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16 de marzo 2006 - 00:00

Avanza Zannini sobre posiciones de Alberto Fernández

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Sucede que, así como la semana pasada la caída de Aníbal Ibarra ratificó los pronósticos que venía formulando en la mesa íntima del gobierno, con la renuncia de Sergio Acevedo sucedió lo mismo. Y, se sabe, los pronósticos de los políticos, a diferencia de los que producen los científicos, expresan deseos, no conocimientos.

Si con la caída de Ibarra el secretario legal y técnico avanzó un par de casilleros en su guerra secreta con Alberto Fernández -aun cuando su vínculo con Jorge Telerman pertenezca más al terreno del marketing que al de la realidad-, con la renuncia de Acevedo le cayó Santa Cruz en los brazos. Carlos Sancho, el vicegobernador que debe asumir el mando, le responde a Zannini casi tanto como a Rudy Ulloa, un dirigente del PJ de Río Gallegos cuya pertenencia al círculo íntimo de Kirchner lo vuelve casi un desconocido para el vulgo (sus detractores, que son numerosos, prefieren decir «un impresentable»: ya se sabe lo mordaz que es la política).

Lo cierto es que, con Sancho, Zanniniy Ulloa, titulares del ala más ortodoxa del kirchnerismo santacruceño, pasarán a controlar la administración de manera tan directa que hay quienes suponen que Sancho llamará diariamente a la Secretaría Legal y Técnica pidiendo instrucciones. Vuelve el poder a manos del Frente para la Victoria, al que Acevedo no perteneció en sus orígenes: él militaba en el Movimiento Renovador Peronista, junto con su fundador Rafael Flores y a Eduardo Arnold. Sancho, en cambio, no sólo pertenece al verticalismo extremo: en su pasado hay relaciones de parentesco con el Presidente, quien tuvo al padre del ahora gobernador (un ex intendente de Río Gallegos) como uno de sus benefactores cuando recién establecía un estudio jurídico en la provincia.

Mientras tanto, Kirchner debe resolver si adelanta las elecciones en la provincia o si mantiene a Sancho hasta 2007. Una incógnita importante para Alicia Kirchner y Julio De Vido, los dos aspirantes al mando en Santa Cruz.

Historias locales, un laberinto sólo comprensible para quienes nacieron o viven en el sur extremo. Pero de las que ayer, acaso prematuramente, sacaban moralejas algunos bonaerenses. Ya hay quienes creen que la mortificante experiencia de Acevedo convertirá a Kirchner en un jefe más desconfiado, si eso fuera posible, respecto de la lealtad de aquellos en quienes delegue porciones de poder. Una presunción con efectos sobre un proceso que ya está abierto: el de la selección del futuro gobernador del nuevo feudo, bonaerense. «No va a querer otro Acevedo», comentó anoche un íntimo, en la Casa Rosada, como si el gobernador renunciante no se hubiera inclinado lo suficiente ante quienes le cedieron el poder.

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