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Un día después de haber sido recibido por el presidente Néstor Kirchner, Casaretto manifestó hoy haber encontrado "muy buena disposición" por parte del jefe de Estado y reveló que el mandatario "también está preocupado" por la situación de violencia que se genera en algunos sectores de la sociedad.
"Me parece que la Iglesia está en su lugar, el Estado en su lugar. Lo que los obispos argentinos queremos es fortalecer la democracia. No queremos, de ninguna manera, hacer un país clerical, donde la opinión de los obispos tenga influencia sobre los poderes. Lo que queremos es construir el bien común. Queremos que funcione el poder del Estado", indicó el prelado en declaraciones radiales.
Casaretto señaló que su experiencia le dice que, por lo general, "los políticos ven a la Iglesia como una corporación más y nosotros no somos una corporación más, somos distintos. Nuestro fin es un fin espiritual. Siempre intentamos construir el bien común, no agudizar las polémicas, tratar de llevar a la gente a un espíritu de mayor comunión. Entonces, no se la puede ver a la Iglesia como un obstáculo para gobernar por algunos obispos que dicen cosas".
Aunque sin hacer referencia explícita al entredicho que días atrás mantuvieron el Presidente y el arzobispo de La Plata, Héctor Aguer, el obispo de San Isidro admitió que esa situación "tomó por sorpresa" a la mayoría de los prelados.
"Hemos tratado de no darle mucha importancia a la cosa justamente porque los obispos tratamos de no fomentar la polémica sino de suavizarla", señaló.
Aguer había denunciado que el conflicto social se estaba "saliendo de madre" y Kirchner recordó públicamente que el arzobispo de La Plata fue el fiador moral y económico del banquero procesado por la Justicia, Francisco Trusso. El arzobispo platense no logró, sin embargo, un respaldo real del resto del Episcopado (la fianza ofrecida por Aguer fue reprobada en casi todos los ámbitos eclesiales) pero se hicieron oír otras voces que alertaron sobre una escalada de violencia.
En tal sentido, Casaretto consideró hoy que "la situación es preocupante" y refirió que las acciones violentas (como las registradas en la Legislatura el viernes último) "a la gente no le gustan" y consideró que se trata de "grupos muy minoritarios que están impidiendo la vigencia de la democracia".
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