Cristina Fernández de Kirchner nunca se vio a sí misma como la mera presidente de un país, sino como la líder de un movimiento y de su pueblo, según señalan en su entorno más íntimo. Por esto no resulta casual su resistencia a hacer el traspaso a Mauricio Macri en la Casa de Gobierno.
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Entre otras causas también se puede mencionar el amor que Cristina le tiene a la Rosada. Dedicó mucho tiempo para sacar a la sede del Ejecutivo del deterioro que tenía. Se ocupó de que la reconstrucción respetara sus orígenes a punto tal que se encontraron diseños decorativos de las paredes que estaban ocultos tras toneladas de pinturas.
Logró que viejos salones como el que se encuentra enfrente a la vieja Aduana volvieran a su esplendor. Remozó oficinas, baños y adecuó a la Rosada a los tiempos modernos. Creo un Museo del Bicentenario incorporando a la Aduana Taylor y donde se exhibe el Mural del Siqueiros. Una imagen muy habitual era ver a Cristina recorriendo la Casa revisando las obras.
La "Casa de Todos" como suele llamarla sin embargo, siente que es más del kirchnerismo que del resto de la dirigencia. Es que, "fue la única que la remodelo, cuido y dejó en condiciones a la Rosada", argumentan no sin bronca en su entorno. Algo de razón tienen, salvo por las cuatro únicas Palmeras del patio que no pudieron sucumbir a tantos militantes y languidecen a la espera de que alguien las rescate.
Como líder de un movimiento resulta lógico que su último acto como primera mandataria sea inaugurar este miércoles a las 18 horas, la Galería de Ídolos Populares en el tercer piso de la Casa Rosada en donde convivirán los retratos de Moría Casan con, Javier Mascherano, Diego Capusotto, Leo Dan, Federico Luppi, Facundo Cabral, Juan D'Arienzo, Leon Giecco, Miguel Abuelo y Marta Minughin entre otros. Evento que contará con numerosos artistas y otras personalidades. En el mismo día descubrirá el busto su compañero Néstor Kirchner en el sitial que la historia tiene para los ex mandatarios en el Salón de Bustos de la Presidencia. Y en la Casa Rosada se hacían apuestas sobre si Cristina se despedirá, o no, con su última cadena nacional.
Desde semanas atrás, los dirigentes de La Campora, una vez repuestos de la bofetada electoral, se abocaron a organizar "la gran despedida" a su jefa espiritual.
Hebe de Bonafini, expresión habitual de las posiciones extremas del kirchnerismo, con crudeza llamó a "resistir" la llegada de Mauricio Macri al Gobierno. Si bien estas palabras motivaron más de un rechazo, lo cierto es que refleja lo que piensa una parte importante de los militantes kirchneristas. Para ellos, la administración de Cambiemos nunca podrá hacer nada bueno, porque su concepción política es lo opuesto al modelo nacional y popular que lidera Cristina.
Incluso, algunas medidas que podrán ser inobjetables, como el anuncio de pobreza cero, son interpretadas por los kirchneristas como un slogan maketinero. Es lógica esta posición porque a juicio del kirchnerismo, son ellos los únicos que se han ocupado y se van a seguir ocupando de los pobres. Es más, trascendió que Cristina dio precisas instrucciones a colaboradores como Axel Kicillof y Wado de Pedro, para que "cuiden a la gente, sean guardianes de lo todo lo hecho ". Aunque este pedido generoso tuvo luego un agregado "y que me extrañen un poquito", habría dicho Cristina.
En las filas del kirchnerismo creen que la gente la va a extrañar mucho a Cristina porque la sociedad terminará dándose cuenta del error que cometió al votar un "modelo liberal" que los llevará a perder las conquistas sociales de los últimos años.
Al respecto, y en una suerte de autocrítica, en la Casa Rosada explican que uno de los temas que alejó al electorado, según relevamientos propios, fue "el cansancio por las cadenas nacionales" y no por reclamos como por ejemplo, la falta de trabajo. Lo anterior explica que el rol del kirchnerismo, y por supuesto de su líder, Cristina, será constituirse en el gran opositor al gobierno de Macri.
Tanto es así que, antes de asumir, el futuro gobierno ya es motivo de una catarata de críticas por parte del kirchnerismo más duro y puro con el acompañamiento de dirigentes como el saliente gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli.
Los cuestionamientos van desde el no cumplimiento de la promesa de Cambiemos en cuanto a levantar el cepo cambiario el primer día de gobierno o la eliminación del impuesto a las Ganancias sobre el medio aguinaldo de fin de año, hasta achacarles la responsabilidad por las subas de precios registradas en los últimos días como consecuencia de "la devaluación más anticipada de la historia".
En suma, el kirchnerismo está comenzando una tarea de implacable fiscal de los actos del gobierno de Macri, al que, anticipan, no dejarán de señalarle ninguno de lo que consideren sus errores.
• Desafíos
En este sentido, Mauricio Macri tiene, entre muchos otros, el gran desafío que consiste en tratar de desarmar los preconceptos que sobre él tiene un sector de la sociedad. Más aún, la evaluación de los equipos técnicos de Cambiemos es que la economía argentina experimentó en los últimos años, un nivel de consumo tan artificial como insostenible. Corregir este desequilibrio llevará, interpretan, inevitablemente a medidas ingratas como el corte de subsidios, el cambio de planes asistenciales por la realización de trabajos efectivos o el recorte de la cantidad de feriados, medidas que difícilmente despierten entusiasmo popular.
La apuesta de Macri para que vengan inversiones no sólo pasa por eliminar trabas como el cepo, que son en definitiva medidas coyunturales, sino también a mejorar la productividad de la Argentina y para ello se necesito, y ya lo anunció, fuertes inversiones en infraestructura, y también la modernización del Estado. No por casualidad, el ranking que realiza el Banco Mundial sobre la facilidad para hacer negocios en el mundo, nos ubica en el puesto 121 sobre unos 180 países (Chile se encuentra en el puesto 48). Y no es cuestión de subir los impuestos, porque Argentina es el país que más tributos carga sobre las pequeñas y medianas empresas, después de las Islas Comoras, según el mismo ranking.
Ser productivos, a grandes rasgos, implica desde el punto de vista laboral medidas como no faltar al trabajo, ser eficientes y disciplinados, cuestiones que hoy en buena medida están ausentes, según las críticas empresarias.
En el entorno de Cristina anticipan que el modelo "neoliberal" a aplicar por el gobierno entrante implicará medidas "antipopulares". "Fijate que los ministros son gerentes de empresas, no representantes del pueblo", sostienen los funcionarios salientes. Justamente, anticipan que el kirchnerismo - el verdadero "representante del pueblo"- estará desde el llano defendiendo las conquistas de "la década ganada".
A partir del 10 de diciembre comenzará la militancia comenzará el camino de la resistencia con el objetivo de volver 2019 de la mano de Cristina. Al menos, esta es la esperanza de los kirchneristas.
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