La pelea por poner o vetar nombres en las listas de candidatos va a animar la relación Kirchner-Duhalde en el año y medio que resta hasta la elección legislativa. Las cabezas de lista son la obsesión de los partidos; Eduardo Duhalde contó en su momento con el nombre fetiche de Oscar Alende, que fue en dos elecciones el primer nombre en la lista de diputados nacionales, como antes lo había sido Italo Luder. Esa preferencia por la veteranía la quebró con el caso de su esposa Chiche González pero alienta para el año que viene las aspiraciones de Antonio Cafiero de permanecer en el Palacio del Congreso, aunque cambiando de cámara. Es imposible que todos los legisladores que terminan su mandato reelijan en la banca; todos, salvo excepción, dan pelea para lograrlo aunque la estadística les corra en contra. Pero hay otra lucha, quizás más encarnizada. Es la que librarán los legisladores -16 por el peronismo de ese distrito-que terminan su mandato y aspiran a renovarlo o, por lo menos, a retirarse con honores hacia otras canonjías o empleos. Veamos la situación de cada cual de una nómina en la que Duhalde tiene gente propia a la que querría defender para un nuevo mandato:
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