de una generación que ya empieza a estar deconstruida desde la cuna". La frase tiene sentido en la voz de Florencia Méndez, una platense de 22 años que acaba de editar, en coautoría con Bel Ridle, "Todos somos normales", el libro que pone el foco sobre uno de esos temas que forman parte del famoso "no sabe/ no contesta": la asexualidad. Convocadas por la editorial Planeta a partir de una entrada sobre la temática que Méndez realizó en Plausible, su blog personal. "Venimos con otro chip. Las libertades individuales son discusiones casi superadas. Entendemos que todo en lo que nos identificamos forma parte de una construcción social y que el proceso de romper con eso es una elección", completa.

La obra, perteneciente al mundo de la literatura infantil, cuenta la historia de una chica que descubre la etiqueta que define su sexualidad y cómo se va relacionando con su entorno. "Hay una creencia muy generalizada de que los asexuales no tienen excitación sexual, pero como todo en esta vida no es blanco o negro. Es un espectro gigante. Muy fluido, como la orientación sexual de cualquier persona. Todos podemos ubicarnos en una parte y luego en otra", dice la autora.

Periodista: ¿Por qué crees que no se conoce mucho sobre la asexualidad?

Florencia Méndez: Porque no se le da validez. Dentro de una parte del propio colectivo LGTB nos dicen que no formamos parte. Y que tus pares no te reconozcan, es jodido. Somos las que tenemos menos representación y hay una gran lucha interna por invisibilizarnos.

P.: ¿Qué significa este libro en ese marco?

F.M.: Es la posibilidad de alzar la voz. Es algo que tiene un peso muy importante para nosotras.

P.: ¿Qué comentarios recibieron de parte de integrantes del colectivo?

F.M.: Nos llegaron comentarios de gente que no sabía que existía esta etiqueta. Una chica, por ejemplo, nos dijo que no sabía cómo expresarse y que después de leer el libro sentía que había encontrado un lugar de pertenencia. Otros nos dijeron que no se animaban a decirlo, pero estaban problematizados con su orientación sexual.

P.: Está la tendencia de querer ubicarse siempre dentro de un marco.

F.M.: La sociedad se construye así. En muchos encuentros hablamos de lo que pasa con la mesa de libros LGTBT. Se ponen para que estén visibles, pero a la vez es autodiscriminarse. Hoy lo necesitamos, pero es horrible.

P.: En esa línea, este tipo de temáticas llegaron para ocupar un subgénero dentro de la literatura juvenil. ¿Cómo lo ves?

F.M.: La literatura juvenil en particular es un claro reflejo de las construcciones y deconstrucciones que se hacen en la sociedad. Lo tomamos como un subgénero desde la propia discriminación. Pero que nos hayan llamado de una editorial grande para pedirnos un libro de estas características, ya es mucho. Es una maravilla porque te da el espacio para hablar de cualquier cosa. La literatura juvenil es una etiqueta de marketing, pero es un libro leíble para cualquier edad. Que pueda haber espacios de este tipo cuando en otros géneros no lo hay porque no se permite, es toda una revelación.

P.: Hace horas se aprobó la despenalización del aborto en la Cámara de Diputados. ¿Qué reflexión te merece?

F.M.: Nos emociona mucho la media conquista de un derecho que nos hace más libres y nos deja decidir. Estamos completamente sensibles y movilizadas.

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