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11 de marzo 2003 - 00:00

Cumbre Duhalde-Kirchner por la pelea a tiros en La Matanza

Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner se reunirán hoy por la tarde con la intención de corregir algunos desajustes de la campaña electoral. Les gustaría, seguramente, hablar de la orientación del discurso, el cronograma de actos, el armado de un eventual gobierno futuro. Pero, antes, deberán tratar otras urgencias, entre ellas, la guerra desatada en La Matanza entre un sector del PJ fiel al Presidente, enemistado con seguidores del candidato. El problema lo llevó a la mesa de Duhalde el intendente local, Alberto Balestrini, a quien los acólitos de Kirchner, encabezados por el senador provincial Rubén Ledesma, acusan de alentar una batalla a tiros de escopeta entre punteros de uno y otro bando. Es la épica del conurbano.

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Importan estos episodios porque, además de poner de manifiesto los modales violentos y marginales que adopta la política en algunos rincones de ese laberinto urbano que es el Gran Buenos Aires, exhiben una contradicción entre duhaldistas y amigos de Kirchner que se reproduce de manera más elegante en otras escalas. El Senado, donde se discutirá la situación de Luis Barrionuevo, es uno de esos escenarios con frontera caliente entre los socios.



Desde las primeras horas de la adopción de Kirchner por el duhaldismo, Ballestrini comenzó a pedir que el candidato «sacrifique» a estos fundadores de su corriente para sumarlos a la dirigencia establecida en la comuna. Es lógico, el alcalde de La Matanza está harto de que en niveles superiores pacten con quienes lo enfrentan en la localidad. Pero Kirchner no dio ninguna señal al respecto, sobre todo desde que se notificó de las trifulcas de González Catán y Rafael Castillo. El senador Ledesma acusó delante de Kirchner a Ballestrini de operar a través de los concejales Jorge Silva y Armando Lizarraga de presuntamente haber mandado agredir a su gente con matones de la villa San Petersburgo, un rincón impenetrable de la zona. «Nos atacaron con escopetas y palos», se quejó Ledesma, con un estupor poco habitual en un sindicalista, supuestamente adaptado a la tosquedad de algunos modales. Como casi todas las historias de la zona, ésta también terminó en el Mercado Central. El informe que le pasaron a Kirchner y que se discutirá hoy en la mesa de Duhalde habla de un director de esa organización llamado Manuel Fresco quien junto a su hermano estaría entre los enemigos de Ledesma (un chistoso decía anoche que ese hermano de Fresco es aquel «Batata» que ganó fama con algunas tropelías en la Rural, también proveniente de ese mercado).



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