23 de mayo 2003 - 00:00

Bielsa ya negoció cargos con el cardenal Bergoglio

En el ámbito de la Legislatura porteña se terminó de definir anoche parte del armado del gabinete nacional que acompañará a Néstor Kirchner. Con un plantel de ascendencia capitalina en el gobierno nacional no resultó extraño que Alberto Fernández -futuro jefe de gabinete-, recalara, ni bien llegó de Santa Cruz junto a la familia presidencial, en oficinas aledañas a la Legislatura, su lugar de pertenencia después de todo.

Como quien regresa a la querencia, Fernández se acercó allí apenas abandonó la pista de Aeroparque. Lo hizo como un gesto de despedida hacia quienes lo acompañaron en la campaña política permitiéndole que ofrendara un surtido de referentes del distrito, entre los cuales, varios asumirán importantes funciones el 25 de mayo.

Fernández además, prometió renunciar a su banca de legislador porteño personalmente y luego de una entrevista que lo demoró en la Casa Rosada, por eso llegó al recinto cerca de las 22.

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Antes de ese trámite, el próximo jefe de Gabinete mantuvo una reunión privada en una oficina aledaña al palacio legislativo de la calle Perú 130, en el centro porteño. Allí se vio con el futuro canciller, Rafael Bielsa y dos colaboradores de éste, Eduardo Valdes y Guillermo Oliveri, autoridades a la vez del partido político del ahora ex candidato a jefe de Gobierno de la Ciudad.

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• «¡Cuántos kilos perdiste!, lo saludaron a Fernández como si hubiera llegado de un centro estético, tras las felicitaciones de ocasión. A ese trío el jefe de gabinete de Kirchner le llevó varias nuevas. Una es que ya estaba el consenso presidencial para que Oliveri asuma en la secretaría de Cultos de la Cancillería tal como lo había sugerido Bielsa y anticipó este diario. Otra es que tampoco habría objeción para que Valdes, quien se negó a ocupar la titularidad de alguna otra secretaría importante del ministerio, se quedara como jefe del gabinete que resuelva Bielsa
. El resto del staff del Ministerio de Relaciones Exteriores, quedó a estudio y armado definitivo de Bielsa y su flamante equipo con consulta a Kirchner vía Fernández.

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Fernández por su parte se enteró en esa tertulia que Bielsa, por la mañana de ayer, se había reunido con monseñor Jorge Bergoglio. Lo hizo en su carácter de canciller designado y acompañado del propuesto secretario de Cultos, Oliveri, para presentarse, una cuestión formal que Bielsa no quería postergar. Bergoglio conocía a Oliveri de cuando el legislador porteño estuvo a cargo de la Comisión de Vivienda y realizó un trabajo social en ese sentido en las villas de emergencia de la Capital Federal, juntamente con los sacerdotes que llevan tareas en esos barrios carenciados.

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«Monseñor, yo propongo a Oliveri en la Secretaría de Cultos, pero me gustaría escuchar, sus sugerencias», expresó Bielsa al levantarse de la reunión en la cual Bergoglio le habló de detalles del tedéum del domingo. «Muchas gracias, pero me han hablado muy bien de ustedes, muy buenas referencias», les dijo el sacerdote una vez que coincidieron en una política de pluralidad de cultos, pero no de sectas. «Además nunca un funcionario me concedió tanto».

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Con la hechura del Ministerio de Exterior, no solo se desarma una candidatura porteña, la de Bielsa sino que el «bielcismo» se queda sin representación legislativa, ya que sus principales referentes emigrarán a la Cancillería y los legisladores que los reemplazarán no tienen afinidad con el kirchnerismo, que se conozca. Una es la actriz Elena Cruz, quien sigue en la lista que llevó la fórmula Cavallo-Béliz, tras la renuncia de Fernández. De la misma nómina se irá Oliveri que dejará el lugar para el belicista Gabriel Picciano, mientras que Valdes, que asumió con la boleta de Irma Roy, deja el lugar para Cristina Nieto, la sobrina nieta de Eva Perón.

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De todas formas, Fernández prometió a sus aliados que en breve retomarán el tema Capital Federal con miras a las elecciones porteñas del 24 de agosto, donde Aníbal Ibarra está abriendo espacios para que se postulen candidatos a legisladores del bielcismo, una tropa de la que al parecer no reniega la nueva socia política del jefe porteño, Elisa Carrió.

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