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Como el fútbol ha reducido la política a una actividad de bajísima intensidad, se destaca la columna de Grondona porque se remonta -como lo hace habitualmente- a cuestiones de fondo que el día a día o la costumbre no permite ver en su importancia. En este caso es la actitud del gobierno actual hacia la Fuerzas Armadas y de seguridad, las únicas que pueden darle al Estado el monopolio de la fuerza que define a todo Estado.
Cita a Pellegrini cuando hablaba de que esas fuerzas deben ser para un Estado democrático cómo leones «enjaulados» a los que se acude cuando el Estado es amenazado en su monopolio de la fuerza. ¿Podrá el gobierno actual contar con ese león enjaulado cuando lo necesite ante el avance de la delincuencia, el terrorismo o una invasión extranjera?
La agresión del gobierno a los cuerpos uniformados, según Grondona, tiene una causa ideológica doble: 1) el abolicionismo, que descree de cualquier castigo porque el victimario es a su vez víctima de un orden social injusto; 2) la consideración del uniformado como un enemigo por los resabios de una guerra civil -así la califica el columnista- que vivió en los años 70.
La advertencia esperable es que un país que humilla y discrimina a los cuerpos uniformados por ésa y otras causas -por caso, la demagogia, algo no mencionado por Grondona- se debilita ante los demás países. Algo que no parecen advertir quienes deberían tomar previsiones para el momento cuando, quizás tarde, amenacen los violentos a la esencia misma del Estado.
MORENO, SERGIO. «Página/12».
Este columnista aporta un dato bueno y presumiblemente confiable, ya que pertenece a un medio con interlocución preferencial con el gobierno: que Néstor Kirchner admitió ante los suyos que irá por un nuevo mandato presidencial. Fue, según Moreno, ante un grupo de allegados antes de viajar a Madrid. El Presidente ha jugueteado con la ansiedad de propios y extraños en esto de la reelección.
Antes de lo que relata el columnista, Kirchner había admitido tácitamente ese proyecto reeleccionista ante los mandatarios radicales que lo acompañaron a Viena ( Gustavo Posse, Julio Cobos), pero esta vez la admisión parece expresa.
Según relata Moreno, Kirchner se lamenta de que el rosarino Hermes Binner y el socialismo de su provincia coqueteen con la candidatura de Roberto Lavagna cuando Binner bien puede ganar la gobernación de Santa Fe y «va a tener que gobernar Santa Fe conmigo como presidente».
El resto de la columna es un recorrido por el espinel del lavagnismo sin mayores novedades: cómo ha resucitado al alfonsinismo y al duhaldismo, y puede terminar de precipitar los cismas en la UCR y el PJ, donde militan sectores hoy estrechamente ligados al gobierno kirchnerista.
LABORDA, FERNANDO. «La Nación».
Como su colega de «Clarín» -Eduardo van der Kooy-, dedica el grueso de su columna a un balance poco novedoso del viaje de Néstor Kirchner a España. Innova en algo que pocos observadores destacan: cómo la actitud distante hacia EE.UU., la complacencia con Hugo Chávez y la revisión del pasado de enfrentamientos civiles le han valido a José
Luis Rodríguez Zapatero críticas parecidas a las recibidas por Kirchner. Esa identificación, claro, no basta para que se los pueda alinear en el mismo bando. Kirchner, por caso, nunca tomaría una actitud ante la guerra contra el terrorismo equivalente a lo que significó el retiro de las tropas españolas de Irak. El presidente argentino no ha recibido más que felicitaciones del gobierno de Washington por las actitudes de su gobierno en ese terreno. Zapatero, para tomar el caso contrario, nunca incurriría en el destrato a sectores empresarios como los que ha hecho Kirchner él mismo o a través de sus funcionarios.
En el examen del periplo español, Laborda anota que Kirchner quiso parecer más moderado que en la visita anterior (donde puso «a parir» a la cúpula empresaria de ese país, como ilustró uno de sus anfitriones): buscó distanciarse del camino de las nacionalizaciones de Bolivia y Venezuela, países por cuyos gobiernos, sin embargo, abogó en discursos ante parlamentarios la semana pasada en Madrid.
Es útil la percepción que aporta Laborda a la definición del método Kirchner para tratar a los empresarios, que se distancia del estatismo clásico para ejercer presiones sobre las compañíaspara que remuevan a directivos poco complacientes con las directivas del gobierno hacia el sector respectivo. Esa intervención, dice el columnista, busca impedir que se formen factores de poder en el mundo empresario, político e incluso en los medios, que puedan convertirse en una amenaza a las intenciones del gobierno. Es una hipótesis que el tiempo demostrará porque hay quienes afirman que detrás de esa intención de direccionar conductas empresarias, el gobierno al final termina complaciendo a intereses privados que quieren estar asociados con el Estado porque así gozan de un socio con gastos sin fondo y protección política. Es lo que ocurriría en la asociación del Estado en trenes, aeropuertos, aerolíneas y otros negocios.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
El repaso que hace este columnista del viaje presidencial no aporta mucho porque no es novedad decir que Kirchner «provoca, a veces, confusión». Sí es un aporte que durante ese viaje a España, adonde Kirchner defendió a Evo Morales y a Hugo Chávez, se volvió a embarrar la negociación con Bolivia por el precio del gas, un trámite que lleva ya semanas y que intentarán destrabar esta semana Morales y el Presidente cuando se reúnan en Buenos Aires.
Hay detalles para retener, como que pese a la promesa de honrar la deuda de más de u$s 830 millones contraída por el país para el «blindaje», no será en un desembolso en bloque como el que se hizo al FMI, será en plazos, aunque sin quita, como se anunció, y fuera del paquete del Club de París.
También conviene retener el dato de que en Madrid Kirchner negó dos versiones que circulan en Buenos Aires: que el extravagante Guillermo Moreno pueda llegar a ser ministro y que avancen mucho los proyectos laboristas del abogado Héctor Recalde para retrotraer la legislación laboral a la que regía en los años 70.
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