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3 de diciembre 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Carlos Slim
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/ 12».


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Buen modelo de vocería el que exhibe este visitante asiduo a la Casa de Gobierno. La charla con Néstor Kirchner del viernes le sirve para confirmar información que dio este diario, que el gobierno de Cristina de Kirchner se asegurará el superávit fiscal del año próximo gracias a un aumento de las retenciones a las exportaciones mineras, que las llevará de u$s 252 millones a más de u$s 1.000 millones anuales.

El libreto es Kirchner puro y duro, y lo prueba cuando Verbitsky desarrolla la doctrina del Presidente contra la cláusula de la Constitución de 1994 que les dio a las provincias la propiedad de los recursos naturales de su territorio. Para Kirchner fue una cesión a los gobernadores que dejó a las empresas como interlocutores de caciques locales y le quitó a la Nación el manejo de los contratos y de su renta. Esto lo dijo siempre Kirchner desde que asumió y si ha soñado con una reforma constitucional, es para remediar lo que cree es un error.

¿Por qué? No lo admiten ni Kirchner ni Verbitsky: es porque recorta atribuciones al Estado nacional, que tiene que ser fuerte en el proyecto hegemónico que los dos defienden. Nada peor para esa idea que la descentralización, sea de los recursos, de la educación, de la representación política. Nada peor para ese sueño de dominio total de la sociedad que un país federal y con fueros locales, y que este gobierno ha intentado frenar con lo que ha tenido a su alcance. Otra muestra del aislamiento del país del resto del mundo, en donde los países avanzan en descentralización y las regiones pelean por tener más autonomía, disgregando el sueño romántico bonapartista del Estado fuerte, contracara de las dictaduras.

El resto de la columna es un canto a la hegemonía, al reseñar Verbitsky cómo en las mesas de acuerdo que van a girar bajo el lema del pacto social no participarán los partidos políticos, o al describir el poder que el kirchnerismo ha ganado en las dos cámaras del Congreso.

De la misma charla con el Presidente viene la mención -que repiten varios columnistas de ayer- a las tareas de Kirchner como armador del nuevo PJ desde mediados del año que viene, con el actual presidente como titular del partido, pero confiando a algún lugarteniente la representación formal. Todo para que el gobierno sea más fuerte y, seguramente, la sociedad sea más débil.

VAN DER KOOY, EDUARDO. 
«Clarín».


La tristeza poselectoral, el fin de año, la expectativa del nuevo gobierno amortiguada por la sinceridad reelectoral dejan sin nervio casi a los panoramas del domingo, en su mayoría repasos de los diarios de la semana sin mayor profundidad de análisis ni novedades informativas. Aporta, sin embargo, este columnista una: que Néstor Kirchner no buscará en 2011 un nuevo mandato presidencial, pero que tampoco lo dirá, con lo cual no se sabe si creerle o no (al Presidente, no a Van der Kooy). Querría ser como en España un Felipe González o un José María Aznar, es decir, hombres fuertes de la política de su país. Antes que nada, sin embargo, González y Aznar son hombres de negocios. Como muchos ex presidentes, usan el prestigio y las relaciones ganadas cuando eran gobierno para hacer lobby en favor de los más poderosos grupos empresarios. González suele representar al hombre más rico del mundo, Carlos Slim, tarea en la que se hizo asistir siempre por el hoy embajador argentino en España, Carlos Bettini, fino entornista presidencial. Aznar presta servicios, entre otros grupos, al del editor más importante del mundo, Rupert Murdoch. Cristina de Kirchner dijo que cuando su marido le dejase el gobierno se dedicaría a los «negocios familiares», quizás porque no hay muchos grupos empresariales que confiarían en el presidente que se va para representarlos en alguna gestión ante enteros gobiernos -se ha peleado con casi todos-.

Con ironía vuelve Van der Kooy a poner el dedo en la llaga matrimonial al considerar a Néstor como una sombra terrible sobre la naciente presidencia de Cristina, a quien ve cercada por señales de preocupación. Una es la demanda de calidad institucional que el público le reclama al gobierno, lesionada por la insistencia de la nueva presidente en que le prorroguen la Ley de Emergencia que le permitirá libertad de manos para renegociar contratos sin la participación del Congreso.

Otra amenaza la ve en la Corte Suprema, cuyo fallo que le aumenta la jubilación a un querellante, al decir del Presidente «está atentando contra el superávit fiscal», como si el Poder Ejecutivo, con el festival de subsidios y otras dádivas, no hiciera peligrar la regla fiscal.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Con poca información nueva, pone de relieve cómo los Kirchner ejercen un gobierno al alimón (así se llama el toreo de a dos) y fuerzan a ministros actuales a sufrir cómo los sucesores se prueban la ropa que van a dejar. Difícil imaginar más perversa disminución, por ejemplo, de un Martín Lousteau (quien entra a una cartera de Economía ya vaciada de atribuciones) que esto de sentarlo junto al despedido Miguel Peirano para mostrarlos en extrema dependencia de su presidente. Difícil que genere el nuevo ministro alguna autoridad en el futuro; más cuando Morales Solá cuenta que Cristina de

Kirchner, si detectara un enfrentamiento entre un funcionario y un empresario, citará a ambos a que absuelvan posiciones ante ella. Más para la vocación criolla por la política experimental, una de las razones para el eterno fracaso.

De la semana que pasó, el columnista se ocupa de disculpar a Aníbal Fernández de sus responsabilidades en la crisis del Ministerio de Defensa que terminó con la cabeza del general Osvaldo Montero, director de Inteligencia Militar. El actual titular de Interior, dice Morales Solá, nunca aspiró a ocupar el cargo de Nilda Garré porque, explicó, no sabe nada de Defensa. ¿Sabía algo este Fernández de las áreas específicas cuando fue ministro de Infraestructura de Eduardo Duhalde, o cuando viró a Interior? Por algo apenas entró al gobierno Néstor Kirchner debió derogar el decreto de renegociación de contrato de concesión más importante tramitado por Fernández para Duhalde.

Agrega algo de anécdota a la noticia de la inminente firma de la venta de 25% de Repsol YPF al grupo Eskenazi: que la cúpula de la petrolera recibió un listado de empresas que le acercó el propio Kirchner como potables para el acuerdo, que Antoni Brufau eligió a Eskenazi con la frase: «Respiramos el mismo aire», que los embajadores de los dos países, Rafael Estrella y Carlos Bettini, fueron los gerentes de ese acercamiento. En fin, lo que ya se sabe y que Cristina de Kirchner heredará con el moño puesto.

GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


Se entrega el profesor a un ejercicio libresco: imagina que la Argentina y Brasil son dos señores que compiten entre sí, una situación que sólo existe en los índices bibliográficos o, más de manera más prosaica y menos informada, en las mesas de café. En esa competencia, cree este columnista impregnado de decadentismo -piensa que todo tiempo pasado fue mejor-, hubo un momento áureo cuando la Argentina iba adelante.

Fue hasta que a comienzos de los años 60 Brasil tuvo un gobierno militar que desencadenó un proceso de crecimiento imparable hasta nuestros días, cuando suma una panacea petrolera.

La Argentina, distraída por el populismo, perdió ese tren de inversiones y crecimiento, y está hoy a la zaga. ¿Por qué ocurrió? Porque la Argentina ha perdido el «talento y el esfuerzo extraordinario» de la generación del 80, que parecen haber emigrado hacia el Brasil.

El final es otra duda existencial (en la línea sartreana de «por qué es el ser y no más bien la nada»): ¿podrá la Argentina recuperar el nervio imitando lo que hizo Brasil? La respuesta, en el siglo que viene.

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