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Entretenido Horacio Verbitsky en las labores propias de su oficio de historiador eclesiástico y en destruir la imagen nada menos que del beato Ceferino Namuncurá; lo mejor de este diario lo aportó ayer Mario Wainfeld.
Le tocó esta vez a él actuar en el formato periodístico del «encuentro», que es como llama al «reportaje con los Kirchner al caer el sol». (Siempre esos diálogos que mantienen los presidentes de esta etnia con la prensa amiga ocurren a esa hora; ¿nunca atienden de mañana estos Kirchner? ¿Será cierto que el Presidente es remolón para salir de la cama temprano y por eso elude los compromisos a primera hora?) Lamenta Wainfeld que los temas para preguntar y repreguntar sean tan pocos; compara este diálogo con lo que le preguntaba a Eduardo Duhalde hace cuatro años, en pleno incendio, y festeja lo bien que van las cosas. Por lo menos tiene la atención de aclararle al lector a qué fue: «El género del 'encuentro' es un formato naciente, diríase del siglo XXI en la Argentina: no tiene las reglas ni el rigor del reportaje pero tampoco le cabe la reserva del off the record. El acuerdo es comunicar el núcleo de la charla que, sin papeles ni grabador, transcurre con soltura y un poco de desorden». Un encanto.
Aquí lo principal que se puede leer en boca de los Kirchner según esta entrega de Wainfeld:
«El acuerdo social que pretendemos es eso y no un cepo social o un cepo al gobierno. Algunos suponen que vamos a ser los guardianes de sus ganancias sin exigirles nada, otros quieren recibirse de revolucionarios sin esforzarse.
Tampoco será un pacto sobre precios y salarios. Así se frustró la concertación de 1973, no es eso lo que se debe acordar».
Sobre las paritarias: «No las precisamos, en este período se cerraron cerca de mil negociaciones colectivas».
Qué se va a acordar: «Por supuesto, metas cuantificables: balanza comercial, principales exportaciones, sectores productivos a incentivar, inversiones en investigación, desarrollo e innovación. Un plan de obras públicas serio no concuerda con un período de gobierno ni con dos. Es forzoso establecer prioridades que trasciendan a la próxima gestión. En materia energética, el Estado seguirá siendo un factor importante, pero los privados deben asumir su parte y saber el rumbo de los próximos años».
Sobre el gasto: «El Estado argentino tiene recursos enormes, que funcionan dispersos: el INTI, el INTA, el INVAP, la Comisión Nacional de Energía Atómica. Son recursos enormes si se les propone un mapa conjunto».
El objetivo del nuevo gobierno es: «La segunda industrialización de la Argentina».
«Somos democráticos porque nos legitima el voto. Y somos populares porque mejoramos las condiciones de los más humildes. La derecha no nos perdona eso, nuestra condición popular. Y degrada a la democracia con un falso discurso de la seguridad. Mucha gente vive mejor con nuestros gobiernos. No pueden negar ese hecho pero inventan un sofisma: dicen que no sirve vivir mejor o tener más ingresos si hay inseguridad. O sea, contraponen la democracia a la seguridad. Los medios juegan un rol tremendo en esa confusión. Seguimos acá porque el país está mejor».
«'Progresista' -dice sobre sí misma- no indica mucho, es casi sinónimo de corrección política, sin aditamentos. Nosotros somos gobiernos democráticos y populares».
Dialoga el matrimonio para solaz del cronista:
Néstor: «Cristina ya pasó el 45 por ciento».
Cristina: «Pobrecito, está entusiasmado. El sacó tan pocos votos...».
Néstor: «Nadie creía en nadie, estaba el que se vayan todos».
Cristina: «Da las gracias. Por eso llegaste, porque venías de afuera. Los votos de ahora no son míos, los votos no son nunca de una persona, son del proyecto».
Kirchner sobre la política exterior de su gobierno: «A mí me interesa. Lo que me cuestionan no es que participe poco, sino los amigos que elegimos y las decisiones que tomamos».
Elogio del Presidente a lo que viene: «El gobierno de Cristina será distinto, porque las cosas son distintas. Y será mejor».
MORALES SOLA, JOAQUIN. «La Nación».
