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19 de junio 2006 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Roberto Lavagna y Jorge Bergoglio
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


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Util el panorama del columnista porque aporta expresiones de Néstor Kirchner en el estilo habitual de quienes conversan con él off the record y no en reportaje, formato periodístico que el Presidente elude por la trampa que cree pueden ser las repreguntas y el debate que surge del diálogo. Lo más importante puede llegar a ser un adelanto, si se confirmase: que la empresa española ENCE podría anunciar en los próximos días el cambio de localización de la planta productora de celulosa que tiene proyectada para Fray Bentos. Esta idea no es nueva como solución al problema que plantea la instalación eventual del que sería el polo celulósico más grande del mundo por la cercanía de esta fábrica con la de la finlandesa Botnia, ya en construcción. La expuso este diario como la verdadera solución a la polémica que divide a la Argentina de Uruguay. Hasta ahora nunca pasó de una recomendación o de una especulación que permitiría impedir la contaminación sobreviniente de la producción anual de más 1,5 millón de pasta celulósica.

«La española ENCE estaría dispuesta a cambiar el lugar de su fábrica y sacarla de Fray Bentos; al revés que la finlandesa Botnia, ENCE no comenzó aún la construcción de su fábrica. Botnia debería, a su vez, hacer el aporte al acuerdo que todavía no ha hecho», dice textualmente el columnista. Ayer voceros de la empresa negaban que esto fuera a ocurrir. ¿Se lo dijo el Presidente al columnista, que atribuye frases textuales de Kirchner dichas presuntamente a él? Si no es cierto, ¿qué se persigue con esa publicación ya que tendría origen en el gobierno?

El resto de la columna glosa expresiones de Kirchner sobre los hechos de la semana y también son importantes de registrar:   

  • «Si los obispos católicos de los dos países encontraran una fórmula de diálogo, yo me sentaré donde me digan. Quiero el acuerdo. Estoy dispuesto al acuerdo», son las otras expresiones del Presidente sobre la crisis de las papeleras.   

  • «Soy un hombre constitucional. Se votará en octubre.» Con esta frase el Presidente descartaría un adelantamiento de las elecciones a marzo próximo, cumpliendo así el mandato para el cual fue votado.   

  • «Marsans debe seguir al frente de Aerolíneas. Yo no quiero tener ni una avioneta a mi cargo. ¿Alguien se acuerda de cómo estaba Aerolíneas cuando la tomó Marsans en medio de la crisis?» El columnista niega una estatización de Aerolíneas Argentinas aunque admite que habría un aumento del capital estatal a cambio de aprobación de balances y aumentos de tarifas.   

  • «La democracia acepta a todos» es lo que se le hace decir al Presidente sobre el lanzamiento de Roberto Lavagna, una expresión que más parece un consuelo que un brindis y que ilustra el enojo con el cual Kirchner recibió la noticia de que tiene un contrincante para 2007 y del cual salen todos los días testimonios jugosos del área presidencial de la Casa de Gobierno.

    GRONDONA, MARIANO.
    «La Nación».


    El columnista ofrece un esquema sintético sobre cómo se han conjugado en la Argentina las tendencias contradictorias de estatismo y privatismo. Diagnostica que el gobierno Kirchner no manifiesta la intención de llevar a cabo una «estatización masiva» pese a que ha avanzado sobre aguas, ferrocarriles, espacio aéreo, correos, carbón petróleo, satélites, aviones y aeropuertos.

    En el movimiento pendular entre ambas tendencias, el país acuñado en la década de los años 30, con fuerte impronta militar, desarrolló un modelo estatista que culminó en los 80 con el fracaso bajo la administración Alfonsín. El impulso estatizante de Kirchner, aunque no «masivo» sería, según Grondona, el regreso a esa ilusión.

    Los 90 de Carlos Menem fueron los años del «privatismo imperfecto», un « seudocapitalismo» -así lo califica- en el cual faltó lo más importante de un modelo capitalista: un Estado serio y confiable.

    Como en todas estas síntesis que aporta Grondona, lamenta que el país haya boyado entre extremos imperfectos que han conducido al fracaso y llama a que el país no esté en las puerta de otra desilusión.

    VAN DER KOOY, EDUARDO.
    «Clarín».


    El columnista registra los primeros esbozos del enfriamiento del entusiasmo en la oposición ante el lanzamiento de Roberto Lavagna. Sólo ha renovado esperanzas de recambio, dice Van Der Kooy, pero no garantiza que sea una alternativa de poder eficaz. La división en el radicalismo -cuya mayoría de gobernadores se mantiene junto al presidente Kirchner- y lo que considera es una picardía del macrismo -que hizo conocer alguna adhesión a través del diputado Eugenio Burzaco- ayudó a lo que describe el columnista como algo que se desinfla.

