Comentarios políticos de este fin de semana
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Amplían denuncia contra Adorni y apuntan a gastos millonarios en Bariloche
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Adorni, sobre los viajes: "Si tengo que dar más explicaciones en la Justicia, lo haré"
Cristina Kirchner
«Página/12»
«La Nación»
Ese es el preámbulo a la enumeración de los desaciertos que Morales Solá adivina en el gobierno, que son los conocidos: el bolivarismoen relaciones exteriores,el morenismo en materia de precios.
También señala, entre los desaciertos, sostener en el gabinete a funcionarios como Eduardo Sigal, por haber opinado que «Pepe» Mujica es mejor candidato a presidente del Uruguay que Danilo Astori. Antes, Néstor Kirchner opinó que Tabaré Vázquez era mejor candidato que todos los demás y hasta puso medios públicos para ayudar a que ganase el actual mandatario de ese país. No es simpático lo que hizo Sigal, porque no se le paga el salario de subsecretario en la Cancillería para que atienda asuntos uruguayos. Pero tampoco su deber es hacerles fácil la vida a los vecinos rioplatenses. Seguramente, este Sigal ya se ha empapado de las costumbres de los diplomáticos profesionales, entrenados toda la vida para complicarles las cosas a los demás países para mejorar la vida en el propio. Esos gestos llaman la atención en un país como la Argentina en donde el gobierno es, por ejemplo, un mejor representante del chavismo en el país que la Embajada de Venezuela. O donde los intereses de Cuba están mejor defendidos por el gobierno de Buenos Aires que por el de La Habana.
Importante que señale el columnista cómo calladamente el gobierno va aumentando tarifas de servicios públicos, cancelando pagos a proveedores y paralizandoobras públicas, todo con el propósito de prevenirse de la crisis financiera ajena, y también de la propia, que no comenzó en Wall Street, sino que ya fue en marzo pasado el motivo de la pelea con el campo. «Los Kirchner -remata el columnista- han salido del infierno para entrar en la inopia.»
VAN DER KOOY, EDUARDO
«Clarín»
También innova en lo expresivo este columnista cuando hace debutar un neologismo que hará camino en el léxico político: «Estados Unidos sigue 'desnortado'» (sic), afirma para describir los efectos de la crisis financiera global. También innova en lo conceptual cuando señala que «el desenlace de la crisis mundial parece depender más de las manos de los dioses que de los políticos». ¿Un Van der Kooy politeísta? Al multimedios para el cual escribe se le han hecho muchas acusaciones, hasta que algunos directivos profesaban la religiosidad de las sectas escenias de la era proto-cristiana. Pero nunca se lo acusó de politeísmo. ¿No hubiera sido más práctico que el columnista hubiera declarado su sabia y socrática ignorancia, como hicieron ayer sus colegas Mario Weinfeld y Mariano Grondona?
En el retrato de la coyuntura del gobierno, sin embargo, aporta nuevos rasgos: por ejemplo, imagina que Carlos Fernández está tapado de trabajo -no lo aparenta, al menos por lo que expresa este silente ministro de Economía, que parece una estrella del cine mudo, se expresa por los gestos, las miradas, el giro de sus ojos y el lenguaje de sus cejas-. Lo cree urgido por problemas de su especialidad, las cuentas fiscales. Confirma que en algún momento el país hará avanzar el demorado pago al Club de París, aunque no así la reprogramación de la deuda impaga con los holdout. También a este Fernández lo cree comprometido en una reducción del gasto público que el gobierno cree imprescindible para asegurarse en la silla.
Mortifica a los Kirchner y al gabinete, además, cuando relata que los ministros que asistieron a la cena de homenaje a Alberto Fernández, en la Embajada del Uruguay, el lunes pasado, le debieron pedir permiso al matrimonio Kirchner.




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