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18 de octubre 2005 - 00:00

Apelan a caras conocidas que tienen el know how proselitista

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Para esta operación quienes conducen la campaña de Bielsa han apelado a peronistas clásicos del distrito. Nada de transversalidad ni innovaciones exóticas. Para realizar este vuelco de última instancia se recurrió a dos conocedores de la geografía electoral porteña: Raquel Kismer de Olmos y, bajo su mando, Víctor «Tito» Pandolfi. Un anillo más lejos de la toma de decisiones ronda Juan Pablo Schiavi.

Raquel Kismer o «Kelly» Olmos, es una antigua militante del PJ Capital. En los '90 fue una pieza clave de Carlos Corach para las operaciones de la Casa Rosada sobre el distrito. Alcanzó su apogeo con la intervención de Jorge Escobar sobre el PJ, cuando su marido Orlando servía de lazarillo por los cien barrios porteños al ex gobernador de San Juan. «Tito» Pandolfi está también, como «Kelly», en el inventario del peronismo porteño, que lo vio reír y llorar (sobre todo cuando lo entreveraron en causas judiciales por el escándalo de los «ñoquis» del ex Consejo Deliberante).

El caso de Schiavi es distinto: él proviene de la mesa chica del macrismo. Pero tal vez no haya podido hacer toda la transferencia de conocimiento que suponía su regreso al PJ oficial. El entorno íntimo de Bielsa es bastante impermeable y, en el caso de Schiavi, pareciera que lo único que se apreció fue el pase en sí.

Las dificultades para manejarse con la dupla de Marcelo «Maradona» von Schmeling y Jorge «dónde sta la mía» Devoto, «El Topo», también afectaron a « Kelly» Olmos. En su afán por hacer actos en las villas del Sur y en la tradicional 31 de Retiro, conseguía que von Schmeling implantara en la agenda del canciller algunos compromisos que, más tarde, Devoto se encargaba de borrar. El caso de esta dirigente porteña debería ser, paradójicamente, difundido por el gobierno. Sería alentador para inversores que no son recibidos por el Presidente o para ejecutivos de privatizadas que quieren un aumento de tarifas y se los manda a recorrer pasillos kafkianos durante meses y meses. En efecto, la irracionalidad administrativa se ensañó en los últimos días con los propios punteros del gobierno, sobre todo en la Capital. En otros términos, esa falta de formalidad y método -es de suponer- será pagada en votos por Kirchner y sus candidatos.

El caso de «Kelly» es ejemplar. Ella quiere conseguir subsidios para sus redes de afiliados y organizaciones parapolíticas de la zona Sur (Lugano, Soldati, etc.). Comenzó golpeando la puerta del Ministerio de Trabajo. Allí intentó, después de días de gestión, entrevistarse con Antonio Valiño, el coordinador ejecutivo del Consejo Federal del Trabajo. Cuando la atendió, «Tony» Valiño le contestó una pregunta con otra: «'Kelly', ¿no sabés que desde hace 10 años no me hablo con Alberto Fernández?». Al parecer, la campaña está tan identificada con el jefe de Gabinete que termina absorbiendo sus rivalidades. Un dato a tener en cuenta para quienes se larguen después del 23 a buscar un «mariscal de la derrota», como se decía antiguamente, allá por 1983.



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