Desde 1973 un peronista no heredaba a otro peronista
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El Gobierno intenta (otra vez) dejar atrás los escándalos y retomar la agenda
Para los supersticiosos, un exceso de casualidades.
En tanto Duhalde, que clausura su estadía de un año y medio en Olivos, se aleja con varias promesas: que no incidirá en la gestión de su sucesor ni peleará por la jefatura del PJ nacional -que pretende Carlos Menem pero que podría retornar como senador en 2005.
Con la consigna de que es el turno de políticos jóvenes, el lomense -que el lunes viaja con Lula hacia Brasil para iniciar un retiro de descanso, con su esposa Chiche-se corre de la escena por un tiempo, a pesar de que un coro duhaldista le reclama que permanezca en la primera plana.
José María Díaz Bancalari, nobel jefe del PJ de Diputados, fue uno de los voceros más explícitos de esa postura: días atrás, por radio, consideró «exagerada» la decisión de su jefe de irse del país. «Sería bueno que quien ha llevado adelante esta tarea hiciera alguna sugerencia» confesó.
En rigor, como Duhalde, el duhaldismo expone la teoría del gesto patriótico el asumir en enero de 2001 la presidencia luego del incendio que, forzado en parte por caciques del conurbano, obligó primero a la fuga de Fernando de la Rúa y luego a la de Adolfo Rodríguez Saá.
Pero, a diferencia de aquellos, Duhalde deja emisarios en el nuevo gobierno. Aníbal Fernández y José «Pepe» Pampuro, dos fieles duhaldistas -podría agregarse a Ginés González García-quedan en la grilla top del gobierno, mientras Bancalari y Eduardo Camaño, pilotearán el trámite en Diputados, entre otras herencias.
En la provincia, más de uno sostiene que es un premio escaso para el despliegue que en fondos, gestos y tropa hizo el PJ bonaerense para arrebatar a Menem una tercera presidencia y allanar la nominación de Kirchner, hasta enero pasado un out sider en el tablero peronista.
De todos modos, según la profusa ilusión duhaldista, al menos en principio sobrevivirá un ejército de delegados diseminados en la segunda y tercera línea de la administración. En rigor, Duhalde tardó varios meses en completar los 800 casilleros de la administración nacional.
Por lo pronto, el mismo domingo, Kirchner tomará jura-mento a un gabinete y recién el lunes, aunque trascendieron varios designados -ver nota aparte, se empezarán a definir los escalones más bajos de la administración. Seguramente, en esos niveles asomarán aliados del sureño que incomodan al ultraduhaldismo.
Ese es uno de los capítulos todavía no escritos en la novela de la convivencia que, con Duhalde descansando primero en Brasil y luego en España, se empezará a redactar el próximo lunes.



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