En las cercanías de Raúl Alfonsín se afirma que el ex presidente ya definió el perfil de radicalismo que quiere para el futuro. A pesar que todos sus amigos hablan del restablecimento que muestra de su enfermedad después del tratamiento en EE.UU., el radical, a través de una confidencia que pocos conocen, le ha dado su apoyo a la conducción del jujeño Gerardo Morales, máximo opositor a cualquier acuerdo con la UCR cercana al kirchnerismo y a los radicales que hoy proponen su vuelta al seno del partido.
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De todas formas, el ex presidente no coincide en todo con la idea de conducción que tiene la mesa directiva del comité nacional. Por eso no se descarta que otro dirigente enfrentado a Morales, Julio Cobos, también cuente con la simpatía de Alfonsín, aunque en este caso sea pública.
Ningún dirigente de la UCR desconoce el poder que aún mantiene el ex presidente para delinear las políticas que sigue su partido a pesar de no integrar la conducción y no mantener siempre un diálogo fluido con las cabezas que hoy lo manejan. Por eso no llamó la atención que ninguno de ellos conociera de antemano el texto de la carta que Alfonsín le envió a Cristina de Kirchner en medio de la crisis del gobierno con el campo y que fue respondida por la Presidente con una chicana política que hasta muchos kirchneristas consideraron inapropiada en ese momento. Pero todos los radicales luego acataron ese mensaje al punto que hubo una conferencia de prensa del mendocino Ernesto Sanz y de Morales ratificando el llamado al diálogo político que Alfonsín le hizo a la Presidente en ese mensaje.
Pero aunque el Alfonsín de los últimos tiempos aparezca con una posición dura ante el gobierno y se niegue a acuerdos de acercamiento al radicalismo K -inclusive en alguna ocasión al gobierno-, algunos amigos políticos de siempre como Leopoldo Moreau y Federico Storani siguen estando a su lado, a pesar de ser los impulsores de acercamientos que el ex presidente hoy no apoya.
Hay un punto que el ex presidente nunca les perdonará a los Kirchner: haber intentado adueñarse de la bandera de los derechos humanos en el país eliminando de sus discursos el juicio a las tres juntas militares que Alfonsín impulsó ni bien asumió la Presidencia cuando todavía los cuarteles militares tenían poder de fuego, como lo demostraron en los alzamientos que luego sufrió el país.
Afrenta
Eliminar de la historia esa gesta del radicalismo con actos de descuelgue de cuadros en el Colegio Militar y apertura de la ESMA, mientras lo castigan al ex presidente por las leyes de Obediencia Debida y Punto Final es una afrenta que Alfonsín no olvidará ni con la visita de ayer.
En ese marco la interna partidaria de la provincia de Buenos Aires es un laboratorio perfecto para analizar los alejamientos y acercamientos de la UCR de los radicales K. Su propio hijo, Ricardo, forma parte de esa pelea que enfrentó a la UCR bonaerense con el comité nacional y provocó la salida del partido de Margarita Stolbizer, en otros tiempos una mimada de Storani.
Pero esa entente de Alfonsín hijo, Storani y Moreau, hoy tiene otras formas bajo la batuta silenciosa del ex presidente. Para muestra basta el último acto que organizó en Chascomús Ricardo Alfonsín. A ese mitin fue invitado el jujeño Morales y el propio Ricardo se encargó de que ni Moreau ni Storani estuvieran presentes para no empañar la visita del presidente partidario. Ese gesto nunca se hubiera tomado sin la indicación del ex presidente, que continúa, como siempre, sin desprenderse de sus viejos amores, pero preparando el legado.
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