Mauricio Macri, que tomará su cargo de jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires el próximo lunes, esperaba anoche que la Legislatura porteña le sancionara cuatro leyes clave que necesita en su gestión. El Presupuesto, la norma tarifaria con aumento de impuestos y una ley especial que le permitiráendeudar al distrito. Lo conseguía, claro, a un doble costo, que lo hace incursionar en cómo será de aquí en adelante el trato con los legisladores. Por un lado, aceptó todas las imposiciones del kirchnerismo para poder emitir deuda, pero por otro debió regalar una canasta navideña de partidas presupuestarias a peticiónde bloques opositores, al módico preciode $ 117 millones, repartidos con variadosfines y para diversas jurisdicciones. Todo un aprendizaje de cómo se logran en ocasiones los consensos, para un mandatario que debuta renegando de las prácticas políticas. Al menos, eso dice.
Fernando Iglesias (ARI), Roy Cortina (Socialismo), Vilma Ibarra (Frente para la Victoria) y
Patricia Bullrich (ARI) fueron los primeros diputados en jurar por la Capital Federal.
Mauricio Macri iniciará su gestión porteña, el próximolunes, con algo, al menos, de lo que quería conseguir de los legisladores porteños y un extra: debutará como un experto en las costumbres de «la casa», como llaman a la Legislatura porteña, y las tramas que deben atravesarse para lograr la sanción de una ley importante. Hasta conoció lo que es la «canasta navideña de leyes», esas cuya sanción se pide como canje de otras. Claro que no requiere ese aprendizaje finas destrezas, todo lo contrario, según viene conociendo Macri.
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El martes a la noche, el kirchnerismo había sentenciado que no habría ley de Presupuesto 2008 si no se presentaba en forma separada una norma para solicitar que la Ciudad se endeude y que además contara en detalle en qué se iban a gastar tantos millones a cuenta con préstamos.
Ayer, de pronto, el paquete de leyes económicas vio la luz en el recinto (una manera de decir, ya que se comenzaba a debatir de noche) y los votos K alineados. Macri debió ceder, claro. En parte lo hizo al aceptar una ley individual (y redactada por el kirchnerismo) para la deuda y entregar 16 páginas sobre el detalle de las obras que le insumirán $ 1.604 millones aparte del Presupuesto.
La pregunta claro, era cómo si la noche anterior había tensión y puja política, de pronto el macrismo encontró el camino.
Lo cierto es que a fin de año se acumulan pedidos de variado origen y en especial cada dos años, cuando hay legisladores -como en esta ocasión-que dejan sus bancas.
Así le apareció a Néstor Grindetti -ministro de Hacienda de Macri, desde la semana que viene-un listado que le insumía apenas cerca de $ 450 millones en partidas diversas.
«No. Lo votaremos la semana que viene y listo», fue la respuesta del macrismo ante la suma acumulada. Pero, se jugaba Macri el fracaso en intentar que esta Legislatura aún no renovada le vote la ley, el de no lograr consenso y tener que apelar a la mayoría que tendrá en el recinto a partir del lunes próximo y hasta la carrera del peronista macrista Diego Santilli, quien debuta ya ensayando el lugar que le dejará Santiago de Estrada, que no es solamente el de conductor de «la casa», sino el de quien ha logrado prácticamente todos los acuerdos en los últimos cuatro años.
Práctico
Grindetti, aseguran testigos de la escena, fue práctico. Borró de la canasta todas las peticiones de sus propios legisladores y comenzó a conversar con la oposición. En un minuto los $ 450 millones bajaron a menos de $ 200 millones. Por la tarde quedaba una cifra cercana a los $ 117 millones destinada para rubros varios. Por ejemplo, unos $ 50 millones se repartían al Consejo de la Magistratura para obras en edificios y acomodamiento salarial. Unos $ 3 millones se agregaban para las eventuales elecciones de juntas comunales, a cuya votación debería convocar Macri ya en enero próximo. También se imponía una partida para el laboratorio de especialidades medicinales del Estado porteño, que se crea a partir de una ley sancionada la semana pasada y que debe promulgarse. Otra partida iba destinada a solucionar problemas de deuda de propietarios con viviendas sociales del Instituto de la Vivienda porteña. Y así, una catarata de peticiones, especialmente del kirchnerismo, como también de la Coalición Cívica, que recibía con agrado una partida para la construcción de un colegio que iba a levantarse en terrenos que finalmente fueron restituidos al Club San Lorenzo de Almagro.
Esa lista aparece en las bancas a último momento, durante la discusión de la ley y no se da a conocer antes, a lo sumo se lee en los bloques cuando se terminan de urdir los «acuerdos».
Así y todo, la sesión, a las 21.30, aún no había comenzado. En los bloques revisaban la nueva ley de endeudamiento que había pasado de $ 1.628 millones a $ 1.604, donde se incluía una partida para la urbanización de villas y barrios carenciados, puentes para la Autopista Ribereña, y otras obras por $ 360 millones. Para parques, plazas y calles se destinaban unos $ 198 millones; para hospitales $ 237 millones; para la construcción de hogares y paradores unos $ 71 millones y para escuelas unos $ 378 millones, todo dentro del fondo de « infraestructura social». De la bancada kirchnerista, el titular de la Comisión de Presupuesto, Juan Manuel Olmos, explicó que «el macrismo aceptó la propuesta de que el endeudamiento esté atado a obras especificas por una ley aparte del Presupuesto, por eso firmamos además un despacho para la creación de un fondo de infraestructura social». Es decir, aparte del Presupuesto,cercano a los $ 11.000 en recursos. El monto del fondo se obtendrá «a través de bonos, del sistema financiero o de organismos multilaterales, aunque esto último no es sencillo en el corto plazo», según explicó Santilli.
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