Mauricio Macri y Juan Carlos Blumberg se pusieron ayer a la cabeza de una alianza opositora. El padre de Axel, como adelantó este diario, confirmó que hará política, pero pidió hasta marzo para definir cómo, dónde y con quién lo hará.
La incertidumbre sobre la cita prevista para hoy entre Juan Carlos Blumberg y Roberto Lavagna se entiende por la presión que le pone el padre de Axel al perfil que el ex ministro quiere darle a su candidatura presidencial: no la negocia con nadie, menos con competidores por el mismo cargo, menos aún con quienes están por encima de él en las encuestas (Mauricio Macri, Elisa Carrió).
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Lo sabe Blumberg y se lo dijo a Macri ayer en el momento más sustancial de la reunión que mantuvieron en el departamento del presidente de Boca en Barrio Parque (Ocampo al fondo, a la vuelta de donde vivía hasta la separación): Lo veo a Lavagna para cumplir pero ya por adelantado doy por concluida la gestión. Ha desairado siempre la idea de un frente o de una alianza, pero que me lo diga.
Macri, que no sonríe nunca, paladeó ese juicio, el más ácido que salió de la boca de Blumberg: «Yo intenté esa alianza, pero fracasé. Ojalá que usted pueda lograr que se siente a conversar un programa sin hablar de candidaturas».
En la ronda de café a la que convocó Macri apenas terminó la charla, le tomó más el gusto a la presión sobre Lavagna que significa un desaire al padre de Axel. ¿Se va animar a decirle que no a Blumberg? ¿Está listo a pagar el costo que eso implica? Impecable, cree Macri, para arrinconarlo en la cornisa en la que resiste Lavagna.
La reunión fue a las 12, duró apenas una hora y el dueño de casa sólo pudo ofrecer agua. Vive solo y tiene atención doméstica por hora; y más cuando está de vacaciones. Blumberg hace alardes de austeridad y no esperaba más cuando ingresó al piso que Macri tomó de su hermano cuando se fue a vivir al Brasil. Se ríen sus hijos cuando lo visitan y se sorprenden con el espejo que está en la entrada. «Es para verte candidato», le dicen. Blumberg ya conoce la anécdota.
No son amigos, pero se tratan con consideración; han cenado una vez y almorzado otra y esta vez Blumberg había pedido que estuviesen solos. Fue para decirle que, como adelantó este diario, va a hacer política.
Macri: Política hay que hacer. ¿Dónde? Donde sea, en la fundación se puede hacer algo, pero la inseguridad sigue aumentando.
Blumberg: El garantismo gana en todos los países de la región. Pero le vengo a decir que sí voy a hacer política.
M.: PRO está abierto a eso.
B.: Pero hay que definirse...
M.: Claro, hay que definirse.
Puede haber sido el único momento para una sonrisa entre los ingenieros. ¿Será Blumberg candidato a diputado, gobernador o vicepresidente? El padre de Axel, que lee los diarios, le devolvió la pregunta. «¿Usted cuándo va a definir a qué va a ser candidato?»
M.: Las puertas de PRO están abiertas a lo que quiera.
B.: Pero parece bueno esperar a que usted decida también a qué se va a postular.
Macri repitió aquí el monólogo del «estoy trabajando para presidente», pero -agregó- me sumo a esta idea de armar una mesa que hable de programas más que de candidaturas.
B.: A eso vine. Le agradezco, ahora tengo que hablar con Carrió, con Lavagna, con Sobisch, con Puerta, con López Murphy. Pero le repito, voy a hacer política. Dénme hasta marzo para decir cómo y dónde voy a hacer política.
En la ronda del café posterior esta respuesta habilitó un nuevo canal: que Blumberg sea candidato «con» PRO pero no «de» PRO.
En la ladera abajo de la charla hubo caricias y anécdotas. Macri recompuso el que cree es rol de su contertulio: «Usted tiene un perfil alto y una autoridad que le ha dado una desgracia. No sabe el valor que tiene lo que puede hacer».
Acomodando carpetas, Blumberg le dejó una inquietud, casi un problema: «¿Va a estar por Mar del Plata?».
M.: Sí, desde el jueves hasta el sábado...
B.: Qué bueno, estamos armando una marcha para pedir justicia con la madre de una chiquita a la que mataron. Vamos a ir con Marcelo Bragagnolo, Constanza Perl, con Francisco de Narváez...
A Macri le cayó la ficha de tamaño compromiso, tener que caminar junto a su amigo-adversario. «Tengo que ver la agenda», le dijo a Blumberg. Hasta anoche, de regreso en Punta del Este, Macri prolongaba la ronda de café preguntando si debe aparecer en esa foto o mejor que no. «Mejor que no», ganaba por paliza en las consultas.
El resto, anécdotas, pero con fundamento. Blumberg le contó sus vacaciones europeas, con dedicación especial a España: «¿Vio al pobre Zapatero? -le dijo-Se cortó solo en el acuerdo con la ETA y mire cómo terminó... Acá tenemos que aprender de esas experiencias. Hay que juntarse, unirse, es la única manera de lograr algo. Para no terminar como Zapatero».
Al salir, chismes de barrio. «¿Sabe quién vive ahí enfrente?», lo ilustró Macri al visitante: «Carlos Bianchi... sí, el mismo, el que estuvo en Boca». ¿Bianchi?, pensó Blumberg. A ése también lo tengo que ver.
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