Cancillería cita para hoy a DAIA y AMIA
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Aldo Donzis (DAIA); el embajador de EE.UU., Earl Anthony Wayne; el ministro de Justicia,
Aníbal Fernández; y el secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, el viernes
en el acto por la AMIA.
La agradable sorpresa fue el discurso de Borger: además de los términos -más duros con el gobierno que el de los familiares- fue recibido y despedido con aplausos por los concurrentes, a pesar de los ataques que recibió aun antes de asumir su cargo por supuestas declaraciones periodísticas. El dirigente volvió a reclamar -como había hecho su antecesor y rival político Luis Grynwald- que la Argentina reduzca al mínimo sus relaciones comerciales con Irán, dado que las políticas están ya al nivel más bajo que permite la diplomacia. Este año, quizá por el color político interno del nuevo gobierno de AMIA, se vieron más «kipot» (solideos) en las coronillas de los asistentes al acto. Por caso, el ex titular de la mutual Abraham Kaúl -del laico partido Avodá- se ubicó junto a su rival político Sergio Bergman luciendo una «kipá» blanca. En cambio, anteriores presidentes de DAIA como Jorge Kirszenbaum y José Hercman conservaron sus cabezas descubiertas, como siempre. Lo cierto es que esta vez -porque los colegios, clubes y entidades judías-hicieron un esfuerzo suplementario, la asistencia superó las 6.000 personas, un número muy superior al de años anteriores. Lo preocupante es que la concurrencia es cada vez más sólo de miembros de la comunidad hebrea, como si el caso AMIA fuera sólo una «cuestión judía».
Quizá por eso cada 18 de julio va pareciéndose lentamente al Iom Kippur (Día de la Expiación), el día más sagrado del calendario judío. Cada año se entonan los mismos cánticos, se rezan las mismas oraciones y se cierra exclamando tres veces «Shaná Habá B'Irushalaim» (El Año que Viene en Jerusalén), un pedido de justicia que tiene que ver con la destrucción del Gran Templo por los romanos en la primera mitad del siglo I y la expulsión de los judíos de su tierra.



