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28 de octubre 2010 - 08:25

ASISTIÓ EMOCIONADA MULTITUD A LA DESPEDIDA DE NÉSTOR KIRCHNER

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La Presidente, junto a Máximo y Florencia, escoltan el féretro donde yace el santacruceño.
Los restos de Néstor Kirchner serán depositados hoy a la tarde en una bóveda del cementerio de Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz, durante una ceremonia íntima de la que sólo está previsto que participen familiares y algunos ministros del gabinete, tras el funeral que se extendió por 24 horas en la Casa de Gobierno de la Capital Federal, con el paso de una multitud. No habrá discursos antes de retirar el féretro del Salón de los Patriotas Latinoamericanos que ofició de velatorio en la sede gubernamental.

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El rito, que concluye hoy a la mañana, no impidió ayer al Gobierno marcar amigos, menos amigos y enemigos, durante la ceremonia de despedida del ex presidente, como tampoco eludió las manifestaciones constantes desde la vigilia del miércoles, en la Plaza de Mayo.

Cristina de Kirchner y sus hijos Máximo y Florencia, junto a la hermana y sobrinos y la suegra del ex presidente se mantuvieron durante prácticamente todo el día de ayer en el Salón de los Patriotas de la planta baja de la Casa Rosada, junto al féretro -que llegó sellado desde Santa Cruz en la madrugada- para recibir a políticos, artistas, deportistas, presidentes de la región y simpatizantes que hicieron enormes colas para llegar hasta el lugar.

Pero saludar a la Presidente no fue de libre acceso, hubo vetos -no sólo para Julio Cobos y Eduardo Duhalde- y hasta silbatinas para algunos de los que se acercaron (Felipe Solá, por caso; de menor tenor para Mauricio Macri) y en muchos momentos aplausos de acuerdo con las frases que pronunciaban los visitantes: «Fuerza Cristina» y vivas al ex mandatario fallecido, pero prevalecieron los largos silencios. Carlos Reutemann, hoy en la oposición, apareció en el salón a las 21, cuando estaba Luiz Inácio Lula da Silva. Era la hora del «prime time» de la TV. También en esos momentos se hizo presente Enrique «Coti» Nosiglia.

«Tengo que estar acá», repetía la Presidente para justificar los deseos de su permanencia en el lugar, del cual sólo se retiró una hora después del mediodía y por instantes, a una sala del Ministerio del Interior. No hubo reuniones con ministros, únicamente indicaciones a algunos que daba la mandataria, o las refería a través de su hijo.

Cristina de Kirchner, de riguroso oscuro y bajo gafas negras, se abrazó a Estela de Carlotto, Diego Maradona, Hebe de Bonafini, Daniel Scioli, Antonio Cafiero, entre cientos, rodeada de sus familiares, una escolta de granaderos y funcionarios que se repartieron por turnos para que alguien del gabinete estuviera presente en todo momento junto al ataúd, que se cubrió con la Bandera argentina, la banda presidencial, el bastón de mando y dos pañuelos blancos de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.

En el salón se dispuso de un vallado que impedía al público acercase a la mandataria, pero también privó a figuras del arco político del saludo personalizado, mientras Cristina de Kirchner soportó largas horas de pie -sentada ya por la tarde- junto a su hijo, a quien susurró historias del padre -siempre en la cabecera del féretro-, le explicó por qué acariciaba el ataúd y le marcó en todo momento quiénes eran algunos que la saludaban. El ingreso fue igualmente dividido: el público en general -colas que alimentaron los gremios- por un lado y por la explanada de la Casa de Gobierno el resto, con autorizaciones especiales.

También el estar «detrás» de Cristina de Kirchner fue solamente para algunos. Por caso, por la mañana se lo vio a Hugo Moyano entre ese grupo, también a visitantes extranjeros, o al atardecer a Sergio Burstein (denunciante en la causa escuchas que mortifica a Macri).

Del público, un asistente se animó a cantar el Ave María y ese gesto obligó a Cristina a levantarse a saludarlo.

En un momento llegó una tropa de embajadores, pero Cristina de Kirchner se retiró sutilmente y dejó la recepción a cargo de Héctor Timerman. Del exterior, además, llegaron al país los presidentes de Chile, Santiago Piñera; de Ecuador, Rafael Correa; de Colombia, Juan Manuel Santos; de Uruguay, José Pepe Mujica, con su esposa; de Bolivia, Evo Morales y de Venezuela, Hugo Chávez, y por la noche lo hacía Lula desde Brasil.

Se acercaron el presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Social, Jorge Casaretto, y el obispo emérito de Morón, Justo Laguna, que rezaron en el lugar. Casaretto recordó a Kirchner como «un hombre muy entregado a la misión que tuvo que llevar en la vida», y que condujo «a la salida de una crisis muy fuerte, de la que todos fuimos protagonistas».

Entre las incontables condolencias hizo llegar la propia el papa Benedicto XVI, que elevó sus «fervientes plegarias» por el ex presidente.

Estuvieron, entre otros, José Pampuro, Miguel Pichetto, Daniel Filmus, Alejandro Rossi, el piquetero Luis D'Elía, Emilio Pérsico, Rudy Ulloa Igor; los miembros de la Corte Suprema -Néstor Lorenzetti, Juan Carlos Maqueda y Eugenio Zaffaroni-; los gobernadores Daniel Peralta (Santa Cruz), Mario Das Neves (Chubut), Maurice Closs (Misiones), Scioli, Jorge Capitanich (Chaco) y José Luis Gioja (San Juan); dirigentes y legisladores del radicalismo (sólo Ricardo Alfonsín pasó el vallado); Francisco de Narváez, legisladores de la Coalición Cívica (María Eugenia Estenssoro y Patricia Bullrich); el socialista Rubén Giustiniani; los sindicalistas Omar Viviani (taxistas); Julio Piumato (judiciales), y José Luis Lingieri (Obras Sanitarias).

Para la despedida, hoy, Moyano y el consejo directivo de la CGT se convocaron para acompañar la despedida a las 7.30. Está contemplado que a las 10 se cierre el velatorio para continuar con el final de la ceremonia en Santa Cruz, traslado que se iniciará al mediodía.

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