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31 de diciembre 2007 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

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Cristina de Kirchner
GRONDONA, MARIANO.
«La Nación».


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Se aboca esta semana el profesor a un objetivo casi inalcanzable: intentar comprender desde la teoría científica de los paradigmas cuál es el modelo económico que el matrimonio Kirchner debería aplicar en el país para aprovechar el envión de desarrollo a nivel mundial. Pero lejos está este gobierno de repasar las teorías de Thomas Kuhn o de Newton a la hora de planificar su estrategia y por eso Grondona vuelve a zambullirse en un ejercicio de libre asociación, bastante despegado de la realidad, sobre el esquema «paradigma» que la Casa Rosada impulsa para insertarse en el contexto mundial del progresismo moderno.

Dice Grondona, citando el libro «La edad de la turbulencia», de Alan Greenspan, que el modelo de desarrollo que siguen hoy en el mundo potencias nacientes como India o China son las exportaciones de materias primas con fuerte apoyo de inversiones, refutando así la teoría de Raúl Prebisch sobre el deterioro de los términos de intercambio. Y aconseja que la Argentina, sacudida en las tres primeras semanas de gestión de Cristina de Kirchner por el escándalo del valijero venezolano, la interna sindical, la intervención del INDEC, más acuerdos de precios y las advertencias presidenciales a los empresarios sobre sus márgenes de rentabilidad, siga el mismo camino.

Pero el profesor parece olvidar estas aristas de subdesarrollo que deforman cualquier intento de planificación política y no brinda, ni siquiera sugiere -tal cual le exige el ex presidente Kirchner a la prensa- soluciones para este festival de inseguridad jurídica que vuelve tortuoso cualquier intento de atraer capitales a la economía criolla.

Confunde incluso Grondona a los Kirchner con el Perón de 1945 y dice que la prioridad del matrimonio es primero alimentar a la población con precios bajos. ¿Habrá visitado este analista algún supermercado en los últimos meses? Si el profesor se plegó a las celebraciones navideñas y de fin de año, seguramente haya constatado que los «precios bajos» no sólo no figuran al tope de la agenda kirchnerista, sino que ni siquiera parecen figurar en el paradigma «progresista» de este gobierno.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


La columna empapa al lector de las ya mencionadas contradicciones en la relación bilateral entre la Argentina y Estados Unidos, remontándose a la cumbre de Mar del Plata, donde Néstor Kirchner despotricó contra el ALCA, llegando hasta el reciente escándalo del valijero venezolano Antonini Wilson.

Repetición de datos y algo de ingenuidad para un analista dedicado a la lúgubre política regional: afirma Morales Solá que la liberación de los tres secuestrados de las FARC -que todavía no se concretó- es a cambio de nada. ¿Es posible siquiera imaginar esa solución entre un gobierno como el de Chávez, que subió a un avión de la estatal ENARSA a un empresario con un maletín con 800 mil dólares no declarados, y una guerrilla que se financia a partir del narcotráfico y la extorsión a campesinos indefensos en Colombia?

El hecho de que el columnista ni siquiera aborde en su análisis por qué las FARC le entregarían a Chávez tres rehenes a cambio de nada vicia el resto del artículo que aporta como dato novedoso de la contradictoria versión Kirchner sobre la Operación Basura de Washington en su contra que el Departamento de Estado norteamericano le informó a la Presidente argentina antes de su asunción que apoyaría sus gestiones para liberar a los secuestrados colombianos.

También acierta Morales Solá al percibir el tono payasesco que rodea al operativo bolivariano en la selva colombiana. Bastó haber visto la televisión el fin de semana, con Néstor Kirchner parado junto a un «dream team» humanitario de América latina, incluido Oliver Stone y un Marco Aurelio García vestido como para participar de un zaffari, lanzando humoradas y ensayando sonrisas picarescas junto a Hugo Chávez.

