La página de Internet IARNoticias, que expresa las ideas de un autodenominado Centro de Medios Independientes, dio una interpretación de cómo el gobierno manipula a la opinión pública en cada crisis que enfrenta. Comprometida con la óptica de los piqueteros más duros, esta versión interesa porque le atribuye a Néstor Kirchner una estrategia en la comunicación de los temas que no es usual, como tampoco lo es la ideología extraña de estos piqueteros que -como expone Néstor Pitrola en sus aparicionespor radio y TV-ya no son expresión del malestar social sino que buscan la creación de una República Popular de los Trabajadores manejada por las asambleas populares (o sea soviets a la manera de la revolución bolchevique en Rusia 1917).
Lo mejor que podía pasarle al gobierno de Kirchner es que el ultrajurásico subsecretario de Asuntos Hemisféricos, Roger Noriega, criticara su gestión con el conflicto cada vez más caliente de los piqueteros. Esto le permitió a la Cancillería argentina armar una «polémica» con su patrón del Norte desviando el foco de atención sobre la implicación del gobierno con la toma de la comisaría capitalina comandado por su piquetero de cabecera, el hiperoficialista Luis D'Elía.
Esto permitió al «gran diario» de la Argentina, «Clarín», darle al gobierno de Kirchner su ayuda de costumbre centrando su encuadre informativo en los «renovados roces» que se generó en la relación entre el gobierno y altos funcionarios de los Estados Unidos.
Las operaciones mediáticas de Kirchner y de su entorno son (salvando distancias y envergadura de daño) como las amenazas de Al-Qaeda, siempre siguen una misma secuencia y un mismo patrón:
A) Cuando tiene un conflicto en puerta denuncia una conspiración, un atentado contra su vida, o diversas teorías en marcha para perjudicarlo.
B) Luego formula la denuncia pública desde una posición de «presidente fuerte» advirtiendo que «no se va a dejar manejar», y detrás de él -sosteniendo lo mismo-llegan sus graciosos espadachines, los Fernández, Alberto, jefe de Gabinete, y Aníbal, ministro del Interior, quien registra un parecido notable con el personaje de bigotes prominentes que secundaba a Carlitos Chaplin en sus películas.
C) La prensa cómplice -a cambio de prebendas y de publicidad oficial-presta el marco «informativo» al show mediáticogenerando polémica y desviando la atención masiva del o de los conflictos reales que quiere esconder Kirchner.
El fenómeno K acude a estas tácticas cada vez que:
A) Debe cumplir con los ajustes, pago de intereses, votación de leyes entreguistas, o diferentes imposiciones imperialistas que surgen de Washington y el Departamento de Estado.
C) Cuando debe aumentar tarifas de servicios públicos, cuando precisa echar a funcionarios que no le son afines (como sucedió con el jefe del Ejército y el titular de la Policía Federal), cuando necesita apoderarse de alguna «caja» en la administración pública (como sucedió con Barrionuevo y el PAMI), cuando necesita instalar jueces «leales» en la Corte Suprema o en los máximos tribunales.
D) Cuando precisa resolver a su favor algunas de las innumerables peleas por intereses y acumulación de poder que mantiene con Duhalde y el gobierno de la provincia de Buenos Aires, o cuando necesita operar una «descompresión» (sin reprimir policialmente) del conflicto con los piqueteros.
Una vez conseguidos sus objetivos desviacionistas, Kirchner se dedica a hacer todo lo contrario de lo que prometió realizar durante la primera secuencia de sus denuncias y bravuconadas contra blancos o enemigos inventados.
Después de sus «peleas» discursivas con Bush o el FMI, siempre pagó puntualmente y acató sumisamente la agenda que se le imponía desde Washington.
Después de prometer «limpieza-» y «ejecutividad» tras desplazar a funcionarios o jueces «enemigos», colocó en áreas clave a funcionarios propios que siguen desarrollando la misma política de corrupción o de obsecuencia oficialista que sus predecesores.
El caso -siguiendo la secuencia apuntada más arriba-fue convertido por los medios de comunicación en un escándalo, que les sirvió a Kirchner y a su gobierno para desviar la atención del conflicto con los desocupados, cuyas movilizaciones «desaparecieron» por arte de magia de las pantallas de TV absorbidas por el gran «debate nacional» sobre las coimas.
Hoy, puesto nuevamente contra las cuerdas por el ascendente conflicto con los piqueteros, y haciéndose representar por su canciller, saca nuevamente de la galera el «conflicto con EE.UU.».
Para el presidente mediático argentino los piqueteros representan una pesadilla cada vez más difícil de superar, dado que roza permanentemente lo que puede representar el fin de su gobierno: la represión policial.
Los piqueteros, sabedores de su punto más vulnerable, confrontan a Kirchner con el límite, y suben su apuesta con las protestas y movilizaciones orientadas a irritar y provocar reacciones tanto en el aparato represivo policial como entre el establishment de la derecha económica, política y mediática, que en las últimas horas redobló su campaña contra la «pasividad» y «permisividad» del gobierno con el accionar piqueteril en las calles.
Las organizaciones piqueteras, más allá del juego político o comercial de su dirigencia, representan el único problema que Kirchner no puede resolver con los medios de comunicación.
Dejá tu comentario