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Se dirá, como ya se dijo en este diario, que el programa de comercialización de maquinaria agrícola en Venezuela ya está en curso y que de él se benefician especialmente las compañías santafesinas (hasta el suizo Carlos Reutemann ha comenzado a mover el pie al ritmo del joropo petrolero). Pero a Kirchner lo está esperando una novedad dentro de esa ola de ventas: Chávez quiere contratar un programa completo de equipamiento y capacitación para el agro venezolano.
Para Kirchner el encuentro con el presidente de Venezuela equivale, en la valuación de sus «técnicos», a un acto de medio porte en la segunda sección electoral de la provincia de Buenos Aires (para fijar un criterio, un lleno en River, algo que nadie se atrevió a ofrecerle al matrimonio todavía, está valuado casi como un acuerdo con el Fondo). Chávez hablará de una inversión de u$s 500 millones, que se desembolsarían en cinco años. El primer tramo se destinaría a la compra de tractores. Desde la Cancillería, anoche se le enviaron a la embajada venezolana en Buenos Aires las carpetas con los prospectos de esos bienes y, además, un programa de capacitación completo para el campesinado caribeño. Como suele suceder con los relatos políticos de moda en variospaíses de Sudamérica, las decisiones administrativas parecen derivarse de los sentimientos subjetivos de los gobernantes. Por ejemplo, el diplomático venezolano que realizó las gestiones ante el Palacio San Martín, ayer, expresó lo siguiente: «Al presidente Chávez le gustaron mucho las máquinas que vio en la exposición de Barinas y por eso vamos a invertir en esos productos».
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