Aníbal Ibarra se mostró ayer junto a otro grupo de vecinos que se manifestaron en su defensa en el juicio político que se le sigue por su presunta responsabilidad en la tragedia de Cromañón. Fueron dirigentes del deporte y algunos periodistas.
Aníbal Ibarra confiaba ayer -como si se tratara de una bendición- en el saludo que Néstor Kirchner le dio durante un acto oficial el martes -«amigo Ibarra»-. Cree que es la señal hacia su tropa, que lo acercará a retornar a su cargo de jefe de Gobierno del que se encuentra suspendido desde el 14 de noviembre, cuando la Legislatura lo acusó de mal desempeño en el caso Cromañón. Es que, de seis votos que busca, Ibarra debe contar con el de los 3 kirchneristas.
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Los ibarristas a su vez confían en el aire fresco que ha percibido Ibarra en el Gobierno, que estaría ya convencido del regreso del mandatario a su despacho tras la votación que a más tardar el 10 de marzo próximo se hará en la Sala Juzgadora de la Legislatura porteña.
Sin embargo, la señal presidencial fue tan sólo para algunos un refuerzo de lo que el gobierno viene sosteniendo a través de circunstanciales voceros, como Daniel Scioli, Felipe Solá, Graciela Ocaña, y ayer, el flamante funcionario Luis D'Elía criticó duramente el proceso de juicio político contra Ibarra (no es poco de ese piquetero que años atrás le ocupó al jefe de Gobierno la sede, tal como lo hizo más tarde con una comisaría porteña).
Con el antecedente de la votación en la Sala Acusadora, el ibarrismo, claro, no piensa descansar un minuto en la búsqueda de votos y apoyos al retorno. Tampoco se asegura el kirchnerismo que profesa hoy en las hileras del jefe de Gabinete nacional.
Es que en aquella oportunidad, daban por descartado que no habría entre los acusadores 30 votos para enviar a Ibarra a su casa a la espera de que otra comisión, la actual, defina su destino. Los sorprendió una maniobra que aún no terminan de explicar, y el voto del kirchnerista Chango Farías Gómez envió a Ibarra a tarea pasiva hasta el momento. Pasan las horas hoy con actos con los que fuerza una marcha a Plaza de Mayo, el 2 próximo, a manera de demostrar adhesiones.
A pesar de la palmada de Kirchner, parece ahora repetirse la situación y está alerta el ibarrismo sobre el voto 10, que podría, igual que en noviembre, ser de sus aliados. Los acusadores 45 diputados debían reunir 30 votos, mientras que los juzgadores -14-, tras una dimisión necesitan 10 para destituir a Ibarra e inhabilitarlo para ejercer cargos públicos por 10 años.
Recuento
De otro modo, Ibarra necesita asegurarse que seis diputados votarán por el No a su destitución. Cuenta con Laura Moresi (ibarrista) y el socialista Norberto La Porta, suma la abstención de hecho del zamorista Gerardo Romagnoli y el voto a su favor (o podría ser una abstención) del kirchnerista Sebastián Gramajo, el ex titular del Centro de Gestión y Participación 1 de la Ciudad de Buenos Aires, quien reporta al secretario de Cultos, Guillermo Oliveri. Al grupo se sumaría el legislador Elvio Vitali, quien podría abstenerse si es que su par del subgrupo kirchnerista Helio Rebot definiera en ese sentido. Tanto Rebot como Vitali integran junto con el ex dirigente estudiantil de los '70, Miguel Talento -vicepresidente de la Legislatura-, y Farías Gómez el núcleo que se opone a la conducción de la bancada que ejerce el joven abogado de empresas recuperadas, Diego Kravetz, titular del Partido para la Victoria, al que está afiliada la senadora Vilma Ibarra. Inclusive -ese grupo- ha amenazado con romper la bancada, que responde al jefe de Gabinete nacional, Alberto Fernández, ínfulas de fraccionamiento que se aquietaron con el beneplácito de un reparto de comisiones y cargos en la Legislatura.
Rebot aparece ahora como la pieza de la duda ante Ibarra y el kirchnerismo. Su papel en la Sala Juzgadora hasta pareció más de fiscal que de juez, y quienes están a favor de la destitución del suspendido funcionario porteño -incluyendo a padres de las víctimas del local Cromañón- creen que Rebot se convertirá en el voto 10, es decir, el que defina la destitución del mandatario de la Capital Federal, a pesar del alivio del gobierno por estas horas, producto de creer que al regreso del mandatario aliado le faltan apenas días para asegurarlo.
Pero Rebot podría convertirse en el otro «Chango», ya que a propios y ajenos les asegura dos cuestiones: una, que no tiene definido el voto; y otra, que «no me pienso abstener». Igual que Farías Gómez, el legislador ha ingresado en su banca mediante la boleta que acompañó la fracasada postulación de Mauricio Macri a la Jefatura de Gobierno, en 2003, lo mismo que su amigo y referente político Jorge Argüello, de quien fue asesor durante la estada del diputado nacional en una banca porteña. Pero la transmutación lo muestra ahora a Argüello como un soldado de la Casa de Gobierno -más allá de su buena relación también con el suplente Jorge Telerman- que refresca el clima calmo que viene percibiendo Ibarra.
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