Cristina y la Glasnot 1
Cristina de Kirchner quiso darle un tono humano a su visita de ayer a Raúl Alfonsín en el departamento donde se encuentra convaleciente. Pero no pudo evitar la Presidente que se tomara como otro gesto más en los intentos por cambiar su imagen, tras la derrota con las retenciones móviles. Hubo bromas y anécdotas de su paso juntos por el Senado. Poca política y algo de confraternidad hacia un hombre que no les perdona a los Kirchner el haberse mofado de su reciente convocatoria al diálogo político y menos el haber intentado borrarlo de la lista de los defensores de derechos humanos en el país.
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Cristina de Kirchner realizó ayer una visita a Raúl Alfonsín, quien se encuentra delicado de salud
y es atendido en su departamento de la Ciudad de Buenos Aires.
También allí le recordó su experiencia en afrontar conflictos sociales, comentario que coronó con una sutil crítica: «Usted ha de entender que resulta incompatible con la democracia la ausencia de diálogo político en los momentos que vivimos».
Cristina de Kirchner estaba de viaje en Roma, donde habló de la rentabilidad de la soja ante la cumbre de la FAO. Pero al regreso la respuesta no fue la mejor, menos si estaba dirigida hacia un ex presidente ahora gravemente enfermo: «He pensado mucho, reflexionado mucho, en estos días acerca de algunos reclamos, un gesto de estadista... ¿Qué sería un gesto de estadista?», razonó la Presidente desde el Salón Blanco de la Casa de Gobierno en momentos en que una derrota frente al campo era un hecho impensado.
Y continuó en la tribuna: « Sería tal vez decirles a los sectores que más rentabilidad han tenido en los últimos tiempos: 'Está bien, como durante 90 días cortaron caminos, hicieron lock out patronal, no permitieron que otros argentinos trabajen, encarecieron productos, está bien, hay mucho lío, quédense con todo y vamos a ver qué hacemos con el resto de los argentinos'. Y lo pensé y digo, podría decirles, entonces, después a todos los argentinos que el gobierno y el campo están en orden».
Fue demasiado para Alfonsín que sólo había apelado al rol de ex presidente para convocar al diálogo en un momento en el que el país parecía marchar hacia el caos. El radical se calló y no hubo respuestas al mensaje presidencial, pero el radicalismo se encargó de vengar en los recintos del Congreso a su ex jefe partidario.




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