Resulta interesante confrontar la declaración que realizara ayer -complementaria de otra de la semana pasada- Mario Luis Pontaquarto con la que formulara en el año 2000, en la misma causa. Por supuesto, todos saben que hubo un giro copernicano en esas manifestaciones; aun así, interesa reflotar algunos de los párrafos de entonces para entender mejor la personalidad del «arrepentido».
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• A propósito del anónimo que circulaba sobre las coimas: «Personalmente, no le hubiera dado más trascendencia que la que merece cualquier anónimo de los que frecuentemente circulan por el Senado: ninguna».
• Por la mención de su nombre en ese anónimo: «Niego categóricamente las alusiones que el infame papel hace de mí y los roles o actuación que me atribuye el relato».
• Como se lo menciona como «correo» de los supuestos dineros, replica: «Rechazo en forma terminante haber servido de correo, de portador o de repartidor de dinero alguno y, mucho menos, con el origen y el destino que el papel sugiere».
• Respecto del párrafo que sugiere que Pontaquarto recibió dinero de un supuesto reparto en su propio despacho, respondió: «Que, por ser absolutamente falso, rechazo de nuevo lo que se afirma. No existió nunca en la Cámara de Senadores, hasta donde conozco, un episodio semejante. Nunca vi o supe que algún senador recibiera dinero para la sanción de una ley o por su voto en determinado sentido para la sanción de una ley. Además, no se realizan reuniones de senadores en mi despacho (no tienen por qué los senadores ir al despacho de un secretario o reunirse en él. Por una obvia cuestión de jerarquías, yo subo al despacho de los senadores cuando alguno me convoca)».
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