    Buena parte de la columna se desliza por especulaciones sobre en qué contexto podría recuperar Lavagna vuelo. Primero que nada, un escenario de catástrofe que nadie -ni Lavagna- ve en el horizonte. Sin problemas en cuanto a crecimiento o inflación, podría haber nubarrones, dice Van Der Kooy, en mantener el superávit, la llegada de inversiones, o el sector energético.

    Como los demás columnistas de ayer, hay un capítulo dedicado al viaje a España que se resuelve en una descripción de la agenda madrileña y en la expresión de deseos que una mejora en las relaciones con Francia e Italia.

    VERBITSKY, HORACIO.
    «Página/12».


    En cualquier momento habrá que plantear un hábeas corpus para que este columnista regrese del túnel del tiempo. De nuevo se enreda en el empeño de armarle al Presidente -destinatario de estas verdaderas Cartas al Príncipe que son sus columnas- un frente opositor para que sacie su sed de pelear. Ese bloque, afirma Verbitsky, lo encabeza Jorge Bergoglio a quien califica del «mayor activista político que ha producido la Iglesia desde el retiro de Antonio Caggiano». ¿Qué pensarán de esta afirmación los sacerdotes tercermundistas que han creído hacer activismo político, y algunos hasta sufrieron martirio, con esta comparación? (para elegir a los del signo predilecto de Verbitsky, porque también los hubo de otras ideologías)?

    El los culpa también a Jorge Casaretto ( organizador de reuniones con sindicalistas), Antonio Baseotto (vicario castrense sin aval oficial y predicador en la última misa ante veteranos de Malvinas) y Héctor Aguer (obispo de La Plata). Ese grupo persigue, según Verbitsky, crear «agitación social» para que el gobierno frene la reapertura de los juicios a ex militares por crímenes de lesa humanidad. Dice este columnista que el bloque de obispos profesa el «relativismo moral» y entiende que la palabra «reconciliación» es sinónimo de «impunidad». El tono de los sermones de Bergoglio el 25 de Mayo y de Baseotto la semana pasada sobre Malvinas coinciden con el inicio de algunos de esos juicios y buscarían frenar los procesos.

    Ese grupo de adversarios del Presidente lo completan de manera lateral el embajador de España, Carmelo Angulo (que dice ejerce ese cargo «por ahora», como si anunciase su relevo), y hasta Roberto Lavagna en el rol de precandidato presidencial.

    Para sostener sus argumentos Verbitsky apela a la autoridad del relato histórico. Pero con precariedad de aficionado cuenta la historia del vicariato castrense como usina autoritaria sobre las Fuerzas Armadas como si la Iglesia fuera un partido más de la Argentina. Cualquier historiador le recordaría que las posiciones de la Iglesia Católica ante la política y la democracia de partidos han sido desde el siglo XVIII un fenómeno universal con articulaciones nacionales. Como recorta todo al contexto nacional Verbitsky dice que durante el primer gobierno de Juan

    Perón el vicariato castrense fue «reducido a su mínima expresión», cuando es inexplicable ese gobierno sin el rol dominante que le dio aquel presidente a la Iglesia Católica, justamente por adherir a los principios que sostenía en los años 30, 40 y 50 frente a la democracia de partidos. Sostener lo contrario es leer hacia atrás la historia desde la pelea con la Iglesia sobre el final del gobierno de Perón donde hubo un giro total que terminó con excomuniones e incendios. Eso se llama « anacronismo», palabra que Verbitsky usa para titular su columna de ayer, pero para referirse a este partido clerical que ve despuntar en el horizonte.

    ¿Es todo odio eclesiástico lo que lo mueve al columnista? Sobre temas de Iglesia manifiesta una fascinación que podría desmentirlo. En lo político es claro que censura el acercamiento del gobierno a la Iglesia después de la crisis Baseotto y eso lo mueve a escribir dos páginas del diario donde trabaja. Ese acercamiento, sanciona, ha fracasado y la prueba son los sermones críticos de Baseotto y Bergoglio hacia el Presidente.

    Por eso anuncia -o pide, porque queda ambiguo en su columna- que Kirchner no pedirá un tedéum para el 9 de julio cuando viaje al acto en Tucumán. Para esa oportunidad habría una celebración ecuménica con pastores, rabinos e imanes, además de sacerdotes católicos, todo para irritarlo a Bergoglio, obsesión de este periodista desde hace tiempo, tanto que le está dedicando todo libro que se le ocurre escribir.
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