Elisa Carrió lanzó ayer que resolvería «la sensación de humillación» que cree tienen los integrantes de las Fuerzas Armadas, si llegara a la Presidencia. También reivindicó la labor de la Policía y aseguró que lo central de su gestión sería la lucha contra el «paco».
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Carrió y su pareja electoral, el socialista Rubén Giustiniani, simularon ayer estar en un programa de TV para presentar las propuestas de un eventual gobierno, al que querrían acceder en octubre. Escenografía más o menos lograda, lo cierto es que la dupla se lanzó a la campaña dando a conocer algunas modalidades que tendría la Presidencia, si la ocuparan.
En la sala Pablo Picasso del complejo porteño La Plaza, los dos vestidos de traje negro -ella de seda, claro- y camisa blanca, se sentaron en sillones blancos sobre piso negro, con una mesa ratona mediante y detrás cuatro pantallas de plasma que retransmitían sus caras.
Santiago Kovadloff ofició de preguntador, y la candidata y su vice respondían lo que ya sabían que iban a ser interrogados. En ese simulacro, Carrió aseguró que si llega al gobierno nacional iba a cambiar las relaciones con las Fuerzas Armadas.
Humillación
«Las Fuerzas Armadas tienen una sensación de humillación muy grande, y es algo que hay resolver», expresó y dijo que «tiene que haber un nuevo trato» con los militares que implica que exista «verdad y justicia para los responsables de los crímenes de lesa humanidad». «No puede ser que por lo que hicieron mil personas se juzgue a todos», consideró la candidata.
También Carrió habló de «un nuevo trato» para el campo, dijo que la oligarquía terrateniente no existe porque «la reforma agraria la hicieron las herencias» y que deben bajarse y eliminarse retenciones -carne y lácteos-, pero «tampoco tienen que evadir, porque a veces cuentan menos vacas».
«La Nación se puede gobernar desde otro lugar, desde otro diálogo y otro consenso, y no desde la hegemonía de un matrimonio. Ya lo demostraron Tierra del Fuego y Santa Fe», se animó Carrió.
Giustiniani alentó la gobernación a través de coaliciones, y la candidata dijo que hay que sostener un dólar «lo más alto posible compatible con la estabilidad de precios».
En la tribuna estaban su eventual ministro de Economía, Alfonso Prat-Gay, ex titular del Banco Central, sentado al lado de Margarita Stolbizer, Pedro Lacoste, Adrián Pérez (postulante a diputado nacional) y Gerardo Conte Grand, de quien reiteró será su jefe de Gabinete. En otra fila se vio a Fernando Iglesias, Juan José Sebreli, el ex fiscal Norberto Quantín y legisladores porteños como Enrique Olivera.
Los candidatos también defendieron «un modelo sindical pluralista que no esté centrado en una única personería gremial», prometieron recuperar «el dinero mal habido de la corrupción» y reiteraron el programa de «ingreso ciudadano para la niñez y la vejez». Pero, Carrió dijo que «no voy a dar de baja ningún plan social, hasta que estén los nuevos».
El eslogan de la campaña de la Coalición Cívica se replicó en las pantallas de TV: «Ya estamos para un país mejor». La consigna la acompañaron de otras previas: «Ya aprendimos que segundas partes no son buenas» o «Ya aprendimos que la Justicia lenta no es Justicia».
Carrió confió que debía «ser moderada» y suavizó así sus críticas al gobierno, del que dijo maneja el país «como una provincia, se enoja con los diarios y anuncia obras públicas».
Sobre la política exterior, consideró que «no es una serie fotográfica continua» y habló de tener una «muy buena política exterior con los Estados Unidos, que no es tener buena relación con Bush».
Además criticó a los diputados. Consideró que muchos «son inflexibles por ignorantes, porque no pueden ni correr una coma» y aseguró que le gustaría «jerarquizar el Parlamento». Repitió que, si llegara a la Presidencia, tras completar el mandato se retiraría de la carrera política.
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