21 de julio 2008 - 00:00

Cancillería cita para hoy a DAIA y AMIA

Aldo Donzis (DAIA); el embajador de EE.UU., Earl Anthony Wayne; el ministro de Justicia,Aníbal Fernández; y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, el viernesen el acto por la AMIA.
Aldo Donzis (DAIA); el embajador de EE.UU., Earl Anthony Wayne; el ministro de Justicia, Aníbal Fernández; y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, el viernes en el acto por la AMIA.
El vicecanciller Victorio Tacetti estaba parado junto al ministro de Justicia, Aníbal Fernández; el embajador de Estados Unidos, Earl Anthony Wayne; y el presidente de la DAIA, Aldo Donzis; desde el escenario Luis Czyzewski, padre de Paola y orador designado por el grupo Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado contra la AMIA desgranaba acusaciones -menos ríspidas que años anteriores, es verdad- contra el gobierno por su inacción en la captura de los iraníes acusados por la Justicia argentina de organizar y financiar el ataque terrorista. Dos de ellos habían estado en Arabia Saudí, recordó, sin que la Cancillería hubiera hecho demasiado para propiciar su encarcelamiento y extradición por Interpol.

Tacetti, aun antes de que Czyzewski terminara su discurso, le dijo a Donzis al oído que lo invitaba el lunes (o sea, hoy) a su despacho para explicarle qué se había hecho sobre el «tema iraníes» desde que Interpol los pusiera en «código rojo». El funcionario, horas más tarde y ya asentado el polvo de los discursos, amplió el convite al propio Czyzewski y al titular de AMIA, Guillermo Borger, el otro orador de esa fría mañana frente al reconstruido edificio de la calle Pasteur. Hoy a las 11, entonces, se concretará esa reunión. 

Los familiares habían sido un día antes los elegidos por Cristina de Kirchner -podría decirse minutos después de decidir continuar al frente de su cargo, según todas las versiones- para comunicar que el presidente de Venezuela, Hugo Chávez, había aceptado recibir a Ronald Lauder, titular del Congreso Judío Mundial con el fin de mejorar la difícil situación que atraviesa la relación de la comunidad hebrea de ese país con el régimen bolivariano.

Esa había sido la misión, como adelantó este diario, que trajo a Lauder a la Argentina hace menos de un mes. De hecho, en el diálogo con este diario Lauder eludió responder si aceptaría viajar a Caracas para hablar con Chávez de ese tema y de la sospechosa relación de Venezuela con Irán. El dirigente optó por el clásico: «No comments...» El dato era, sin embargo, cierto.

Igual, los familiares de las víctimas no ocultaron su desagrado por la ausencia de Cristina de Kirchner, una habitué de los actos de los 18 de julio. «Fue lindo que nos recibiera en la Casa Rosada, pero mejor habría sido que viniera», declaró Olga Degtiar, madre de Cristian, uno de los 85 muertos de aquella fatídica mañana de 1994.

  • Sorpresa

    La agradable sorpresa fue el discurso de Borger: además de los términos -más duros con el gobierno que el de los familiares- fue recibido y despedido con aplausos por los concurrentes, a pesar de los ataques que recibió aun antes de asumir su cargo por supuestas declaraciones periodísticas. El dirigente volvió a reclamar -como había hecho su antecesor y rival político Luis Grynwald- que la Argentina reduzca al mínimo sus relaciones comerciales con Irán, dado que las políticas están ya al nivel más bajo que permite la diplomacia. Este año, quizá por el color político interno del nuevo gobierno de AMIA, se vieron más «kipot» (solideos) en las coronillas de los asistentes al acto. Por caso, el ex titular de la mutual Abraham Kaúl -del laico partido Avodá- se ubicó junto a su rival político Sergio Bergman luciendo una «kipá» blanca. En cambio, anteriores presidentes de DAIA como Jorge Kirszenbaum y José Hercman conservaron sus cabezas descubiertas, como siempre. Lo cierto es que esta vez -porque los colegios, clubes y entidades judías-hicieron un esfuerzo suplementario, la asistencia superó las 6.000 personas, un número muy superior al de años anteriores. Lo preocupante es que la concurrencia es cada vez más sólo de miembros de la comunidad hebrea, como si el caso AMIA fuera sólo una «cuestión judía».

    Quizá por eso cada 18 de julio va pareciéndose lentamente al Iom Kippur (Día de la Expiación), el día más sagrado del calendario judío. Cada año se entonan los mismos cánticos, se rezan las mismas oraciones y se cierra exclamando tres veces «Shaná Habá B'Irushalaim» (El Año que Viene en Jerusalén), un pedido de justicia que tiene que ver con la destrucción del Gran Templo por los romanos en la primera mitad del siglo I y la expulsión de los judíos de su tierra.
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