16 de agosto 2018 - 20:28

Mavrakis: "Leer mejor es leer con mayores demandas, no importa de qué autores se trate"

El escritor presenta su nuevo libro El sexo no es bueno, donde a través de la crítica literaria construye un mapa de la sensibilidad humana en el nuevo milenio.

Mavrakis: Leer mejor es leer con mayores demandas, no importa de qué autores se trate
Recientemente publicó un nuevo ensayo: El sexo no es bueno por Ediciones Paco (se consigue exclusivamente por Mercado Libre). Mavrakis se lanza a una crítica literaria de autores internacionales y locales entre los que se cuentan el británico Martin Amis, el francés Michel Houellebecq, el estadounidense Don DeLillo, el noruego Karl Knausgård y los argentinos Jorge Luis Borges y Jorge Asís.

Sin embargo, la crítica de aquellas obras es una excusa de El sexo no es bueno para analizar componentes de la actualidad. La masculinidad y el feminismo, cómo se escribe y cómo se lee y la corrección política son algunos de los temas sobre los que Mavrakis ahonda y genera nuevos interrogantes. Es, en muchos de los ensayos que componen el libro, una manera de discutir componentes de la realidad a través de novelas contemporáneas de ficción.

Si la vida en la Tierra desapareciera y una raza extraterrestre tuviera que realizar una reconstrucción histórica a través de su literatura, ¿cómo nos imaginarían en esta época de histeria, sensibilidad ampliada y sobreactuación? Aquí, en diálogo con Mavrakis, el escritor explica que algunas pistas:

Periodista: ¿Por qué escribir (o leer) un libro de crítica literaria?

Nicolás Mavrakis: Para discutir lo que se escribe y también lo que se lee. Y porque las relaciones humanas no tienen punto final, pero el "exquisito problema del arte" es el de crear un círculo dentro del cual parezca que sí. Por otro lado, la forma en que ese círculo hoy hace legibles las relaciones entre la ficción y la realidad también sirve para discutir el criterio de que "todos pueden escribir si quieren hacerlo". Y esa es una discusión que me interesa, en especial cuando el clima de crisis acrecienta la necesidad de alguna forma perspicaz de expresión. Si la crítica se contrapone al "Me gusta" automático y no se esconde en los registros esotéricos de la academia, la discusión puede valer la pena.

P.: ¿Cómo trata la literatura a la masculinidad en esta época de feminismo fervoroso?

N.M.: Si uno piensa en escritores extranjeros como Karl Ove Knausgård, Martin Amis y Han Kang, o en escritores argentinos como Santiago La Rosa y Pedro Mairal, el balance es que la cuestión masculina puede leerse esencialmente de dos maneras: una que intenta explicar su estado y otra que la evade. Es bastante obvio que los autores que la evaden son los que claman su propia autenticidad como conversos y hablan desde una especie de cambio auténtico, "el fetiche reaccionario por excelencia y el Santo Grial de la mala literatura", como dice Tom McCarthy. Ahí no hay nada más que oportunismo alrededor de la idea de que "el patriarcado se acabó", y en general uno puede esperar lo mismo que de esos abogados que se presentan diciendo que son honestos. Respecto al intento de explicar el estado de la masculinidad, en cambio, la cuestión es más realista e inquietante. Creo que Knausgård es el mejor ejemplo de lo que puede pasar cuando la igualdad y la justicia se imponen como los únicos parámetros para representar la relación entre los hombres y las mujeres. No solo desaparece el amor, sino que se neutraliza el sexo. Y por "sexo" uno puede pensar en la dimensión adulta de los deseos del cuerpo y en las contradicciones de la conciencia, pero también puede avanzar hacia la "solución final" que propone la ciencia. Leer las historias de Michel Houellebecq y Don DeLillo sobre el reemplazo de las camas por los laboratorios es instructivo, aunque ya se estén quedando atrás frente a casos reales y tan inmediatos como el de Marley y su bebé Mirko.

P.: En tu libro trazás una línea entre los escritores de escritores y los escritores de lectores, ¿al final cuáles perduran?

N.M.: Al final uno puede decir que van a perdurar solo los escritores buenos, y que ese es un juicio que determinan el tiempo, los lectores y algún canon. Pero, aun así, la fórmula del "escritor de escritores" suele aparecer como una especie de cinturón de castidad intelectual, una advertencia que se traduce en algo parecido a "cuidado: lo que estos libros dicen demanda un esfuerzo solo posible para los especialistas". Bueno, tratándose de un escritor como Don DeLillo, que llegó a percibir cuál era el destino terrible de las Torres Gemelas, o Jorge Luis Borges, que ya en su época se reía de las fraternidades literarias armadas para el intercambio de favores, discutir que existen los "escritores de escritores" puede servir para alejarse de la idea insustancial de un "genio adivino" y acercarse mejor a cómo se traducen el trabajo y la astucia en ciertas obras.



P.: Sos un gran lector de lo que sucede en las redes sociales, ¿hasta qué punto la corrección política influye en lo que decimos y lo que callamos en nuestras publicaciones? ¿Se exagera la indignación?

N.M.: Hace poco descubrí a Werner Herzog, que en una de sus entrevistas dice que "la evolución explosiva de los medios de comunicación" significa que "nos encaminamos hacia una era de soledad". La entrevista es del año 2002. Por mi lado, después de haberle dedicado algún trabajo al asunto, creo que Herzog tiene razón. Lo que hoy circula en las redes sociales son las versiones maximalistas de los solipsismos, los narcisismos y las ingenuidades de siempre, atravesadas por un nuevo mercado de las subjetividades que privilegia el cálculo permanente de oportunidades individualistas. Ya ni siquiera diría que hay alguna "corrección política" influyendo en lo que se dice. Más bien hay departamentos de marketing, a veces corporativos y a veces particulares, pero con una misma lógica: nada ni nadie debe obstaculizar el producto ni la marca, en especial porque uno mismo es el producto y es la marca. La indignación es uno de los síntomas que arrastra esa lógica, pero como explica Byung-Chul Han, también es el síntoma que mejor afianza el núcleo traumático que lo provoca. Por suerte queda WhatsApp, que es donde ahora circula el inconsciente silencioso y la libertad de expresión en internet.

P.: De la escena internacional y local, ¿qué autores contemporáneos creés que se deberían leer más de lo que hoy en día se leen?

N.M.: Creo que la pregunta por el volumen funciona si uno se enfoca en la calidad en lugar de la cantidad. Por leer más, digamos, yo entiendo leer mejor. Es una respuesta más aburrida que una lista de autores, ya sé, pero insisto rápido con esto: leer mejor es leer con mayores demandas, no importa de qué autores se trate, y sobre todo es leer lo que un escritor escribe, en especial cuando se multiplican los escritores que intentan concentrar la atención en lo que dicen y no en lo que hacen, como si la "clientela" fuera idiota. Por eso siempre es interesante que los que escriben reseñas negativas estén sospechados de odio, mientras que los que escriben reseñas positivas nunca estén sospechados de amor.

FICHA

Título: El sexo no es bueno
Autor: Nicolás Mavrakis
Género: Ensayo
Editorial: Ediciones Paco
Páginas: 110