El hombre que quiere hacer una revolución violenta en la Argentina fue a Corrientes. Lo recibió el gobierno de Colombi de inmediato y, atemorizado para que no ordene actos piqueteros, le concedió créditos para 72 viviendas y 5.000 kilos mensuales de comida para sus milicias de calle. Al salir de la Casa de Gobierno correntina, Castells les dijo a unos 100 piqueteros que lo habían acompañado: «Vayan tranquilos a tomarse un vino a sus casas, hoy le ganamos a Colombi». En Córdoba, al revés del mandatario correntino, el gobernador José Manuel de la Sota declaró que observaba «señales de autoritarismo en el movimiento piquetero». Por eso se reunieron 2.000 activistas de cortes de ruta para insultarlo. Castells seguirá con sus giras extorsivas por el interior del país, donde argumentan algo lógico: los piqueteros nacieron en rutas del interior y se proyectaron sobre la Capital Federal y el Gran Buenos Aires. Pero, alentados por la demagogia de Duhalde primero y Kirchner después, temen que ahora vuelvan robustecidos al interior.
La señal de alerta se encendió ya en algunas provincias, que no quieren ver reproducirse en sus distritos la escalada piquetera de los últimos días en la Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense.
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El clima comenzó a enrarecerse en los últimos días con un
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