«Ya me visitan más dirigentes políticos del oficialismo que de la oposición,aunque vienen a verme después de la una de la mañana», suele bromear Jorge Bergoglio con sus íntimos para reflejar la crisis interna, y también el férreo control que ejerce sobre sus súbditos el kirchnerismo. El jefe del Episcopado percibe esa creciente debilidad y teje lazos para explotarla.
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El primer armado político de Bergoglio fue la candidatura a convencional constituyente en 2006 del obispo emérito de Puerto Iguazú, Joaquín Piña. El triunfo del religioso en las urnas pulverizó no sólo la reelección indefinida del entonces gobernador oficialista Carlos Rovira, sino también del resto de los mandatarios provinciales kirchneristas. Después, en las elecciones porteñas del año pasado, el cardenal medió para sellar una fórmula para la Jefatura de Gobierno porteña entre Jorge Telerman y Enrique Olivera, socios entonces de Elisa Carrió.
Este año, el Episcopado de Jorge Bergoglio ensayará una alianza con el ala más conservadora del Vaticano a través del cardenal Renato Martino. Será el 6, 7 y 8 de junio la clásica Semana Social de Mar del Plata donde Martino, presidente del Consejo Pontificio de Justicia y Paz, disertará sobre «El perfil de un dirigente cristiano en el ámbito socio político».
Tras la consagración del ex obispo Fernando Lugo en las elecciones presidenciales de Paraguay, el Episcopado argentino volvió a experimentar un espasmo de poder que también perciben en la Casa Rosada, desde donde enviaron felicitaciones al nuevo presidente electo a través de Hebe de Bonafini, la misma que orinó meses atrás en el altar de la Catedral Metropolitana que está a cargo de Bergoglio, arzobispo de Buenos Aires.
Excomunión
Lugo, quien podría ser sancionado con la excomunión por el Vaticano, aparece ahora como un aliado regional del eje bolivariano que comanda el venezolano Hugo Chávez y con el que pivotea tímidamente Cristina de Kirchner. En este contexto, el ex obispo paraguayo, abrazado por el kirchnerismo a través de felicitaciones de Hebe de Bonafini, Miguel Bonasso y Victoria Donda, aparece en la lista negra del Vaticano.
Por eso, Bergoglio aprovechará la visitade Martino para posicionarse como referente de las buenas prácticas políticas, pero desde el laicisismo. Aunque el invitado papal aparece más ligado a los sectores ultraconservadores del Vaticano apoyados por el ex secretario de Estado Angelo Sodano y el argentino Leonardo Sandri, el cardenal Bergoglio lo invitó para realizar «aportes para una dirigencia comprometida en la justa distribución de los bienes», en el marco del encuentro que la Iglesia argentina realizará en el Hotel 13 de Julio de Mar del Plata.
Cercano también al ex embajador menemista ante la Santa Sede, Esteban Caselli, ahora senador por la triunfante lista de Silvio Berlusconi, Martino tiene una extensa hoja de ruta que lo llevó a ocupar las nunciaturas de Nicaragua y Filipinas, además de haber trabajado para el Vaticano en Tailandia y en Brasil. Es también observador permanente de la Santa Sede ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York y en la Curia Romana es miembro de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, de la Pontificia Comisión para el Estado de la Ciudad del Vaticano, del Pontificio Consejo Cor Unum y de la Oficina para el Patrimonio de la Santa Sede.
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