Hubo -pocos, pero intensosfestejos privados y, también, elogios en voz baja. La renuncia de Alberto Fernández como jefe de Gabinete despertó reacciones cruzadas en el peronismo que vivió su salida como un movimiento brusco, pero, a la vez, necesario.
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Los malos modos en que el porteño dejó su cargo limitaron los gestos de apoyo. Sin embargo, en reserva, el ahora ex jefe de Gabinete acumuló el agradecimiento de gobernadores e intendentes que leyeron su decisión como un gesto positivo para la salud del gobierno.
En concreto, se observó casi como un «sacrificio» su dimisión para acelerar -o quizá detonar- un recambio en el gabinete que Cristina de Kirchner, en sintonía con su marido, se resistían a concretar. «La renuncia los forzó -se interpretó cerca de un gobernador- a reaccionar.»
Entre caciques provinciales, legisladores y alcaldes que lo tenían como interlocutor, esa lectura fue casi uniforme. Alberto F. obligó a los Kirchner a acusar recibo de la tremenda derrota que, en el Congreso, le infringieron el campo y la oposición.
Ese «sacrificio» debería detonar otros retoques en el gabinete, demanda que se concentra esencialmente sobre la figura del secretario de Comercio, Guillermo Moreno. Hasta anoche, la cosecha parecía escasa: no habría, en lo inminente, más movimientos. Todo, claro, entre susurros. Un exceso de halagos al ministro saliente podría desatar el malestar de Néstor Kirchner. Algo más: triunfalista, el peronismo prefirió hacer fila para venerar la designación de Sergio Massa. De manual: «El rey ha muerto; viva el rey».
«Se terminó un ciclo», dijo Das Neves y consideró oportuna la designación de Massa. Puertas adentro del gobierno, también se registraron celebraciones. El ala pingüina que tiene a De Vido como referente máximo, entre ellos, Guillermo Moreno -sobre quien Fernández descargabasus críticas- brindó por el derrumbede Alberto F.
Todo entre algodones. A pesar de que, ayer, el ministro negaba que vaya a dejar su cargo -hipótesis que también abonó Carlos Zannini-, perdura un clima de incertezas sobre una posible segunda etapa de cambios en el staff que escolta a la Presidente.
Los que sufren con la baja son los socios de Fernández. Los ministros Florencio Randazzo y Graciela Ocaña, sobre todo esta última, aparecían en el mapa minucioso del kirchnerismo, íntimamente enlazados a quien es, desde ayer, ex jefe de Gabinete. La ministra de Salud, que llegó a ese cargo del brazo de Fernández, ayer presentó su renuncia. No fue aceptada por Cristina de Kirchner.
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