22 de mayo 2003 - 00:00

Alarma en la primera "corporación": la CGT

La primera «corporación» en la que se produjeron movimientos tácticos después de que Néstor Kirchner formuló una admonición contra esa clase de entidades fue la sindical. La semana próxima los dirigentes de la CGT dialoguista, llamados «gordos», se reunirán con los del Movimiento Obrero con Propuestas (MOP), menemistas, para emitir las primeras señales de una integración común. Por otra vía, Luis Barrionuevo y los jefes del Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA), Hugo Moyano y Juan Manuel Palacios, también conversan para a la larga conseguir alguna forma de asociación. Nada que deba interpretarse como agresivo, pero uno de los gremialistas que teje esta urdimbre y que integra la mesa de los « gordos» hacía notar ayer que «durante el gobierno de (Eduardo) Duhalde estuvimos dormidos, pero ahora nos desperezamos». Es lo mismo que le hicieron saber a Roberto Lavagna el martes, durante el almuerzo que le sirvieron en la sede de Empleados de Comercio (Cavalieri es el principal socio del ministro en el sindicalismo, a tal punto que llegó a postularlo como candidato a presidente de la Nación, a pesar de que ya estaba lanzada la candidatura de Kirchner desde el duhaldismo).

• Documento postergado

Ayer los dirigentes de la CGT y los del MOP resolvieron postergar la emisión de un documento en el cual iban a saludar la nueva situación, ofrecer un homenaje velado a Kirchner y, de paso, reclamar por la desocupación y la depresión salarial. Pero Rodolfo Daer y Armando Cavalieri, después de discutir un rato, llegaron a la conclusión de que sería mejor dejar para otro momento ese pronunciamiento. «Primero esperemos al discurso que va a decir Kirchner-durante la asunción y recién entonces juguemos una ficha» concluyeron, después de que uno de los más antiguos del grupo observara: «No nos olvidemos de que habló en contra de las corporaciones y nosotros somos una corporación, ¿o qué somos, si no?».

Como todos los sectores de la sociedad argentina, también los capitostes del sindicalismo están «midiendo» al nuevo Presidente, Las señales que recibieron desde Río Gallegos son ambiguas. Por ejemplo, les fue concedida la designación de Carlos Tomada al frente del Ministerio de Ginés González García Trabajo. Ellos se lo habían pedido a Kirchner a través de Juan Carlos Mazzón, hace 10 días, cuando comenzaron a trascender versiones sobre el aterrizaje de Aníbal Fernández en la cartera laboral. «No tenemos nada contra Aníbal, pero ¿le van a dar el ministerio a los piqueteros? ¿Tendremos que sacar nosotros la gente a la calle para que nos respeten?» le preguntó Carlos West Ocampo a Mazzón y a José Pampuro en sucesivas reuniones. Obra de la casualidad o de cierta consideración a la «corporación», lo cierto es que en Trabajo terminó instalado un técnico, abogado laboralista y amigo de todos los gremios como Carlos Tomada.

Aun así, los «gordos» y el MOP siguen en «estado de alerta y movilización», por usar el dialecto sindical. Temen, tal vez con razón, que la llegada de Kirchner al poder abra paso a un avance de Víctor De Gennaro, la Confederación de Trabajadores Argentinos (CTA) y, lo peor, a una desregulación de las personerías gremiales que les permita a las líneas internas izquierdistas de cada organización formar su propia entidad con personería. Por eso los interlocutores de Mazzón y Pampuro no dieron respuesta todavía a la demanda de esos dos «kirchneristas»: «Queremos que lo controlen a (Hugo) Moyano; no lo pueden dejar suelto». Moyano, su gremio de camioneros y la posibilidad de una huelga que afecte a todo el sistema de Transportes es la pesadilla más temida de Kirchner en el terreno gremial.

•Obras sociales

Sin embargo nada de esto es tan alarmante para los capitostes sindicales como la posibilidad de que alguien adverso o independiente se acerque a la «caja» de las obras sociales. Ginés González García, el representante de los gremios en el manejo de la Salud (otra señal amigable de Kirchner fue mantenerlo allí), tranquilizó a West y Cavalieri asegurando que «todo va a seguir igual». Es decir: en la Superintendencia del Sistema de Salud seguirá dominando Néstor Vázquez, delegado allí de José Pampuro, quien con por su proverbial creatividad acaso le haga perder el Ministerio de Defensa a su jefe. Los «gordos» siguen desconfiando y temen que Juan González Gaviola termine aterrizando en el control de los subsidios y giros de fondos que se realizan desde la Superintendencia. Por eso siguen pensando en organizarse en una sola CGT, en la que convivirían, inesperadamente, Menem y Duhalde. «Es lógico que coincidan en algo: los dos ya están fuera del gobierno de Kirchner» explicó, pícaro, uno de los sindicalistas que piensa en una central obrera más activa para dentro de seis meses.

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