«Miren a Kirchner, que dejó la presidencia hace apenas semanas y ya está acá trabajando en una misión humanitaria; no sé qué haría yo en su lugar», fue la alabanza bolivarianaen el aeropuerto de Santo Domingo. «¿Y vos cuándo vas a dejar la presidencia?», retrucó Kirchner despertando risas entre los presentes. El ex presidente parecía estar viviendo una aventura selvática adolescente alejada del drama humanitario de los miles de secuestrados, desplazados y sus familiares.

Como refleja Morales Solá, todo resulta incoherente y subdesarrollado en la política bilateral de los Kirchner con Estados Unidos. Que la causa local a cargo de la jueza Marta Novatti no tenga parte querellante refleja el desinterés del gobierno en avanzar con una investigación propia que exima a la administración de Cristina de Kirchner del escándalo nacido durante la gestión de su esposo.

En ese contexto, el analistaplantea que, según el gobierno, la única posibilidad de reconstruir el vínculo bilateral sería que la Casa Blanca les ordene a sus fiscales eximir a la Argentina de cualquier responsabilidad en el juicio que se sigue en Miami. Pero ya parece demasiado tarde para explorar incluso esa posibilidad, más si existen las grabaciones donde Antonini Wilson es presionado para ocultar que la maleta con 800 mil dólares iba destinada a financiar la campaña de Cristina de Kirchner.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Vuelve -y revuelve- Eduardo Van der Kooy a intentar encontrarle una fórmula al modo de conducción compartido de los Kirchner como si se tratara de un misterio cuando, en rigor, funciona igual hace casi 30 años. Tras hacerse el interrogante, el columnista matutino del monopolio «Clarín» no se deja otra opción que decir que será igual -pero no idéntico, detalla, preciosista- al que funcionó en los últimos cuatro años y medio mientras Néstor Kirchner era presidente y su esposa, además de senadora, la persona de consulta y decisión compartida del poder conyugal.

En esa teorización, quizá superflua, afirma que en las apariciones del ex presidente en los últimos días, en el accidentado comienzo de gestión de Cristina Fernández de Kirchner, no debe interpretarse como una «sombra» para la naciente presidencia de su esposa, sino que se trata de una determinación compartida. De manual.

Se detiene, como un detalle a mencionar del estilo Cristina, que les da mayor importancia y espacio a sus ministros, sin que eso signifique, al menos por ahora, que se trata de algo positivo o que pueda redundar en una gestión absolutamente centralizada. Cita, como anécdota, que algunos ministros de Kirchner tuvieron escaso diálogo con el presidente durante su permanencia en el gabinete. Podría referir -pero no lo hizo- la experiencia de Ginés González García que acumuló meses sin diálogo con el primer mandatario.

Retoma, además, la ruta entre el valijazo de Antonini Wilson y la participación de Néstor Kirchner en el operativo Emmanuel de liberación de rehenes de las FARC que operó Hugo Chávez. Lo plantea como un factor adicionalmente crítico entre la Casa Rosada y Estados Unidos, aunque le otorga un rol esencial en esa jugada a Nicolas Sarkozy, quien a su vez eligió como socio en el mapa mundial a Estados Unidos.

A la relación Buenos Aires-Washington, el columnista le dedica un párrafo y, citando fuentes del Departamento de Estado, advierte que existe malestar en Washington por la reacción del gobierno argentino en torno al affaire Antonini Wilson y que no habrá, por parte de la Casa Blanca, un gesto de acercamiento.

En tanto, menciona datos que maneja el gobierno argentino respecto a que 60% de la población, al menos según las encuestas que paga Presidencia, está en línea con la postura tomada por los Kirchner en referencia a EE.UU., el escándalo del valijero y la supuesta operación en contra de la Argentina.

Se detiene Van der Kooy en la referencia de que el escándalo Antonini estalló antes de que Cristina de Kirchner asuma la presidencia y que, por tanto, no podría haberse tratado de una operación para perjudicarla. Derrumba la hipótesis de la conspiración que anima el kirchnerismo, pero no ensaya ninguna explicación al contrario.

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