Recoge el columnista la noticia que dio su colega Horacio Verbitsky hace una semana sobre el proyecto kirchnerista de reformaconstitucional, y comienza a juntar leña para que esa iniciativa aborte. Detecta en el gobierno ya dos alas, una moderada, que afirma que por ahora no hay nada de eso, y otra más audaz, que se apoya en palabras de Néstor Kirchner. «Algún día habrá que cambiar la Constitución», se le atribuye haber afirmado, algo que es bien poco para alentar un proyecto.
Es acertada la afirmación del columnista cuando dice que ninguno de los problemas serios de la Argentina de hoy surge de la letra o el espíritu de la Constitución; banal, entonces, creer que modificarla traería alguna solución.
Es cierto, sin embargo, que los políticos encumbrados en el poder sólo se interesan en reformas que les mejoren la sobrevida en los cargos. El kirchnerismo pretende una reforma de la carta magna, como lo adelantó el cronista-vocero Verbitsky, para mejorar su peso en el Congreso eliminando el tercer senador, sacarse de encima el mandato de promover una Ley de Coparticipación. Para hacerla atractiva, qué mejor que proponer la eliminación de la elección directa con ballottage, volviendo al Colegio Electoral, como si los grandes distritos, con cualquier sistema, no hubieran decidido los triunfos electorales.
Morales Solá alimenta su posición antirreformista con argumentos imponderables: que no es oportuna, que no hay consenso. Y le mete miedo al oficialismo con una presunción terrorífica para el kirchnerismo: en una elección de constituyentes, ¿no podría el oficialismo sufrir, con tanta volatilidad que tiene la opinión pública cuando va a las urnas, un revés electoral que terminase con éste y con otros sueños?
GRONDONA, MARIANO. «La Nación».
Feliz el profesor al abandonar las etimologías y los juegos de palabras, y ahondar en un tema -esta vez las retenciones al agro- en profundidad. Aborda el tema del avance del Estado sobre la producción agrícola en el último siglo y medio, y detecta tres razones para imponerle gravámenes: una es histórica, según la cual el campo debía capitalizar el surgimientode la industria, rumbo frustrado al imponerle al peronismo la misión al sector de producir alimentos baratos para habitantes con salarios baratos por el proteccionismo. Una segunda razón es política, según la cual el Estado le impone al campo la misión de aportar al superávit fiscal, que acapara en la gestión Kirchner, de manera voraz, el Estado. Se queja Grondona de que las provincias no reciban alguna cuota de las retenciones, argumento que esgrimen los gobernadores cuando claman por la coparticipación de ese tributo. Mejor que no hagan más, porque cuando se vote una ley de coparticipación de las retenciones, no se las sacará nunca más el campo de encima.
La tercera razón es ideológica y es, según el léxico marxista, equivalente a una exacción sobre la plusvalía de la actividad agropecuaria. En este sentido, las retenciones las considera Grondona una confiscación de riqueza a la que el sector contesta derivando inversiones a negocios fuera del país.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
Sin mucha información, especula el analista dominical del monopolio qué puede cambiar y qué no en la nueva gestión kirchnerista que se inicia el 10 de diciembre. Se deja llevar por la música del oficialismo, que ha tratado de instalar en la opinión pública que podría haber algunas modificaciones de estilo o de fondo en el gobierno. Algo disparatado cuando el objetivo del Presidentede poner a la señora como sucesora lo que busca es, precisamente, que nada cambie. Si buscase lo contrario, hubiera promovido otro tipo de sucesión, sin connotaciones familiares, monárquicas y por designación directa en sus sistema de representación destrozado desde el propio poder (lo inició Eduardo Duhalde y nada ha hecho Néstor Kirchner por remediarlo).
Recoge Van Der Kooy las especulaciones sobre la continuidad de la mayoría de los ministros del gabinete, sobre las dudas por la continuidad de Miguel Peirano o las peleas entre Alberto Fernández y Julio De Vido. No resuelve ninguna de las tres especulaciones. Sólo aporta una anécdota que fascinará a los voyeurs que se entretienen con las peripecias de Guillermo Moreno: el Presidente le ordenó que se retirase de una reunión. No será porque lo considere bueno, pero tampoco concluye nada el columnista sobre este funcionario.
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