Casi como un tiro en la nuca o, si se prefiere otra imagen menos violenta, apartados de la fila luego de haber ingresado en ella, se sienten hombres del corazón de Duhalde como Alfredo Atanasof o José Pampuro. Ellos, que construyeron a Néstor Kirchner, fueron avisados por él mismo de que no serán de la partida. La lista sigue, los esperanzados en continuar eran muchos más, pero el celo santacruceño por mostrarse libre de cualquier presión fuerza el retiro de aliados recientes como si fuesen casi enemigos. Bajo ese clima, hoy arde el duhaldismo. El jefe, mientras, no ofrece respuestas.
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