27 de octubre 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Alberto Fernández
Alberto Fernández
MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


No le pone mucha información nueva el columnista a la entrega de ayer, pero sí mucha emoción. En particular cuando remata que los Kirchner habrían amenazado a su entorno que se irían del poder si el Congreso no les aprobase el proyecto de estatización de las jubilaciones. Esa medida la considera Morales Solá el fruto de un sistema de decisiones «bonapartista», un « zafarrancho», una confiscación, un manotazo.

Esa medida la critica porque no la consultaron los Kirchner con nadie, como si hubieran compartido algún debate con alguien desde que asumieron la Presidencia. Resolver sin analizar con nadie las decisiones es parte de la descalificación que ha hecho el matrimonio de todo foro de discusión de política que exista en el país, incluyendo al partido de gobierno y al gabinete nacional. El equipo de ministros le merece a Morales Solá el peor de los desprecios cuando dice que les falta dignidad por permitir que se tomen medidas de su sector sin que les preguntan nada, como ha hecho esta vez Cristina de Kirchner con las jubilaciones.

El «fuego autoritario» del gobierno, remata el columnista de «La Nación», ha terminado de despedir a los Kirchner de los mercados y también, cree, del afecto popular, porque el año pasado sólo dos de cada diez argentinos que estaba anotado en una AFJP eligió pasarse al régimen de reparto.

Recuerda el columnista que Néstor Kirchner siempre quiso avanzar en la estatización del sistema de jubilaciones pero nunca pudo antes lograr, según su opinión, el clima adecuado. No es éste, afirma Morales Solá, cuando el gobierno debía defender al país de los efectos de la crisis financiera internacional. Con lo que ha hecho, la expone a más daños cuando podría protegerse mejor que otros países porque la Argentina casi no tiene crédito (ni hipotecario, ni del otro) y mal podía padecer el derrumbe de la banca de los Estados Unidos,

La idea, afirma Morales Solá, la tomaría Kirchner del Brasil, donde el banco de desarrollo está fondeado con los aportes estatales al sistema previsional. Lo distrajeron durante varios años Roberto Lavagna y Alberto Fernández, pero ahora que éstos no están en el gobierno se ha sentido libre de echar mano de esos fondos para solventar la Tesorería en apuros el año que viene, pagar la deuda, evitar un nuevo default y, en todo caso, convertirse de nuevo en el dueño del financiamiento de los gobernadores y de buena parte del sector privado. Un sueño bonapartista.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Dispuesto a no concederle nada al gobierno, el columnista insiste en el tópico de la soledad de los Kirchner cuando toman decisiones como la estatización de las jubilaciones. Un factor adjetivo en ésta y en otras decisiones, que hay que juzgar como buenas o malas, no como consultadas o no consultadas. No es exclusivo de este gobierno alzar la sorpresa como un mérito en el sistema decisorio. Lo enaltecía, por ejemplo, Carlos Menem cuando decía que él tomaba las decisiones por sorpresa porque así evitaba lo frenasen con un debate inoportuno. El amor del peronismo a las formas autoritarias ha hecho leyenda en el mundo, por eso es un gesto de candidez pedirle a un mandatario de ese origen que discuta algo con alguien.

Van der Kooy aporta en su columna una presunción interesante: Néstor Kirchner cree que los bancos y las AFJP fogonearon el conflicto con el campo. Kirchner está en guerra con el resto del mundo, incluyéndose él mismo; debe creer que todos han contribuido a la queja del campo y alguien lo sumaría a él, que buscó evitar hasta último momento cualquier expediente de conciliación. «Prefiero perder», les dijo una tarde a los diputados del bloque oficialista.

Otro ángulo interesante es presumir que el rechazo del público a la estatización de las jubilaciones se identifique con expoliaciones anteriores como el «corralito». Negar que los aportes sean del aportante es una manera de afectar la propiedad de los fondos previsionales. Si esta idea cuaja esta semana en el público, el gobierno puede estar en la antesala de otra manifestación de rebeldía de la sociedad contra el poder, semejante a la que ha recibido el gobierno con crisis como las de Blumberg, Cromañón, Gualeguaychú o la pelea con el campo.

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