Mauricio Macri felicitó anoche a River Plate por haberle ganado la Copa Libertadores a Boca. Avisó que el futbol siempre da revancha, casi como un ejercicio obligatorio de quien, siendo derrotado, debe destilar esa bronca futbolera por algún lado. De todas formas esa sensación era largamente superada (a pesar de lo que implicó perder para una importante mayoría de los habitantes de la Casa Rosada) por otra de alivio que claramente se instaló en todo el Gobierno. “Ya esta, ahora no pueden hablar de nada raro, River gano”, se razonaba ayer.
Que River ganara ayer significó, para el macrismo, despejar una larga lista de sospechas sobre las relaciones de hombres cercanos al Gobierno con el desastre que arrancó con las pedradas y los gases contra el micro de Boca, siguió con los cuestionamientos a la seguridad porteña que se llevaron puesto al ministro Martín Ocampo, las presiones de Daniel Angelici para que le dieran el partido por ganado y el impacto mundial de todas esas imágenes justo antes del G 20. En resumen, un infierno que nadie hubiera imaginado y menos cuando el propio Presidente había incentivado a que se jugará con visitantes. Prueba de esos peligros fueron los cantitos de los jugadores que se escucharon anoche en el vestuario del River, en el Bernabeu, contra Angelici y Macri todo junto.
Por eso creía el macrismo anoche que el triunfo de River, aunque le revolviera el hígado de bronca, terminará de despejar toda esa mufa que hasta sirvió como alerta de posibles problemas durante el G-20.
El G-20 salió bien, al menos en la organización y en haber logrado un documento final bastante más civilizado, inclusive que en otras ocasiones; River-Boca se jugó en Madrid y hasta anoche el papelón de haber tenido que ir a disputarlo allí (barbarie argentina y negocio de la Conmebol mediante) logró frenarse con un discreto comportamiento en las calles de esa ciudad por parte de los hinchas.
Otro capítulo que el macrismo quiere cerrar cuanto antes (si es que puede) es el de las críticas de Elisa Carrió al protocolo que lanzó Patricia Bullrich para el uso de armas en las fuerzas de seguridad. El Gobierno acepta que se debata una ley en el Congreso que ajuste si hace falta ese protocolo al Código Penal, pero mientras eso suceda no dará un solo paso atrás en la aplicación de esas instrucciones. Es decir, rige el protocolo.
Mientras tanto la estrategia será seguir considerando los cuestonamientos de Carrió como un tema menor. “La crítica no es seria”, argumentan en la Rosada. Creen que el problema de la chaqueña (que atacó primero con dureza y después relativizó pidiendo una ley en su carta publicada en Facebook) es que tiene un sistema de decisión que no la deja volver atrás cuando se enfurece en demasía. Si este capítulo es solo otro pataleo o algo más grave por parte de Carrió, solo el verano lo dirá. Todo indica que Macri aún tiene paciencia y tolera estas estrategias que en otras oportunidades le fueron muy últiles.
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