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17 de mayo 2006 - 00:00

350.000: el número oficial para el 25

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Kirchner le confió a Oscar Parrilli la que será, acaso, la operación más importante del año desde el punto de vista de su promoción política: es el responsable de que la concentración del 25 sea un éxito. Desde que recibió esa encomienda, Parrilli debe hacer coincidir conceptos con números. ¿Cuánto es «un éxito»? ¿Qué forma tiene?

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Estas dos preguntas mortifican a los funcionarios de Kirchner desde que se confirmó la realización del acto. El secretario general, encargado directo del problema, mantiene una reunión tras otra para organizar las movilizaciones de manifestantes y la estética que deben respetar. La libreta de Parrilli tiene reglas y números, como pudieron ver los sindicalistas que lo visitaron el lunes por la tarde, encabezados por Juan Manuel Palacios, el secretario general de UTA (colectiveros).

El neuquino demoró bastante el comienzo de la discusión. Hubo que llamarle la atención: «Che, Oscar, hace 20 minutos que nos estás hablando del golpe del '76 y todavía no empezamos a hablar de los colectivos que tenemos que mover» le hizo notar el propio Palacios. La observación dio lugar a la primera premisa del funcionario: «Bueno, colectivos no muchos. El Presidente no quiere que se diga que traemos a la gente a la fuerza o por plata. Digamos, que haya 500 micros está bien. Pero no más».

  • Interrogante

  • Los gremialistas, en general hombres de la segunda línea de las organizaciones allí presentes (son los que tienen contacto con «las bases» como para convocarlas), se miraron entre sí. Sólo uno de ellos, de los camioneros, preguntó: «Ah, ¿ustedes creen que habrá mucha gente que vendrá sola, sin que la traigan, un feriado...?». Parrilli titubeó: «Bueno... van a haber trenes y subtes gratis. La gente está muy entusiasmada y las encuestas dan fantástico».

    No se quisieron, tal vez por respeto a la casa, discutir esas hipótesis. Todos entraron enseguida en los detalles. Por ejemplo, no habrá consignas distintas de «Todos a la Plaza, habla Kirchner», para los más personalistas, o «Todos a la Plaza», a secas, para quienes esconden ínfulas de autonomía. En ningún caso, eso sí, habrá demasiada simbología peronista. Se quiere evitar que los piqueteros, que no necesariamente provienen del PJ, se irriten, creando algún problema. Para ordenar mejor el cotillón del llamado, Parrilli adelantó que hay cuatro modelos de carteles, según cuál sea el mensaje que cada organización se sienta más cómoda de emitir. Sobre todo para las «organizaciones sociales»: ellos reciben «el material» directamente del gobierno o, mejor dicho, por «Compromiso K», la agrupación que anima Carlos Zannini. No es el caso de los sindicatos, que deben hacer su propio aporte, pagando los colectivos o imprimiendo los afiches.

    El secretario general de la Presidencia no creyó del caso hablar de seguridad con sus contertulios. Separando a los grupos que podrían rivalizar, el orden estará asegurado, supuso. Así, los piqueteros ocuparán el ala norte de la Plaza, ingresando por la diagonal correspondiente, mientras los gremialistas entrarán por el otro extremo. «Nada de pancartas, a lo sumo algún 'fulano de tal, presente'. El Presidente quiere que sólo haya banderas argentinas», dijo Parrilli.

  • Recuento imaginario

    Una vez agotado el examen del formato del encuentro, el funcionario y los sindicalistas pasaron a hacer las cuentas de lo que se espera de cada organización de las que aporten gente al festejo. En la Secretaría General llevan un recuento imaginario muy minucioso, que fue expuesto ante los gremialistas. Se calcula, por ejemplo, que los piqueteros bonaerenses, en sus variantes «D'Elía» y «Pérsico» podrían aportar 50.000 personas: 30.000 el funcionario nacional y 20.000 el de la provincia. Por su parte, el pastor evangélico Aníbal Giménez ya anunció públicamente su compromiso para que 30.000 de sus numerosos fieles aplaudan a Kirchner en la plaza.

    Agotado este afluente, el de la mayor informalidad, Parrilli hace números referidos a las provincias.

    Supone que los gobernadores de provincias grandes, como Jorge Obeid (Santa Fe) o José Manuel de la Sota (Córdoba) aportarán 100 colectivos cada uno. En total, de los distritos del interior la Casa de Gobierno espera 50.000 personas. Es la mitad de lo que debe aportar Buenos Aires, provincia convertida desde todo punto de vista en la sede central del actual proyecto de poder. Los intendentes del conurbano, asociados a los que rodean a Felipe Solá en distritos del interior provincial, deberían aportar 100.000 manifestantes. «Es un número», se animó a decir un gremialista de UPCN.

    Dicen que Parrilli y Alberto Fernández le escucharon a Armando Cavalieri la promesa de llevar 30.000 empleados de comercio a la celebración del 25. Completa la contribución de ese sector Osvaldo Cornide, de CAME: 10.000 pequeños comerciantes irían también a apoyar al gobierno. Con el secretario general de la Presidencia se hicieron otras cuentas, más minuciosas: se llegó a la conclusión de que el sector de los «gordos» irá a la concentración con alrededor de 43.000 trabajadores.

    Bastante menos que la CGT oficialista de Hugo Moyano: prometen 67.000. Allí hay una contradicción limitante: si los colectiveros, los camioneros o los maquinistas de trenes y subtes terminan movilizando demasiados afiliados, conspirarán contra el mismo acto restándole medios de transporte.

  • Minuciosidad

    En la Casa Rosada quieren controlar con gran minuciosidad la contribución de cada grupo. Por eso el equipo de organización ha mandado a hacer un plano del área que debe quedar cubierta, con equivalencia de metros cuadrados con cantidad de gente prometida por cada grupo. «No queremos contar a las personas en los colectivos: ya sabemos el truco de pintar las siluetas en las ventanas, como en el tiro federal. Así uno termina pagando lo que no vino», confesó, con astuto pragmatismo, un colaborador de Aníbal Fernández. Sea para intimidar o por suponer su espíritu obsesivo, en la Casa Rosada dicen que el propio Kirchner sobrevolará la zona en helicóptero con ese plano en la mano para saber quiénes fueron los más esmerados. Después, una vez hecho el cálculo sobre el terreno, decidirá si habla desde el palco que estará instalado frente a la Rosada: a esa hora, las 4 de la tarde del 25, todo estará jugado para él.
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