Comentarios políticos de este fin de semana
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Amplían denuncia contra Adorni y apuntan a gastos millonarios en Bariloche
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Adorni, sobre los viajes: "Si tengo que dar más explicaciones en la Justicia, lo haré"
Cristina de Kirchner
«Página/ 12»
Y si de fantasmas se trata, apila el columnista a los enemigos del gobierno: los empresarios del dólar recontraalto y los ruralistas de la Federación Agraria que han logrado, dice, que sus defendidos añoren los beneficios que prometía la derrotada Resolución 125.
VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín»
Como todos sus colegas en el oficio dominguero del análisis de la semana que pasó, Van der Kooy dedica la entrega a glosar las palabras de Cristina de Kirchner en su viaje a los Estados Unidos. Se enoja con las palabras que acompañaron a sus actos; buenos éstos, discutibles aquéllas. La « sociedad y el resto del mundo», imagina el columnista, piensan distinto que los Kirchner, que denuncian conspiraciones por las valijas, provocan nuevas peleas con el campo, no oyen los pedidos de Julio Cobos de llegar a algún acuerdo o defienden sin mengua alguna a Guillermo Moreno y los números que imagina el INDEC.
El máximo desacierto, como señalan los columnistas de «La Nación», es haberse reído de la crisis financiera de los Estados Unidos e intentar dar cátedra de economía en la capital financiera del mundo. En eso se apartó de la moderación con la cual otros mandatarios como Nicolas-Sarkozy, Angela Merkel o José Luis Rodríguez Zapatero se refirieron a esa crisis. No es lo único en que se aparta de ellos Cristina de Kirchner; por eso parece un alarde de candidez pedirle que se acerque a ellos en ese punto.
MORALES SOLA, JOAQUIN
«La Nación»
Más drástico con los Kirchner el columnista de «La Nación», que imagina que sufrieron «vahídos intelectuales» en Nueva York la semana que pasó. Califica el viaje de una «vacación anual», crítica que fundamenta con una observación fina: ningún presidente usa una semana para presentarse en la asamblea de la ONU. Le responderían los Kirchner que ellos hacen economía de escala, acumulan compromisos pendientes y gastan menos en viaje. Es cierto que viajan poco, mucho menos de lo que sería útil para el país, estos santacruceños con tanta aversión a los pasaportes y a todo lo que ocurre fuera del país.
Ese temperamento va de la mano de una política de autarquía, modelada según una tradición de autonomía que lució, por ejemplo, el franquismo español, que exaltaba también el modelo autárquico como el más cercano a la sensibilidad hispana. Se contradice con el peronismo ortodoxo, cuyo fundador decía que toda política es política internacional y montó sus dos primeras presidencia sobre la base de una hipótesis global: que habría una tercera guerra mundial.
Según Morales Solá, los buenos gestos de anunciar arreglos con el Club de París y con los bonistas defaulteados no han sido acompañados por gestos de confianza hacia los destinatarios de esas medidas: los operadores de los mercados del país y del extranjero. Fueron acompañados por explicaciones no convincentes que aparecieron como sobreactuaciones innecesarias. Las palabras, es la hipótesis de este columnista, hunden a la Presidente en el rol de una «poetisa monótona». Sin remedio.




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