El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La condición de no dar protagonismo a Moyano y los suyos tiene varias razones. En primer lugar, los sindicalistas negociadores dominan la principal cantidad de delegados del congreso de la CGT. Es cierto que para eso deben apelar al apoyo de dos sectores aliados pero no propios: los «solidarios» de Alfredo Atanasof (duhaldistas) y el Movimiento Obrero con Propuestas (MOP), que encabezan Antonio Cassia, Oscar «Barthes» Mangone y Vicente Mastroccola. El apoyo de estas dos agrupaciones es crucial para Carlos West Ocampo, Armando Cavalieri y Oscar Lescano si quieren garantizarse la mayoría holgada de esa asamblea. Por eso no habría que descartar que el próximo secretario de la CGT provenga de una de estas corrientes, sobre todo del MOP. Un mal mensaje para el gobierno: tendría delante de sí a un menemista y, casi seguro, perteneciente al sector de las empresas privatizadas.
Sin embargo, ese mismo procedimiento se proyecta sobre otro campo, el de las obras sociales. Al mantener, en los papeles, el nivel de afiliados de sus «cajas» como en tiempos del pleno empleo, los gremialistas gozan de subsidios mayores. En efecto, lo que cada obra social retira de la caja común «solidaria» tiene relación con los afiliados que declara. Si se hiciera caso a los corolarios de lo que denunció Palacios, habría un estallido por fraude en las cuentas de todo el sindicalismo.
Dejá tu comentario