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El aporte del columnista es más que los datos, la óptica, audaz para interpretar la gestión de Cristina de Kirchner: según Van der Kooy su administración se ha terminado de fagocitar el marido. «Casi no hay huellas -afirma- sobre lo que pretende en materia de política exterior e interna.» Decir esto y afirmar que está pintada es lo mismo.
Este cuadro se complica, afirma el columnista, porque los datos de la recaudación vienen peor porque empiezan a acusar las consecuencias de la caída de ventas del campo, la baja del consumo interno y el derrumbe de los precios de los productos argentinos en el mundo.
Con ese panorama, estima Van der Kooy, ni los $ 15 mil millones que recaudará en aportes jubilatorios el gobierno puede alcanzarle para tener un año airoso. Terminará con un superávit inferior al presupuestado, de 3% y se le mojan los papeles para 2009, cuando el superávit apenas superará 2,5% del PBI.
En la necesidad el gobierno, es decir Kirchner, desenfundó de nuevo a Guillermo Moreno, bête noire para la oposición, para que arregle el conflicto con las automotrices, que navega por la hipótesis de una reducción de salarios en lugar de despidos. Lo que no dice Van der Kooy es que por lo general lo que toca este Moreno lo arruina; se metió en el tema precios y subió la inflación, se metió en el campo y el gobierno perdió la pelea. No sea que ahora termine también con la industria automotriz.
Dato interesante que aporta la columna es la bronca de Néstor Kirchner con la Corte Suprema por el fallo que apoya la libertad sindical; que lo sepa Hugo Moyano, que sigue creyendo que algún Kirchner estuvo detrás de esa sentencia que cambia el panorama de las relaciones laborales en la Argentina. La duda que queda es si ese enojo con los jueces es por el fondo de la cuestión o porque lo echa, sin remedio, en brazos de la CGT, a la que ahora necesita lo más contenta que se pueda.
MORALES SOLA, JOAQUIN «La Nación»
El silogismo de esta entrega del columnista de «La Nación» es simple: el país es como una mujer golpeada, sin ayuda, la situación de la economía es de zozobra, pero Néstor Kirchner no se ha enterado. Conclusión, todo mal. Es posible que la crisis llegue a la Argentina antes que en el resto del mundo (que va siete meses atrasado) pero es cierto también que la crisis lo alcanzó a este gobierno ya en marzo, cuando creyó necesario quedarse con las retenciones al campo porque entendía que no le alcanzaría el dinero ya para este año.
El aporte de esta columna es una hipótesis inquietante: el kirchnerismo estaría produciendo una invasión silenciosa pero no tan pacífica en la Capital Federal para anegar (demográficamente) a los porteños. La vía de ingreso es la Villa 31 y el propósito es instalar un foco de conflicto que sirva de hostigamiento, con apoyo del gobierno nacional, a la gestión de Mauricio Macri. Es cierto que de ese costado de la Ciudad le vienen multitud de conflictos de orden público, pero especular que respondan a una conspiración kirchnerista es manifestar una exagerada confianza en que el oficialismo nacional pueda organizar algo tan eficaz. Sería la primera vez que puede armar algo político de mediana importancia; habría que pensar más bien en que ningún gobierno, ni el nacional ni el de la Capital Federal domina a la sociedad que cada vez que puede manifiesta su rebeldía ante el poder, lo administren los Kirchner o lo maneje Macri.
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