Comentarios políticos de este fin de semana
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Luiz Inácio Lula da Silva.
Víctima de la misma pócima que sus colegas, el profesor es menos sutil. Cree que si los Kirchner no cambian, directamente el gobierno de Cristina de Kirchner terminará mal. Le concede dos posibilidades: un aterrizaje «suave» en el caso de que la oposición armase un frente que les gane limpiamente las elecciones de 2009 y de 2011, o un aterrizaje «de emergencia», como el que sufrió la presidencia de Fernando de la Rúa.
Estas reflexiones servirán como para que Néstor Kirchner alimente sus fantasías sobre conspiraciones destituyentes; recordar el final de De la Rúa, por más que se usen metáforas aeronáuticas, es mentar un golpe político.
Para que haya un «aterrizaje suave», el profesor reclama «dotar al país de dos fuerzas alternativas, republicanas, competitivas y tolerantes». Quizás en una entrega próxima de sus columnas se digne explicar quién haría esa magnífica e ideal construcción política. Cómo se haría con estos barros tercermundistas el edificio sólido de un sistema con dos fuerzas (¿por qué no tres o cuatro?), alternativas (¿con plazo preestablecido, aunque ganase el otro?) y encima tolerantes, en un país en donde la intransigencia sigue siendo un mérito político y no, como en realidad lo es, la negación de la política.
Como remedio, se concede el profesor la ilusión de que todo el antikirchnerismo se junte contra los Kirchner, algo que en realidad es lo que éstos buscan como palanca para su continuidad en el gobierno, como lo exhibieron en la última pelea con el campo.
VAN DER KOOY, EDUARDO. «Clarín».
Dedica el columnista del monopolio la entrega de ayer a reseñar las inquietudes que dice percibir en mensajeros de Brasil y de los Estados Unidos sobre la estabilidad institucional de la Argentina. Esas señales las dio el asesor de Lula da Silva, Marco Aurelio García, en una previa a la visita de su presidente al país la semana anterior, y también el subsecretario de Asuntos Hemisféricos de los EE.UU., Tom Shannon. Este hasta llegó a proyectar un viaje al país a hacerse cargo de los acontecimientos. Prefirió enviar a un asesor de la cámara de senadores a que lo viese a José Pampuro y le hiciera notar la preocupación de Washington por la suerte de los Kirchner.
Este tipo de especulaciones tiene un armado simple y que el lector debe conocer: los informes sobre la Argentina se hacen en Buenos Aires en las embajadas, con información que dan recortes periodísticos y los charlistas y otros agoreros que tienen el abono de esas embajadas. Los informes viajan a las capitales y después regresan prestigiados por periodistas de afuera que les dan entidad política a especulaciones que se pueden escuchar en versiones más solventes en algunas confiterías de la Recoleta.
Pensar en que tenga importancia el viaje de un asesor presidencial o diplomático a la Argentina es darle importancia en Estados Unidos al viaje, digamos como ejemplo, de una Magdalena Faillace (asesora de Jorge Taiana, antes en el Senado de Antonio Cafiero) a Washington a expresar la preocupación de la Argentina sobre las futuras elecciones presidenciales en ese país.
Estas señales conviven con otras, que parecen más pacíficas, pero que importan mucho más, como la cena que ofreció antes de viajar al país la semana pasada el embajador Timerman al vicecanciller de Bush, John Negroponte, a la que asistieron los directores de «The Washington Post» («Bo» Jones) y de la revista «Foreign Policy», el embajador de Israel y el biógrafo de Perón, Joseph Page. U otra cena de hace unos días, también en la residencia de la embajada argentina en Washington, a la que concurrió nada menos que el director de la CIA, Michael Hayden, un oficial de la Fuerza Aérea. En ninguna de esas reuniones se habla de procesos destituyentes ni, mucho menos, en la Argentina. No le gusta al gobierno -cautivo del «bonafinismo»que este tipo de relaciones se conozcan mucho, pero no deja de fomentarlas.
Señala Van der Kooy otros hechos que sí gravitan mucho más: el freno de las obras públicas en el interior, la demora en el envío de fondos a provincias ya comprometidos. Como especulación más que jugosa es la que dice que los Kirchner esperan un final ruidoso a su relación con Julio Cobos. ¿Un portazo a lo Chacho Alvarez?




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