Los actos de Cristina de Kirchner en la Plaza de Mayo adquirieron ya una curiosa característica: las columnas de los intendentes bonaerenses y piqueteros comienzan a retirarse cuando la Presidente arranca el discurso. La tendencia comenzó en actos anteriores y ayer se profundizó, aunque desde el palco principal no lo noten por las banderas que tapan el horizonte. No es el único problema de organización que enfrentan estos actos. Es curioso, también, que en el fondo de la Plaza los bombos y redoblantes suenen más fuerte que lo habitual cuando habla Cristina de Kirchner. Eso hace que escuchar el discurso sea imposible. Como además no le hacen caso los sindicalistas al pedido de bajar los estandartes, tampoco ese hecho es percibido desde el podio presidencial.
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El kirchnerismo demostró ayer que ya pasó la época en que en los actos de Plaza de Mayo se distribuían bebidas, muchas veces alcohólicas, entre las columnas que llegaban en micro. Quizás por problemas financieros o por incentivar la salud popular, en el acto de ayer esa liturgia se reemplazó por un camión tanque de la estatal AySA que fue instalado en el medio de la Plaza desde donde se convidó agua, no mineral, a las columnas de piqueteros que ingresaban.
La ausencia de columnas del interior del país fue paliada con fuerzas locales. Sin dudas la más numerosa fue la del sindicato de la Unión de Personal Civil de la Nación. Con banderas y dos baterías de bombos y redoblantes ocuparon toda la cuadra de Hipólito Yrigoyen frente a la sede de la AFIP. Ese sector de la Plaza estuvo siempre reservado en estos actos al gremialismo, lugar que esta vez no ocupó Hugo Moyano y sus camioneros que prácticamente pasaron inadvertidos por haber llegado tarde.
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