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24 de agosto 2007 - 00:00

Demoledor informe de la Iglesia Católica

• Crítica al clientelismo, la dádiva y la demagogia. El objetivo es uno solo: el gobierno de Kirchner.
• Pero hay excesos en declaraciones. Un obispo anticipó "la justicia por mano propia" y otro dijo que "no se deben acatar leyes que violan el orden natural". ¿Se referirá sólo al aborto?

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Jorge Bergoglio
Jorge Bergoglio parece estar pintando su propio Jardín de las Delicias. Y ante el advenimiento de lo que el jesuita considera la fase terminal del gobierno de Néstor Kirchner, el Episcopado exhortó ayer a la desobediencia civil.

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Alejado del positivismo jurídico, algo que casi lo emparenta con la administración Kirchner, el cardenal aprovechó la última reunión de la Comisión Permanente del Episcopado antes de las elecciones del 28 de octubre para emitir el más duro de sus comunicados. Los obispos comandados por Bergoglio concluyeron su cumbre porteña con una advertencia sobre el peligro que corre el bien común en el país y una exhortación a desobedecer las leyes en ciertas circunstancias: «Dicho bien común se afianza cuando la autoridad sanciona leyes justas y vela por su acatamiento. También el ciudadano está obligado en conciencia a cumplirlas, salvo que se opongan a la ley natural».

No fue un hecho aislado este exabrupto institucional de Bergoglio. Ayer en la sede del Episcopado estuvo también el indomable obispo de Río Gallegos, Juan Carlos Romanín, quien respaldó la incitación a la desobediencia civil lanzada por el jesuita. «Se va a llegar a extremos que la gente va a hacer justicia por mano propia y no se va a poder controlar», advirtió el sureño prelado sale-siano (ver nota en pág. 13).

Tanto iusnaturalismo acerca a Bergoglio y a Romanín al siglo IV, cuando San Agustín empezó a predicar su teoría de la supremacía de las leyes eternas y naturales por sobre la ley positiva. Hasta tal punto, que para el arzobispo porteño los fieles sólo deberían respetar el ordenamiento jurídico si se deriva de la ley natural, de suerte que cuando un precepto dado por una autoridad humana no evidencia esa conexión carece de condición de ley y, por tanto, no obliga.

Perplejo por la caótica situación social y política de Santa Cruz, el jesuita imagina el progresivo ocaso de Kirchner como el último panel del tríptico de El Bosco, representación del terror provocado por una vida plagada de inmoralidad y pecado. Y ante esa situación extrema no queda otra salida que la desobediencia civil y la justicia por mano propia.

  • Alusión

    El documento emitido por los obispos al cierre de la 147ª reunión de la Comisión Permanente se dirige: «Al pueblo de Dios y a los hombres y mujeres de buena voluntad» y hace alusión a las «circunstancias históricas» que atraviesa el país. En el apartado «Las próximas elecciones» reclama a definir claramente los programas de acción política de cara al 28 de octubre y hace una especial mención a la dimensión ética de las propuestas. Una referencia velada a lo que el Episcopado considera una injusta distribución de la renta y leyes anti-Iglesia Católica aprobadas por el kirchnerismo como la que autoriza la distribución gratuita de píldoras anticonceptivas, la nueva Ley Federal de Educación y la obligación para los hospitales de practicar sin costo ligaduras de trompa y vasectomías.

    Reiteran también los obispos que «la trascendencia del acto eleccionario exige una gran transparencia, que lo aleje de prácticas demagógicas y presiones indebidas, como el clientelismo y la dádiva, que desvirtúan su profundo significado y degradan la cultura cívica. Por otra parte, es obligación del ciudadano controlar la gestión del gobernante». Es que al Episcopado también le preocupan los recientes escándalos de corrupción como los casos Greco y Skanska y el valijazo del venezolano Antonini Wilson.

    En el apartado «Políticas de Estado», la Iglesia Católica advierte que «la experiencia nos ha enseñado que una sociedad no crece necesariamente cuando lo hace su economía, sino sobre todo cuando madura en su capacidad de diálogo y en su habilidad para gestar consensos que se traduzcan en políticas de Estado, que orienten hacia un proyecto común de Nación. Este sigue siendo un fuerte desafío para nuestra democracia».

    Y culminan los obispos con un pesimista diagnóstico de la realidad nacional en la era Kirchner: «Nuestro país sufre todavía fragmentación y enfrentamientos, que se manifiestan tanto en la impunidad como en desencuentros y resentimientos. Nos queda pendiente la deuda de la reconciliación».
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