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Julio De Vido
Entre enero y junio de este año Aerolíneas/Austral transportaron 2,5 millones de pasajeros, de los cuales 1,7 millón (o sea cerca de 70%) tomaron vuelos internos y el resto internacionales. Si se aplica esa proporción, Aerolíneas habría vendido cerca de medio millón de pasajes por adelantado, según las cifras aventuradas por Jaime y De Vido.
Esto no tendría antecedentes en la historia de la compañía, y sería además difícil de explicar (semejante masa de usuarios interesados en volar por Aerolíneas) en un momento en que estaba en juego la propia continuidad de la empresa, la posibilidad de su traspaso al Estado y se agudizaba su endémico incumplimiento de rutas y horarios.
Seguramente será una de las muchas cifras que deberán revisar los auditores designados por el Estado y por el Grupo Marsans; sin embargo, los españoles le habrían hecho saber al gobierno su profundo desagrado por el incumplimiento del acta-acuerdo en la que se establecía que no se hablaría de lo sucedido en el último lustro en la compañía. El acuerdo, desde ya, era conveniente para ambas partes: los españoles no iban a tener que explicar por qué permitieron que la empresa cayera en el profundo deterioro en que se encuentra, y el gobierno se salvaba de decir por qué no ejercieron el debido control sobre la empresa, tanto desde sus dos asientos en el directorio como desde los órganos que reglan la actividad aerocomercial.
Ese desagrado habría comenzado a dar frutos: luego de que el lunes se dijera desde el gobierno que Marsans había «vaciado» Aerolíneas Argentinas, el secretario de Transporte se limitó a declarar por radio que «la situación en Aerolíneas Argentinas es crítica» y a admitir que «no se puede empezar de cero», para descartar la posibilidad de una quiebra de la empresa. También sonó parecido a los anteriores voceros de la empresa, al pedir «la comprensión de los usuarios, porque dentro de la gravedad, la situación está un poco mejor».
Por ahora, y pese a las promesas de Julio Alak -designado gerente general el día de la reestatización y que dejó de atender los teléfonos- la flota de Aerolíneas y de Austral sigue en su gran mayoría sin volar.
La razón básica es la falta de repuestos, y la decisión política (adelantada ayer por este diario) de no hacer demasiadas inversiones en flota o partes hasta que los auditores terminen su tarea, o sea dentro de 60 días.
Sin embargo, desde el gobiernoy también desde otros sindicatos ya empiezan a escucharse voces que resposabilizan a los técnicos nucleados en APTA por los tiempos que insumen las reparaciones de las aeronaves.
Cabe recordar que su secretario general, el ex subsecretario de Transporte Aerocomercial Ricardo Cirielli, está enfrentado con el gobierno y fue el único gremialista de la actividad que no se unió a los festejos en la Casa Rosada -encabezados por la presidente Cristina de Kirchner- por la reestatización de Aerolíneas Argentinas. También acompañó a la distancia a Diego Serra (presidente de los pilotos de Austral) en plantear la necesidad de «reprivatizar y argentinizar la compañía».
Sin embargo, parece poco serio e imposible de probar que los atrasos que padecieron miles de pasajeros el pasado fin de semana, y que podrían repetirse el próximo, puedan ser atribuidos a la acción (o inacción) de los técnicos.
En este sentido Cirielli, también por radio, dijo que «no hay un problema de excedente de pasajeros sino de falta de aviones: la falta de inversión en el área de mantenimiento hace que tengamos 60% de la flota parada porque Marsans no compró repuestos. Los hangares de la compañía están atestados de aviones fuera de servicio; en un solo hangar de Ezeiza hay 20 motores para reparar y no tenemos repuestos».
El panorama, entonces, es más que preocupante para quienes deberán viajar por Aerolíneas y Austral en los próximos dos meses. Lo peor es que nada hace suponer que, pasado ese lapso, vaya a producirse una mejora notoria.




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