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31 de octubre 2006 - 00:00

Demoró Kirchner su regreso y hoy habla de Misiones

• Tras derrota de su aliado Rovira, el Presidente hablará en un acto en Casa de Gobierno.
• Solá decidió insistir en su reelección pese al resultado negativo que se obtuvo en Misiones.
• El cardenal Bergoglio, reforzado ante otros obispos, celebró también aunque callado.

A las 8 de la noche del domingo, cuando Oscar Parrilli ya disponía de la información sobre los guarismos misioneros, entró en estado de pánico: temía ser el portavoz de la derrota, telefónicamente, ante un Néstor Kirchner que aguardaba ansioso en Santa Cruz. A pesar de que él era el responsable de transmitir las novedades, tuvieron que intervenir otros funcionarios, Carlos Zannini y el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, quienes se hicieron cargo del celular y le comunicaron al Presidente el desenlace electoral en la provincia. Al parecer no fueron precisos o, por excesos de precisión, tuvieron un eco desfavorable desde el Sur: dos veces se cortó la comunicación, se supone que por fallas en las líneas. Desde entonces, un malhumorado Kirchner se dedicó a planificar su estrategia y, como retiro de reflexión, decidió no abandonar su provincia, retrasar su vuelta, primero al mediodía, luego a la noche, hasta que por fin hoy regresará. Justo para un acto en el Salón Azul de la Casa Rosada, donde hablará con relación a un servicio de cloacas que habrá de instalarse en La Matanza. Para muchos, como siempre, ésa puede ser la ocasión en la que el Presidente se refiera a la derrota del oficialismo. Los efectos de esa elección parece ignorarlos Felipe Solá, que está en la lista de los mandatarios que buscan un nuevo período. Reunió ayer a aliados y opositores y les dijo que su proyecto es distinto del que trataba de imponer Rovira en las urnas. El gobierno se sumará a esta «provincialización» del resultado. Dirá desde hoy que Rovira ignoró el consejo de pedir en la elección sólo un mandato más pero que se les despegó y reclamó reelección indefinida. También cargarán en Casa de Gobierno sobre los sondeos de intención de voto. El silencio de los funcionarios nacionales sobre este resultado se explica en que no quieren ser víctimas de la caza de brujas que se desató en el oficialismo para encontrar responsables del resultado del domingo. Tras conocerse el final de la elección todos los sectores toman posición. En Misiones mismo, los kirchneristas que aliados al obispo Joaquín Piña quedaron en el bando victorioso tratan de rearmarse para encontrar un candidato a la sucesión de Rovira en la gobernación que le dé pelea al que presentará el frente opositor que ganó el domingo. En Buenos Aires, el cardenal Jorge Bergoglio, forzado a celebrarcalladamente en función de su investidura, se prepara para la reunión de la semana que viene del Episcopado en la localidad de Pilar. Acude a esa reunión, entre quienes abundan los críticos a su decisión de apoyarlo a Piña, reforzado y sin las amenazas que hasta ahora por su futuro como primado de la Argentina.

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El obispo Joaquín Piña, que ganó la elección a convencionales a la cabeza de una lista antirreeleccionista, insistió ayer en que no ocupará ningún cargo público, salvo aquel para el cual fue elegido.
Sin reacción, paralizado por un revés inesperado, el gobierno soportó en silencio otro día de embestidas de la oposición que celebró el No de Misiones -que canceló la intención de Carlos Rovira de lograr su reelección- como un golpe contra Néstor Kirchner.

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Azotado por ese tropiezo, Kirchner extendió su estadía en Santa Cruz y recién hoy volverá a Buenos Aires. A las 18 horas, según lo pautado, encabezará en la Casa Rosada un anuncio de obras para La Matanza. Nadie arriesgó ayer si hablará o no de la derrota misionera.

A 24 horas del fracaso, el kirchnerismo continuó ayer enredado con una elección que hasta último momento Kirchner creyó que ganaba: sus encuestadores, sus « espías» en el territorio y, sobre todo, Rovira le transmitían la certeza de un triunfo implacable.

«No hubo engaño, el gobernador se mostraba totalmente convencido de que ganaba», se explicó, anoche, desde la Casa Rosada.

No sólo perdió. El protegidode Kirchner cayó por una diferencia de 13 puntos a pesar de tener, como el Presidente, índices de imagen positiva que rondan 60%. Toda una enseñanza para el patagónico: la buena adhesión no alcanza para imponer cualquier proyecto.

Anoche, escurridizos y mudos,en el gobierno delineaban la táctica para despegarse de la elección misionera con el argumento de que «perdió Rovira» y se trató de una votación netamente provincial. A simple vista, parece que es tarde para ese recurso.

Kirchner fue, en su momento, quien ordenó apostar «a fondo» con Rovira. En esos términos, sin grises, se lo dijo a dirigentes que le advirtieron sobre los riesgos de la aventura del misionero. «No hay margen para jugar a medias: hay que ir a fondo», les dijo.

Y así lo hizo: mandó a su hermana, Alicia Kirchner -quien expresa como nadie voz y rostro del Presidente-, y en la semana previa hizo jugar a Sergio Massa, titular de la ANSeS, a quien -¿lo prueba como su vice?- lo puso a caminar fuera de Buenos Aires, su área natural.

A lo largo del día, pocos rompieron el mutismo oficial: Luis D'Elía y Carlos Kunkel, usuales voceros oficiosos, buscaron bondades en el escenario devastado de la elección misionera. «El resultado prueba que no hubo fraude», encontró una perla el diputado.

  • Cuestionamiento

    «Hay un fuerte cuestionamiento de la sociedad a todo lo que sean movidas reeleccionistas», dijo D'Elía y citó el caso de Felipe Solá en Buenos Aires y el de Eduardo Fellner en Jujuy. La mirada del pique-funcionario supone que en Misiones no hubo ningún castigo para Kirchner.

    En el revuelo, en el kirchnerismo alguien ya se detuvo a analizar Misiones en un concepto global, no sólo referido a las intentonas reeleccionistas. La base de ese razonamiento parte de que Kirchner prefirió el statu quo, apostó a la «estructura» y fracasó.

    ¿La derrota de Misiones, con un Rovira al que se le imputaron todas las pestes en catálogo, forzará a Kirchner a desprenderse, siquiera quirúrgicamente, de algunos aliados odiosos y costosos pero necesarios, como gobernadores e intendentes?

    Un indicio similar, en teoría, le estalló en la casa con la fiesta caótica de tiros y pedradas en San Vicente, durante el traslado de los restos de Juan Perón.

    En principio, nada de eso puede entreverse de las tenues señales que emitió el gobierno. Un dato: se reforzaría el respaldo de la Casa Rosada a la movida reformista que Fellner impulsa en Jujuy y tampoco habría movimientos contra Solá.

    Incluso, a pesar del enojo, Kirchner desplegaría un manto de protección sobre Rovira. El fundamento es cuidar la gobernabilidad.

    Pero con el gobernador fuerade carrera, rápidamente el Presidente mandará a buscar otros actores que lo encarnen: el diputado del PJ Juan Manuel Irrazábal, el senador radical Maurice Closs y el intendente de Posadas, Jorge Brignole, figuran en un triunvirato inicial.
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