17 de noviembre 2008 - 00:00

Comentarios políticos de este fin de semana

Guillermo Moreno
Guillermo Moreno
VERBITSKY, HORACIO.
«Página/12».


Cuando hay noticias conmovedoras, como el fallo desregulador de la representación sindical que dictó la Corte Suprema, interesa leer lo que dice este columnista-asesor del gobierno. No por la agudeza del análisis -que en este caso es superado por la manía oficialista a rajatabla- sino porque ejerce la vocería de un gobierno por lo menos afónico en cuanto a los temas importantes y revela cómo interpreta Olivos lo que pasa. El mapa que surge es extravagante: por ejemplo, Verbitsky admite que el gobierno no sabía nada sobre el fallo que venía, que la Corte cree que el gobierno es débil (vaya descubrimiento), que adelantó el fallo porque si lo demoraba podría exponerse a presiones del oficialismo, etcétera.

El gobierno cree que debe además amortiguar el debate sobre las consecuencias del fallo para no poner este debate en la campaña electoral y porque «daría una indeseable relevancia a la oposición liberal» (sic). Falta el detalle, es decir que describa este bizarro columnista dónde está la oposición liberal; le daría una satisfacción a los pocos liberales que hay en el país (la mayoría de los que se dicen tales son conservadores).

Esta fantasía del liberalismo como adversario (tan grande como la del izquierdismo para los veteroderechistas) la alimenta más el columnista cuando dice que los dos Hugos (el Negro y el Blanco, Moyano y Yasky, ilustra sin temor a la elástica vara antidiscriminatoria de María José Lubertino) tienen en común un pasado de luchas contra el « neoliberalismo». Es poco serio que un periodista, que debe descubrir la realidad, no cubrirla de velos, adopte sin revisar ese término de «neoliberalismo», acuñado como justificación de acciones propias pero que no señala ni a un partido ni a una ideología con entidad.

Agrega más confusión cuando Verbitsky imagina esta mesa de arena: por un lado el «frente nacional» (el gobierno, la CGT, la CTA, los empresarios del club de Olivos, que los suma a todos los que han hecho negocios desde los militares hasta ahora); del otro, además del «neoliberalismo» (?) de la oposición «liberal», el «duhaldismo residual» y el «sindicalismo empresario» (los «gordos», Barrionuevo; Verbitsky nunca admitiría que Moyano sea un empresario, ni del transporte ni de la basura, como creen muchos intendentes, por ejemplo). Con tamaña percepción del campo de lucha política es difícil que alguien entienda nada a partir de estos análisis pergeñados en la Casa de Gobierno para aumentar la confusión colectiva. Al mismo propósito sirve el rap que hace para identificar a Juan Rinaldi, reemplazante de Héctor Capaccioli en la superintendencia que reparte dinero entre las obras sociales, más con los Kirchner y Graciela Ocaña que con Moyano. Como si antes Capaccioli no hubiera repartido dinero siguiendo los intereses del jefe de los camioneros.

Sí es útil la columna cuando, como ayer, aporta además algún dato, como que el gobierno va a elegir la norma japonesa para la televisión digital y que eso explica las broncas de quienes prefieren la norteamericana o la europea, en un juego de empresas del que cree son víctimas Néstor Kirchner y su esposa. Si esto ocurre es en realidad porque los gobiernos Kirchner han especulado antes con esta decisión demorándola cuando tenían más fuerza, con el objeto de sacar ellos una ventaja que ahora, cuando declina su poder, se les convierte en un problema. Al punto de que la decisión,que debió ser serena y pensando en el interés público, va a terminar tomándose en favor de algún interés privado.

MORALES SOLA, JOAQUIN.
«La Nación».


Para cortar el entusiasmo oficialista de Verbitsky, nada mejor que un trago de Morales Solá, que dedica su servicio de ayer a una enumeración, igualmente desmesurada, de los males de la gestión Kirchner. Según él la Argentina no figura entre los «top five» del continente para el Banco Mundial, Cristina de Kirchner apenas pudo verse con Lula porque la eludieron otros mandatarios en Washington (una exageración; también estuvo con el premier australiano y con Christopher Dodds, un congresista de peso que fue presidente del Partido Demócrata). Se alarma también porque «dirigentes internacionales importantes» se han quejado, cual tribunales examinadores de colegio, de lo desinformados e ideologizados que son los Kirchner. Para colmo, les reprochan la estatización de los fondos de las AFJP que, imagina, « hundieron durante varios días a mercados bursátiles del exterior», un cañonazo que el matrimonio presidencial aún no ha festejado lo suficiente.

Más apropiada parece la crítica a un gobierno que le ha entregado la policía de finanzas a Guillermo Moreno, que ha hecho bajar el dólar. ¿Es realmente así o el público ya tiene los dólares que quiere tener y ya sacó los dólares que quería del sistema? Moreno se ufana de haber planchado a este mercado que hace tambalear las Bolsas del mundo.

Vale también la ironía del columnista cuando destaca los dichos de Kirchner sobre que no opina del fallo de la Corte porque es respetuoso de la división de poderes, un acto fallido de quien puede creerse que todavía es presidente de la Nación o que no se ha sometido aún a la operación para sacarse del pecho la banda presidencial ( operación que suelen hacer sobre los ex presidentes, no los médicos sino los jueces, cuando los encartan después que perdieron el poder).

Audaz es el pronóstico que hace de una derrota electoral del oficialismo el año que viene. Es cierto que ese augurio lo hace también el gobierno, pero Morales Solá se anima a ponerle números. Cree que el PJ va a perder la mitad de las 15 bancas que arriesga en el Senado y que quizás la derrota sea peor en Diputados, con lo cual el gobierno pasaría los dos últimos años del mandato actual sin mayoría en las dos Cámaras.

VAN DER KOOY, EDUARDO.
«Clarín».


Con colegas tan dados al extremismo (periodístico), éste parece un dechado de moderación. Imagina en la columna de ayer que el fallo desregulador de la Corte hace tambalear a una de la dos patas del poder kirchnerista, el sindicalismo moyanista (la otra es el peronismo bonaerense). Que el gobierno estuviera desinformado sobre que se venía esta tormenta pudo ser, agrega, el comienzo de una crisis ministerial que los Kirchner han preferido dejar para más adelante. ¿Quién debió avisar? ¿Carlos Tomada desde Trabajo o Aníbal Fernández de Justicia?

El resto es un repaso de la actualidad de la semana que no sale de lo conocido: el « ocañismo» de Juan Rinadi, el interés del gobierno por encapsular por ahora los efecto del fallo a los trabajadores estatales o las consecuencias que puede tener esa centrifugadora que prendió

Elisa Carrió entre radicales, socialistas y hasta en un sector del peronismo, que puede terminar armando un frente electoral más amplio de lo que los propios protagonistas esperaban.

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