29 de septiembre 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Cristina de Kirchner
Cristina de Kirchner
VERBITSKY, HORACIO
«Página/ 12»


Los ghost writers o escritores fantasma suelen esconder sus responsabilidades; lo hacen quienes escriben discursos y minutas desde las sombras para los poderosos. No ha podido resistirse este cronista-asesor del gobierno y exhibe en la columna de ayer el libreto preparado para Cristina y Néstor Kirchner para los festejos montados en torno a la crisis financiera de los Estados Unidos. Claro que Verbitsky no puede reprimir su confesión marxista -que seguramente no comparten estos herederos de Juan Perón que son los Kirchner: todo lo contrario- y muestra no sólo los argumentos que le tomó Cristina de Kirchner en sus discursos de Nueva York. También agrega una espesa explicación de cómo esta crisis es el derrumbe del capitalismo tal cual se lo conoce.

Tamaña exageración no la han repetido los Kirchner en Nueva York, que han limitado los festejos a criticar a quienes recomiendan una economía sin regulaciones. No han explicado los santacruceños ni Verbitsky a qué capitalismo se refieren, seguramente no el de la Argentina ni el de los Estados Unidos, en donde hay regulaciones y muy fuertes sobre el negocio financiero. En el sector en el cual ha habido menos regulaciones, que es en el que se ha verificado la disparada en los EE.UU., actúan también regulaciones preexistentes. Un sistema muy regulado, además, no le ha evitado problemas financieros a la Argentina actual.

Verbitsky toma por la positiva esa afirmación tan escuchada en estos días sobre que el aislamiento del mercado financiero internacional previene al país de los efectos de esa crisis (en la versión negativa se dice que esta crisis no afecta a Zambia... ni a la Argentina). Por ese aislamiento, además, la Argentina no tiene crédito externo, ni interno, algo que no es para festejar en ésta ni en ninguna otra oportunidad.

El énfasis que le pone el columnista a esta cuestión se explica cuando pega a esos desaciertos americanos con la intención de perjudicarla a Cristina de Kirchner con gestos tan exóticos como el juicio al valijero en Miami o que el protocolo de una cena en la ONU (que seguramente no controla el gobierno de Washington) la siente a la Presidente argentina junto a George W. Bush. ¿Para qué? «Una hirviendo y una helada, método pedagógico probado.» ¿Tan pobre idea tiene el columnista de su presidente?

Demuestra su falta de confianza cuando dice que al gobierno le falta una jefatura política que termine de explicar el proyecto de movilidad de las jubilaciones, sobre cuya suerte tiene dudas en el Congreso. Los cambios que le ha hecho al proyecto, se queja, no bastan para lograr los apoyos legislativos necesario, aunque, tranquiliza al gobierno, no está asegurada una derrota como con el proyecto de las retenciones móviles.

Y si de fantasmas se trata, apila el columnista a los enemigos del gobierno: los empresarios del dólar recontraalto y los ruralistas de la Federación Agraria que han logrado, dice, que sus defendidos añoren los beneficios que prometía la derrotada Resolución 125.

VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín»


Como todos sus colegas en el oficio dominguero del análisis de la semana que pasó, Van der Kooy dedica la entrega a glosar las palabras de Cristina de Kirchner en su viaje a los Estados Unidos. Se enoja con las palabras que acompañaron a sus actos; buenos éstos, discutibles aquéllas. La « sociedad y el resto del mundo», imagina el columnista, piensan distinto que los Kirchner, que denuncian conspiraciones por las valijas, provocan nuevas peleas con el campo, no oyen los pedidos de Julio Cobos de llegar a algún acuerdo o defienden sin mengua alguna a Guillermo Moreno y los números que imagina el INDEC. 

El máximo desacierto, como señalan los columnistas de «La Nación», es haberse reído de la crisis financiera de los Estados Unidos e intentar dar cátedra de economía en la capital financiera del mundo. En eso se apartó de la moderación con la cual otros mandatarios como Nicolas-Sarkozy, Angela Merkel o José Luis Rodríguez Zapatero se refirieron a esa crisis. No es lo único en que se aparta de ellos Cristina de Kirchner; por eso parece un alarde de candidez pedirle que se acerque a ellos en ese punto.

MORALES SOLA, JOAQUIN
«La Nación»


Más drástico con los Kirchner el columnista de «La Nación», que imagina que sufrieron «vahídos intelectuales» en Nueva York la semana que pasó. Califica el viaje de una «vacación anual», crítica que fundamenta con una observación fina: ningún presidente usa una semana para presentarse en la asamblea de la ONU. Le responderían los Kirchner que ellos hacen economía de escala, acumulan compromisos pendientes y gastan menos en viaje. Es cierto que viajan poco, mucho menos de lo que sería útil para el país, estos santacruceños con tanta aversión a los pasaportes y a todo lo que ocurre fuera del país.

Ese temperamento va de la mano de una política de autarquía, modelada según una tradición de autonomía que lució, por ejemplo, el franquismo español, que exaltaba también el modelo autárquico como el más cercano a la sensibilidad hispana. Se contradice con el peronismo ortodoxo, cuyo fundador decía que toda política es política internacional y montó sus dos primeras presidencia sobre la base de una hipótesis global: que habría una tercera guerra mundial.

Según Morales Solá, los buenos gestos de anunciar arreglos con el Club de París y con los bonistas defaulteados no han sido acompañados por gestos de confianza hacia los destinatarios de esas medidas: los operadores de los mercados del país y del extranjero. Fueron acompañados por explicaciones no convincentes que aparecieron como sobreactuaciones innecesarias. Las palabras, es la hipótesis de este columnista, hunden a la Presidente en el rol de una «poetisa monótona». Sin remedio.

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