María José Lubertino, jefa del INADI, comparte el almuerzo «kasher» con
Jorge Kirszenbaum, titular de la DAIA, en la sede de la entidad. La funcionaria
se definió como «de izquierda progresista» y negó que Quebracho esté
en el «campo popular».
La flamante jefa del INADI (el órgano oficial antidiscriminación), María José Lubertino, escuchó quejas, críticas y denuncias de la comunidad judía argentina, entre la que (no es un secreto) habían caído muy mal sus primeras acciones y declaraciones desde que asumió el cargo.
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En un clima que arrancó tenso, se convirtió en dramático por un hecho ajeno al encuentro en sí mismo, y que terminó a los abrazos (voceros de ambas partes calificaron al encuentro de «muy cordial»), la Lubertino almorzó ayer con autoridades de la DAIA en la sede de esa entidad.
Encabezados por su presidente, Jorge Kirszenbaum, los dirigentes de DAIA reiteraron su preocupación por la falta de una respuesta rápida oficial a las diversas manifestaciones de antisemitismo que vienen produciéndose en el país.
Tensión
El ambiente comenzó tenso, dado que las declaraciones de la Lubertino desde el día de su puesta en funciones no habían sido felices. Sin embargo, la funcionaria apeló a la conocida frase «me sacaron de contexto» para explicar que no había querido descalificar a los 200 firmantes de un documento contra el antisemitismo.
«Yo empecé mi discurso de asunción del cargo diciendo que respetaba a muchos de los firmantes, y que compartía la inquietud, pero agregué sí que el hecho de que también lo firmaran miembros de la oposición como Patricia Bullrich o Ricardo López Murphy me hacía pensar en una intencionalidad política.» El primer pasaje del párrafo de la Lubertino, si existió, no habría sido escuchado por ninguno de los asistentes al acto del miércoles último.
«Sabe lo que pasa: quien determina qué es ofensivo o racista es la víctima de la ofensa, y no el ofensor», le dijo uno de los comensales. «La DAIA no se caracteriza por lanzar alarmas sin fundamento; cuando alertamos a la sociedad de actos antisemitas es porque son importantes.» Otro agregó que veían la actitud de Quebracho como «gravísima: ver encapuchados con palos amenazando a judíos nos retrotrae a las peores imágenes de la Alemania de los años 30; creemos que el gobierno debería haberlo impedido».
La Lubertino prometió «receptividad» a las quejas, garantizóque desde el gobierno habrá «respuesta inmediata» a actos antisemitas y aseguró que «como mujer de izquierda progresista no puedo admitir que a Quebracho se lo califique de agrupación del campo popular: es apenas un grupo violento».
Presunta ignorancia
A su turno, los dirigentes (Alfredo Neuburger, Mario Fefferbaum, Claudio Avruj y Miguel Zechin) le explicaron que en realidad las denuncias por antisemitismo son recibidas y tramitadas ante la Justicia por la DAIA, aun las ( pocas) que se inician ante el INADI, algo que la funcionaria parecía ignorar por declaraciones del fin de semana.
Kirszenbaum le recordó también que el organismo oficial había sido creado por una gestión de la DAIA, la que tiene dos representantes (Zechín y el secretario Julio Toker) en su directorio. «Además de nosotros, están la APDH y FEARAB, y queremos integrar a muchas más ONG interesadas en la lucha contra el racismo», dijo el presidente de la DAIA.
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