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2 de enero 2008 - 00:00

Anatomía de un fracaso (Kirchner igual insiste)

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Alvaro Uribe
Néstor Kirchner volvió de la selva colombiana frustrado y furioso, pero decidido a no resignarse luego de su fracasado debut en el plano internacional. Pronto, sin Hugo Chávez como inestable lazarillo, se zambullirá en dos misiones de mediación con el propósito de recuperarse de este bochorno.

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La llave, en un gesto amigable, se la dio Alvaro Uribe, el presidente colombiano. En reserva, el presidente de Colombia se desplazó hasta la residencia donde estaba alojado Kirchner en Villavicencio para pedirle que no desista de mediar para la liberación de rehenes de las FARC.

Toda una señal. Hasta ese momento, el patagónico atribuyó casi enteramente a Uribe el fracaso de la operación Emmanuel. Pero el colombiano lo invitó, cordial y afable, a que además de insistir con esa negociación, actúe como nexo entre su gobierno y el de Venezuela.

La maniobra de Uribe, inesperada -no es habitual que un mandatario se desplace a ver a un visitante-, reavivó la expectativa de Kirchner, que a esa altura lamentaba haber aceptado la propuesta de encabezar, en los hechos, la delegación de comisionados.

Luego, con mejor cara, como portavoz de la comitiva internacional, pudo salir a anunciar que el plan entraba en una etapa de «suspensión provisoria» y a exhortar tanto a Bogotá como a las FARC a colaborar para que, en otro momento, la operación pueda concretarse.

En sus peores horas en la selva, ansioso e inquieto por la falta de precisiones, Kirchner asumió la imposibilidad del éxito de la liberación al analizar el comportamiento y los intereses contrapuestos de los tres actores involucrados en la misión. De Chávez, su forzado socio estratégico, cuestionó su protagonismo payasesco, sus gestos ampulosos y esa tendencia, tan caribeña, al show y las estridencias. La exhibición del comandante desplegando mapas y con uniforme de fajina fue el paroxismo de esa manía chavista.

En rigor, la lectura del gobierno argentino es que el fracaso «fue de Chávez». Sobre Uribe descargó, también, sus blasfemias. Lo culpó todo el tiempo de operar para que la misión se aborte.

Estalló cuando se enteró que el colombiano dijo saber desde hace tiempo que Emmanuel -hijo de Clara Rojas-, uno de los supuestos tres liberados, estaba en un hospicio oficial.

Incluso, la intervención del delegado de Uribe ante los comisarios, el titular del Alto Comisionado para la Paz, Luis Carlos Restrepo, fue criticada con dureza por los extranjeros. Kirchner -escoltado por Jorge Taiana y Rafael Folonierno- estuvo al margen de esas quejas.

Con las FARC, a su vez, tampoco tuvo contemplaciones. De hecho, todo el tiempo recalcó la categoría de «misión humanitaria» para que no se le impute, ni ahora -ni lo haga la historia- aparecer en una mediación patrocinada por Chávez en línea con ese grupo guerrillero.

El origen de las FARC no genera ninguna fascinación en el patagónico. Tiene, en privado, definiciones graves sobre el movimiento que conduce el casi octogenario Manuel Marulanda Vélez, «Tirofijo», una mezcla de guerrilla, narcotráfico y vandalismo rural.

Es más, jaqueados por la confusión, los comisionados interpretaron que en las filas del grupo guerrillero habría problemas de conducción y que no todos los sectores responden al comando superior de las FARC. Eso, entendieron, pudo haber contribuido al fracaso.

  • Aprendizaje

    El gobierno se esforzó en las últimas horas por inyectarle una cuota de expectativa a la Operación Emmanuel. Tras el fracaso temió que le endosen otra medalla negra y burlona como con el cuento chino -aquellos 20 mil millones de dólares que llegarían de Oriente- o el macondiano gasoducto del Sur.

    Kirchner admitió el costo de aparecer, una vez más, abrazado a Chávez, en una aventura inconclusa, que, a diferencia de otras novelas que compartió con el bolivariano, estuvo en la agenda de todo el mundo y generó una esperanza a nivel global.

    Tentado, con algo de ingenuidad, soñó con una foto suya junto a los rehenes liberados. Hubiese sido su gran debut en un plano que nunca le interesó -entendió la política exterior como un artilugio de la política interna- ni jamás pudo comprender en toda su dimensión.

    De madrugada, regresó malhumorado desde Villavicencio directo a El Calafate. Y sin la foto deseada. Volverá, promete, a buscarla. De hecho, rescató la promesa de Uribe respecto de que habilitaría un « corredor seguro» para que se concrete la operación.

    En ese marco, el ex presidente destacó que trabajará para «reunir todas las condiciones para garantizar la seguridad de todos y el éxito de la operación» y que volverá a Colombia cuando eso ocurra para avanzar en la liberación de «Clara, Consuelo y Emmanuel».
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