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10 de mayo 2006 - 00:00

Alfonsín: "Lavagna podría ser el Lagos argentino"

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Raúl Alfonsín
Es casi imposible que se los vea en un mismo retrato. Pero Raúl Alfonsín y Roberto Lavagna son políticos a la vieja usanza: se entienden por señas. De cualquier modo, por si no alcanzaran las señas, hablan. Y no sólo entre ellos. En los últimos días la opinión pública pudo verificar lo que se publicó en este diario por primera vez. Es decir, que Alfonsín y Lavagna y en un plano menos visible, Eduardo Duhalde, examinan la posibilidad de un frente para provocar el ballottage en las elecciones presidenciales del próximo año. La arquitectura que montan tiene, eso sí, una fragilidad: el ex ministro de Economía es el menos convencido del proyecto. Claro, tiene que servir de mascarón de proa a los otros dos.

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No sólo Lavagna blanqueó, a desgano, sus vacilantes aspiraciones. También Alfonsín se refirió al proyecto. En el programa «14 días», el líder radical sostuvo, interrogado por Charly Fernández: «Lavagna sería un gran candidato para el par..., para una confluencia de fuerzas progresistas». Casi se le escapa «partido» pero estuvo a tiempo para corregir y modelar su idea sobre un caso prestigioso: « Podría ser el Ricardo Lagos de la Argentina», insinuó. No hace falta inventariar las virtudes de Lagos para la aplicación que busca Alfonsín: socialista pero medido, señorón, pasablemente intelectualizado, ese espejo podría halagar la abundante autoestima de Lavagna.

Al exponer su fantasía en la TV sirviéndose de una metáfora chilena, Alfonsín sacó a luz otro de sus supuestos: la política local debería montarse sobre una concertación, como sucede más allá de los Andes con la sociedad socialista-demócrata-cristiana. El propio ex presidente exploró, muy tímidamente, esa posibilidad: fue un pionero al convocar a peronistas como Lavagna a su gobierno. Y cuando imaginó un régimen semipresidencialista, pensó en un amigo de su secretario de Industria como primer ministro: José Octavio Bordón. Todo vuelve: fue Bordón quien puso su embajada en Washington al servicio del lanzamiento en grado de tentativa de Lavagna durante el último fin de semana.

  • Conversión

  • El «glamour» que tiene la política chilena para la progresía local es imprescindible en el proceso que maquinan Alfonsín y Duhalde. Porque en vez de identificarse con Lagos, el pálido ex ministro podría quedar convertido en Italo Argentino Luder. Es decir, en el candidato doctoral y moderado -Jorge Telerman diría «afrancesado»-, capaz de velar con sus buenos modales el escaso «appeal» electoral de Lorenzo Miguel y Herminio Iglesias en 1983. Aunque decir que Alfonsín y Duhalde equivalen, en la política actual, a Lorenzo y Herminio, sería una exageración malintencionada. Mejor que lo diga Kirchner.

    A los lectores que puedan entusiasmarse con el tejido que realizan, sigilosos, los dos ex presidentes bonaerenses, tal vez haya que defraudarlos con algunos datos verificables. El primero de ellos, que Lavagna está bastante lejos de aceptar la aventura que le ofrecen sus padrinos. Por ahora especula con que las tratativas, que llevan adelante Enrique Nosiglia y Jesús Rodríguez -siempre por separado-, podrían proveerle un par de bancas de diputados para amigos suyos en las listas legislativas de los próximos comicios. Enfrentar al iracundo Kirchner y a su gobierno es otra historia,más riesgosa. Que esto no se malinterprete. El economista tampoco se ve como candidato a jefe de Gobierno del kirchnerismo en la Ciudad de Buenos Aires. Y habría un factor decisivo para que no se imagine en ese rol: dicen que su esposa, Claudine, no se lo perdonaría. ¿Tan mal terminaron las relaciones entre el Presidente y la familia Lavagna? Si se ausculta el pensamiento de Olivos, no queda esa sensación: Kirchner expuso ya varias veces ante sus íntimos el siguiente razonamiento: «Podríamos postularlo a (Daniel) Scioli. Pero tiene el problema de que su público prefiere a (Mauricio) Macri. Si queremos a alguien ubicado en el centro, no tenemos a otro que a Roberto ( Lavagna)». Por lo visto, hay amores no correspondidos.

  • Víctimas

    La ambivalencia de Lavagna y la escasa claridad de su alineamiento se están cobrando algunas víctimas. El jefe de Gobierno Telerman, por ejemplo, le rindió un homenaje a su amigo diciendo que «si él se postula, yo renuncio a mi candidatura». ¿Telerman está tan alineado con Lavagna? ¿Estaría dispuesto a volcar su administraciónporteña en favor de una carrera nacionaldel ex ministro? ¿La presencia de Guillermo Nielsen en la Secretaría de Hacienda municipal es el primer eslabón de esa alianza? Son preguntas que todavía no tienen respuesta. Pero que provocan alguna ansiedad al entorno de Kirchner. Antes que Lavagna, tal vez sea Telerman quien deba definirse: a diferencia de lo que sucede con algunos candidatos potenciales, al titular de uno de los distritos claves del país le están negadas ciertas ambigüedades.

    También dentro de la UCR la estrategia «aliancista» de Alfonsín ya produjo algunos efectos. Y fueron favorables al gobierno.

    Sucede que entre los radicales existe un gran debate electoral. La misma Concertación chilena que inspira al ex presidente sirve de coartada a los gobernadores que prefieren dejarse atraer por Kirchner. En rigor, sólo un candidato del propio partido podría servir de antídoto a los cantos de sirena que llegan desde la Casa Rosada. «Si se les da a elegir entre dos peronistas, es razonable que los que están gobernando provincias quieran ir con Kirchner, que les garantiza tranquilidad en el feudo.» El argumento parece razonable y pone al desnudo la paradoja alfonsinista: su saga en favor de Lavagna podría tener como único resultado consistente el de lavar las culpas de quienes sueñan que Lagos, en realidad, es Kirchner.
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