«Pepe» Nun, hoy jubilado con un pingüe retiro canadiense, ha dedicado la última década a recorrer las avenidas en sentido recto y transversal tratando de desmentir que alguna vez trabajó con una subvención de la fundación Ford cuando era fronting de la CIA y pagaba el proyecto Marginalidad, del cual lo apartó Fernando Henrique Cardoso, hombre más venturoso. Llegó a ser dos veces presidente del Brasil, y terminó bien.
En esos grupos lo acompañaba su antecesor en el cargo, Di Tella, y algunos alfonsinistas arrepentidos como -otra vez- Portantiero, quien logró integrar el círculo de los asesores intelectuales que el propio Fernando de la Rúa reunía en Olivos.
Arrancó su biografía compitiendo por la presidencia del centro de estudiantes de la Facultad de Derecho en los años '50, como representante del MUR (Frente Universitario Reformista), una alianza de marxistas de todo color en la cual él representaba a una izquierda independiente de la que Landrú ya se reía en su apotegma: «Socialista es todo aquello que es divisible por dos».
Su oficio ha sido la sociología, una ciencia que con los años ha ido perdiendo el rigor
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