Carlos Kunkel le sonríe en la sesión de ayer el bonaerense Luis Cigogna. El comisario
político del matrimonio Kirchner en la Cámara de Diputados vigiló que el proyecto energético
de Cristina se aprobara sin sobresaltos.
Con el PJ en suspenso, y las diversas tribus kirchneristas -Compromiso K, Movimiento Evita- en pausa, Néstor Kirchner delegó en su operador todoterreno Carlos Kunkel el armado de un espacio bonaerense para iniciar los preparativos para su regreso a la política partidaria.
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Sin más nombre que Encuentro de la Militancia Bonaerense, el grupo hizo su presentación días atrás en la Facultad de Filosofía y Letras, y prepara, para el 9 de febrero, otra cita. Para después del verano, se espera que el ex presidente esté más activo en el rubro «armado».
La matriz del grupo es la cooperativa de diputados nacionales que en los dos últimos años operó en torno al dúo que conformaron Kunkel y el ahora vicegobernador de Buenos Aires, Alberto Balestrini. Pero, aclaran, el «conductor» del espacio es el protokirchnerista de Florencia Varela.
Al staff se suman Luis Ilarregui, Remo Carlotto, el gremialista municipal Juan Sluga, la setentista Adela Segarra, el joven Ariel Pasini y María Teresa García. Se mueven, como satélites, otros actores de menor peso, entre ellos, otro sindicalista: «Cholito» García.
Para espantar los rumores de que se trató de un esquema para comenzar a condicionar a Daniel Scioli, a la cita de Filosofía y Letras se invitó al jefe de Gabinete bonaerense, Alberto Pérez. Pero el funcionario, a las corridas con su nuevo empleo, no pudo asistir. Incluso, uno de los ordenadores del núcleo -Remo Carlotto- fue propuesto por Scioli para ser defensor del pueblo de la provincia de Buenos Aires. Así y todo, no abundan los fanáticos sciolistas entre los que conforman el Encuentro de la Militancia Bonaerense.
El regreso de los operadores K, en formato de grupo formal, tiene sin embargo un significado explícito: Kirchner, en persona o a través de testaferros políticos, no dejará un resquicio sin cubrir en el territorio clave que es la provincia de Buenos Aires.
En el último año, en medio de la pulseada por la fusión entre el Frente para la Victoria y el PJ, el grueso de las bandas que acompañaron los primeros tiempos de la gestión Kirchner estaba prácticamente desactivo. El caso más palpable fue el de Compromiso K.
De ser el eje de todas las movidas kirchneristas, luego CK quedó relegado y pasó a cuarteles de invierno. La misma suerte corrieron los movimientos sociales con aspiraciones de conducción: ni Luis D'Elía, ni Edgardo Depetri ni Emilio Pérsico ni Humberto Tumini pudieron romper sus propias fronteras sectoriales.
El debate, hacia adentro del gobierno y el kirchnerismo, es ahora cómo se reordenará el funcionamiento de esos espacios. La llave es saber qué lugar le reserva Kirchner al PJ nacional. Unos le otorgan un lugar central y casi único; otros como eje de un esquema más amplio.
En el Encuentro de la Militancia Bonaerense, por caso, insisten con la división entre peronistas y pejotistas. «El 95% de los que estamos acá somos peronistas pero no está claro qué rol se le dará al PJ», explican, cautelosos, los soldados leales del patagónico.
Kirchner prometió que en marzo o abril se dedicará de lleno a reorganizar el mapa político partidario que funcionará como sustento de la presidencia de su esposa, Cristina de Kirchner. Hasta que eso ocurra, como aperitivo, los ultrakirchneristas comenzaron a preparar la mesa para cuando llegue el jefe.
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