Néstor Kirchner tiene ya cerrados los que serían sus dos últimos viajes al exterior como presidente argentino. Serán a México, entre el 25 y el 29 de julio, para firmar un acuerdo comercial entre los dos países; y a Nueva York, para participar de la Asamblea Anual de las Naciones Unidas, el 15 de setiembre. A ambos destinos viajará, obviamente, acompañado por Cristina Fernández, ya que las dos giras se presentan como la continuidad de la estrategia de presentación de la candidata y como la aceleración de la transición del poder dentro del matrimonio.
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Ya está casi definido que éstas serán las últimas actividades internacionales de Kirchner, y sólo alguna cumbre de emergencia regional vinculada a un encuentro entre Hugo Chávez, Luiz Inácio Lula da Silva y Evo Morales, separados o juntos y fruto de alguna crisis regional, podría modificar la situación y hacer cambiar la intención del patagónico de pasar la mayor parte del tiempo que le resta de gestión dentro de la Argentina. Como se sabe, el Presidente toma los viajes al exterior con desagrado ya que los considera casi como una pérdida de tiempo, y sólo cuando hay un motivo radical que lo amerite acepta volar fuera del país. Sólo lo entusiasman los encuentros con Chávez y con Lula da Silva, los únicos dos presidentes con los que se siente cómodo. Además, es un enemigo declarado de las cumbres y las asambleas multinacionales, donde no sólo no se siente a gusto, sino que cree que son hasta contraproducentes. El patagónico es, en realidad, un caso curioso. Es uno de los pocos presidentes latinoamericanos que eligieron como constante para todo su mandato mostrarse al mundo lo menos posible y dejar el primer lugar de la exposición a sus colaboradores, comenzando, obviamente, por su esposa y continuando por el canciller, Jorge Taiana, y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández.
Por todo esto, las únicas dos reuniones de las que participará Kirchner, casi por obligación, son las siguientes.
México. El matrimonio presidencial llegaráel 25 de julio y permanecerá hasta el 29 de ese mes, con casi todo el gabinete nacional, incluyendo a Taiana, Felisa Miceli y Julio De Vido. En la capital mexicana espera el embajador argentino, Jorge Yoma, uno de los mejores interlocutores internacionales de la primera dama. La visita tiene una razón concreta e importante: firmar el Tratado de Asociación Estratégica entre los dos países, que convertirá a México en un socio comercial y político de estatus similar a España. Este acuerdo viene siendo negociado por la Cancillería argentina desde los días de Martín Redrado como secretario de Relaciones Económicas Internacionales, continuó luego con Rafael Bielsa y terminó de discutirse con Jorge Taiana. El tratado completa, además, el acuerdo de asociación económica y apertura comercial cerrado hace dos meses, que le permite a la Argentina aumentar las exportaciones a ese mercado en unos u$s 500 millones anuales desde 2008.
La agenda de Kirchner en México incluye una entrevista privada con el presidente Felipe Calderón; otra con el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard; un encuentro con la comunidad argentina; la inauguración de la Casa de la Cultura Argentino-Mexicana; la apertura de un seminario que tendrá como oradores a la secretaria de Inversiones, Beatriz Nofal, y al titular de la Fundación Export.Ar, Marcelo Elizondo.
En todos los encuentros estará presente Cristina Fernández, que, además, tendrá dos encuentros puntuales y dentro del mundo empresario que tanto rehúye su marido: uno con Carlos Slim, bendecido ayer como el hombre más rico del mundo, y otro con el directorio de la petrolera mexicana Pemex, a la que intentarán convencer de las bondades de invertir en la Argentina.
Nueva York. La de mediados de setiembre, probablemente el 15 de ese mes, será la última participación de Néstor Kirchner como orador dentro de la apertura de las sesiones anuales de la Asamblea General de las Naciones Unidas. Este cuarto viaje es ya un destino clásico a la ciudad norteamericana, donde Kirchner ya tiene un recorrido prefijado. Llega temprano, descansa un día y medio en el que recorre algunas cuadras y almuerza en un restorán italiano, se encuentra con algunos colegas especialmente latinoamericanos, prepara su discurso, habla en la Asamblea, descansa otro día, y luego de cuatro jornadas vuelve a Buenos Aires.
Este año, en el viaje de Nueva York, el centro de la atención deberá ser la esposa del Presidente, y desde hace varias semanas el cónsul en la ciudad, Héctor Timerman, trabaja para la agenda particular de la primera dama.
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